El Caminante: La Crucifixión de la Vida

Por: Valentin Alejandro Ladra…

Al árbol del Paraíso Terrenal le están cayendo a hachazos.
El simbolismo no puede ser más gráfico. En el Génesis bíblico, palabra divina para unos y sólo metáforas de antiguas civilizaciones para otros, el árbol del paraíso de deliciosas frutas, como una cornucopia eterna, pletórica de abundancia y sabiduría o inteligencia, poseía el fruto prohibido, según palabras de proveniencia celestial: la manzana –la cual según la ciencia actual comiendo una al día da la tan necesaria salud-.

¿Pero cuál? Pequeñas, grandes, rojas, verdes y hasta marrones. No sabemos cuál de ellas fue la culpable de que apenas nacemos “estamos en pecado original”. Qué broma, ¿no? Lo que sí podemos elucubrar es que todo el drama se acerca mucho a un código genético que aun la ciencia no ha descubierto, pues tiene que ver con la conciencia.

Sí podemos ver a través de la historia, no sólo escrita en pesados tomos de Gibbons y muchos otros eruditos y estudiosos, que nuestra Humanidad está dividida: un ADN normal –si éste realmente existe en la Tierra-, otro positivo, hermanado en obras del Bien y evolucionando hacia la estrellas, en paz y buscando las utópicas felicidades en sus múltiples formas, y el ADN negativo, de maldad, negatividad y destrucciones de las más cruentas y salvajes.

El mundo desde que existe ha sido plagado por guerras, invasiones, crímenes e injusticias. Desde los cavernícolas en busca de territorio y alimentos, pasando por todas las antiguas civilizaciones, la época moderna hasta llegar al Hoy. ¿Qué pasaría si acabadas las soluciones diplomáticas, la locura de una guerra nuclear que al parecer es el sino demencial de Corea del Norte aprieta el botón rojo?

Albert Einstein dijo: “si se desata la Tercera Guerra Mundial –que no durará ni una semana por los hongos nucleares no-digeribles- la Cuarta será de palos y piedras”.
¿Cuál es el ADN o energía maligna, oscura y negativa que proviene de una Creación ajena a la presunta voluntad divina? ¿Cuál ese origen?

Los supuestamente claros de mente hablan sobre los peligros y resultados, pero nadie o muy pocos son los que buscan las CAUSAS, el ORIGEN de ese ADN y energía sin conciencia. ¿De dónde viene? ¿Quiénes son los títeres del Mal que mueven los hilos de los nacimientos humanos en estos cientos de miles o millones de años? ¿Es nuestro propio planeta el verdadero origen de estos catastróficos genes?

Lo vemos, hoy mismo, en nuestra querida y herida Venezuela.
Se sabe, se dice, se opina, pero nadie busca el verdadero origen de esa terrible oscuridad, que el ADN negativo trata de convertir en su propia luz, contraviniendo toda inteligencia. Que viene de tal sitio o país, de tal política obsoleta, de tales ideologías prehistóricas, etc., etc. Pero bien: ¿cuál es el origen de todo ello, de esa crueldad al ser humano que contrapone toda decencia y estabilidad. ¿Puede existir “una felicidad del Mal, donde todos sufren y enfatizan el masoquismo silencioso y destructivo? ¿De dónde proviene ese maligno ADN?

Estamos en el inicio de una Crucifixión masiva, donde los clavos son las ideologías malditas.
Debemos encontrar, descubrir de una vez por todas, el origen del AND negativo que ya llega al mundo a través de nefastos nacimientos. ¿De dónde procede? ¿De qué espacio tiempo? ¿Cuál fue el ADN de un Hitler, de un Stalin, de un doctor Mengele y de miles de otros que han, con su insana crueldad que podemos leer en los periódicos de la memoria, en nuestra propia Latinoamérica del ayer y del hoy, que se han afanado en destruir a sus congéneres?

La crueldad nada tiene que ver con la manzana del paraíso. ¿Tienen sus impensables orígenes no haber sido perdonados nuestros míticos personajes por los poderes divinos los causantes de todo ello? ¿Un ADN equivocado e impuro?

El infierno no es caliente. Las almas negativas no son carbonizadas. No hay pailas. No hay tridentes ardientes que pinchen los rabos humanos. No. Hace unos años salió en los periódicos del mundo esta curiosa información que muchos no han leído: “el infierno no es de fuego sino de hielo, frío y helada”. Lo dijo el Papa anterior, quien renunció, antes del Papa Francisco.

Lo curioso es que estos escritos también existen de mucho antes, hace ya 2.500 años en el Budismo.

Debemos investigar el origen de la Oscuridad, con la esperanza que al encontrarla podamos equilibrar nuestras vidas y toda la humanidad, y así evitar nuestra perenne Crucifixión, cada vez más cruenta y letal. Sólo así podremos Renacer.

En el tercer precepto de las Cuatro Nobles Verdades del Buda, se afirma: “Al conocer las causas se derrota y acaba el sufrimiento…”
El ADN negativo tiene su origen más allá de lo humano.

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