Abrazar un árbol: mejorar la concentración, aliviar la ansiedad, ayudar a liberarnos de pensamientos negativos.

Desde muy niña tuve contacto muy cercano con la naturaleza. Mi padre un alemán aventurero y maravilloso  me acostumbró a recorrer montañas, bosques, parajes hermosos. Sembrábamos árboles, recogíamos flores  y cosechábamos membrillos y fresas en nuestra finquita en el corazón de Galipán. Todos esos recuerdos tan verdes y felices están atesorados muy dentro de mí .No olvidaré los pinos  frondosos y perfumaos que anunciaban la entrada que llevaba a la casa, ni las tardes felices  cubiertas de neblina al calor de una hoguera. Hoy, en mi caminata dominical volví pasar ante un frondoso árbol, al que admiro desde hace mucho tiempo. Es tan alto que sus ramas casi llegan al cielo; es tan frondoso, tan altivo, parece indestructible, entonces me dije: quiero escribirle un homenaje, a él, mi consentido y a todos sus hermanos porque  “Un árbol es nuestro contacto más íntimo con la naturaleza”, dijo en una ocasión, Kahlil Gibran” poeta, pintor, novelista y ensayista libanés quien  con un talento exquisito para escribir resume perfectamente la importancia trascendental que tienen los árboles en la vida del ser humano. Son tan hermosos, tan útiles, tan amigos, tan nuestros, tan cómplices, porque ¿acaso usted, en sus años juveniles, no talló en el tronco de un árbol un corazón con dos nombres enlazados? Y aun cuando el tiempo haya pasado, ese árbol que fue testigo del primer beso, de la primera ilusión, habrá guardado en su corteza los recuerdos de ese amor. Su árbol, otros árboles, muchos árboles habrán dado su sombra, sus frutos, su ternura, a muchas generaciones que hayan crecido cerca. Ellos, lo árboles, son generosos, y sus ramajes  llenos de verde y de flores multicolores purifican el ambiente que respiramos. Nos regalan aire puro, nos llenan de vida cada vez que respiramos ¡Qué maravilla!

Una de las experiencias más gratificantes que usted puede experimentar, es la de observar como la brisa fresca de una tarde, mueve suavemente las hojas de los árboles. Es como presenciar una danza sutil de movimientos perenes.Cuando vaya caminando y encuentre  un búcare encendido, o un araguaney, deténgase y  mire su grandeza, su orgullosa estampa, sus atractivos colores, el que mira un árbol y lo disfruta encontrará alegría en su interior.

No hay que perder tiempo para plantar un árbol. Si no tiene un jardín propio, vaya a un lugar donde pueda hacerlo Si tiene niños a su alrededor, siémbrelo con ellos, verá que divertido es todo el proceso. Con sus manitas llenas de buena tierra, colocarán el arbolito en posición y habrán  participado en el milagro de la vida;  al paso del tiempo, ese árbol que plantaron juntos dará frutos, sombra, aire puro, en una palabra… paz. Y no se olvide de abrazar un árbol, aunque a los demás les parezca una tontería, o aunque digan que usted está loco(a), no importa, dese el gusto, porque según los expertos los beneficios de este acto cariñoso, son muchos e incluso, más allá de creencias ancestrales, los científicos también han aceptado los beneficios del “abrazo verde”. Son muchas las investigaciones que se han centrado en esta cuestión, y un sinfín de estudios han demostrado que estar en contacto con plantas y árboles actúa positivamentea nivel mental y físico. Abrazarlos mejorar la concentración, aliviar la ansiedad, ayudar a liberarnos de pensamientos negativos. Sus vibraciones son casi imperceptibles, pero nuestro organismo sí las capta, y nos equilibra a nivel biológico. Si no lo ha hecho ¡atrévase! la sensación es deliciosa, relajante  y si quiere, también  cuéntele sus temores, angustias, alegrías, sueños y amores, porque como dice  Banani Ray,guía espiritual hindú “El amor es la savia del árbol de la vida”.

Arinda Engelke