A tres meses de la juramentación de Guaidó, lo más claro es su liderazgo

A donde va Juan Guaidó se estremece la masa opositora venezolana, claramente mayoritaria, hastiada del régimen de Nicolás Maduro y vapuleada por la crisis de la economía y los servicios públicos.

Tres meses después de su juramentación como presidente encargado de Venezuela para empujar el regreso a la democracia, la irrupción del liderazgo de Juan Guaidó y la cohesión a favor del cambio que genera –especialmente en la comunidad internacional– es la más palpable de las ganancias que ha obtenido la oposición venezolana.

No es poca cosa, tomando en cuenta los años de atomización y liderazgo difuso de la dirigencia opositora, pero los venezolanos comienzan a evaluar los resultados de la carrera planteada por Guaidó y la Asamblea Nacional y se dan cuenta de lo obvio: el proceso de deponer el régimen chavista e iniciar la transición no será de un día para otro, a pesar, incluso, de catalizadores inesperados como los apagones nacionales y agua potable. 

Ante el empeoramiento de la calidad de vida y lo que parece un atrincheramiento de Maduro en el palacio presidencial, los cuestionamientos afloran: ¿fracasó la presión para lograr el cese de la usurpación?, ¿acaso la oposición apostó todo solo al quiebre dentro de la Fuerza Armada? ¿Hasta dónde puede ayudar la comunidad internacional a empujar la transición? ¿Tiene la oposición un plan B?

Los análisis apuntan a que el proceso ha entrado en una nueva dinámica, más lenta, de reevaluación. “En estos tres meses hemos entrado en un nuevo ciclo de cambio político, un giro incierto, de momento, impredecible, que después de un gran furor está mostrando pérdida de potencia. En este momento, el ciudadano venezolano está comenzando a reajustar sus expectativas de cambio, y Guaidó también”, explicó a El Tiempo el profesor y politólogo Luis Salamanca.

La razón principal del ajuste es que no obstante la presión que se ha puesto sobre el régimen chavista con las sanciones económicas estadounidenses a su administración y la falta de reconocimiento de la comunidad internacional, Nicolás Maduro y la cúpula que lo acompaña en el gobierno han resistido más allá del tiempo que se consideraba “natural”.

Esto ha convertido el posible desenlace de su partida en un juego de todo o nada que dificulta intensamente cualquier negociación política. “Sin embargo, es prematuro plantear que la estrategia opositora ha fracasado”, explica, por su parte, Guillermo Aveledo, politólogo y profesor de la Universidad Metropolitana de Caracas. 

“Ninguna estrategia fracasa hasta que se pueda comprobar completamente su ejecución, y en este caso no se puede decir que eso haya ocurrido. Hay presiones que no han podido desplegarse del todo, y todavía hay margen para reconfigurar el cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres tanto en su orden como cualidad”, dice Aveledo.

Ni la FAN ni Washington

El elemento que ha mostrado mayor resistencia, considerado además medular para impulsar el cambio, son las Fuerzas Armadas de Venezuela. 

A pesar de que más de 1.500 funcionarios militares escaparon de Venezuela para no servir más al régimen, aún no parece que el daño sea estructural en los mandos medios y altos de la cúpula militar. 

Además de la persecución dentro de la institución, con más de 400 militares detenidos y muchos de ellos torturados –hace menos de un mes, las esposas de los guardias que se ‘alzaron’ el 22 de enero en Cotiza relataron públicamente los tratos crueles a los que han sido sometidos sus familiares–, Aveledo asegura que dentro de la Fuerza Armada “parece que existe un espíritu corporativo más fuerte de lo que se piensa y que parece desestimarse”.

 
Por GDA | EL TIEMPO | COLOMBIA

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