Ciudadanía ejemplar

Por: Ramsés Uribe…

Esto es lo que es. Ciudadanía  es lo que reclama la sociedad en pleno. Nadie podría contrariarlo ni de a poco. Es un anhelo gratificante para todos por igual excepto algunos pocos que no lo apoyan. Por fortuna son apenas un puñado de atípicos inconformes que desean que todo siga igual. ¿Cómo puede continuar todo así de mal? Algunos se preguntan sobre la obligatoriedad de la gente a mejorar el estado de cosas, el estatus quo. ¿Qué es obligatorio moralmente en la comunidad?. Sería absurdo y efectivamente lo es,  exigir pruebas fehacientes de la conveniencia de la civilidad social, evidencias de que debemos cumplir nuestros derechos y deberes ciudadanos hoy conculcados. ¿Es qué es poco trazo lo que palpamos todos los días? ¿Estamos todos los ciudadanos obligados a restaurar la civilidad herida fatalmente? Claro que sí, de acuerdo con la Constitución Nacional y mejor aún, según nuestra conciencia ciudadana y moral.

Verbo ciudadanear. Proponemos una nueva forma verbal, y que nos perdonen los literatos y expertos del lenguaje con su severa mirada ortodoxa inquisidora. Se trata del neologismo verbal, “ciudadanear”. En lugar de “rapear”. Aunque ya a la fecha ese verbo  brotó en cuanta mente juvenil e infantil abunda. En esta hora menguada de bondad comienzan los medios de comunicación y las redes sociales a difundir mensajes que promueven la ciudadanía ejemplar. Por fin lo hicieron aunque se tardaron mucho.   

Definición de ciudadano. Se puede sintetizar la concepción de ciudadano de la filósofa española Adela Cortina, como aquella persona que en sentido político no tiene a nadie por encima de su ser, se le reconocen sus derechos y se procura  garantizar su libre ejercicio. En el estado de ciudadanía se le reconocen sus derechos, comparten el aprecio por los valores de la libertad personal, igualdad y solidaridad, se respetan las diferencias de opinión de los otros, en fin se asume el lugar propio de un ciudadano. Otra definición complementaria es la de algunas acepciones propuestas por la Real Academia Española: habitante de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene ejercitándolos; hombre bueno. En suma e interpretando: el ciudadano es una persona autónoma e independiente en una comunidad de valores fundamentales compartidos y reconocidos. 

Ciudadanos y libertad. La intuición generalizada de mucha gente es más que acertada. Es la vocería que clama a los cuatro o más vientos refrescantes: libertad y justicia. La multitudinaria presencia de personas optimistas, cansadas de tantos desmanes y sufrimientos nacionales, expresaron lo propio: un deseo de cambio definitivo hacia la democracia plena. El 23 de enero y el 2 de febrero de 2019 aunado a los cabildos y otras manifestaciones pacíficas son la evidencia más contundente y actual de ciudadanía ejemplar, es a todas luces indudable. Es una presentación social de la intuición moral profunda de un pueblo indignado y empoderado de valor y orgullo de eso que es invaluable: la venezolanidad perdida u olvidada, más no extinta, gracias a Dios. Millones de almas tricolores no pueden estar equivocadas al respecto. La gente apuesta decididamente a la conducta democrática, como siempre lo ha hecho a pesar de las agresiones y violencia. Este fenómeno social y político no es un movimiento de calle que en apariencia de repente ocurrió. A pequeña y gran escala el venezolano por septuagésima vez como ha sido durante una veintena de años, se expresa a lo largo y ancho del país en búsqueda de la ansiada y auténtica patria soñada. Sin embargo todavía hay caraduras frontalmente anticiudadanos que desprecian los valores y principios constitucionales y morales que fundamentan la venezolanidad.  Son aquellos que ensucian las calles (ya inmundas de por sí), bachaqueros, desvalijadores y oportunistas de franela o encorbatados infames,  delincuentes de todo tipo. Pésimos habitantes de las ciudades y pueblos. Imposible llamarlos ciudadanos.

Ahora intempestivamente se abrió un vértice polar social y político en la escena nacional. Es un compás de espera de vientos de cambio ( breve ) al rumbo de incertidumbre y crisis del pasado. Frente a la terrible deshumanización social, al descalabro y grave distorsión tan extrema de la política económica y social, se impone la voluntad, como afirmaría Don Mariano Picón Salas. Esa gloriosa voluntad se expresa simplemente en la ética ciudadana que con voluntad de comprensión y una acción efectiva de reconstrucción de la sociedad venezolana puede llevarla a un estado más humano o auténticamente humano; con un plus: una mejor y grandiosa sociedad plural ganada a pulso con mayor experiencia.

Ética cívica. Como lo puntualiza el médico y filósofo Pedro Laín Entrago es aquella que nos obliga a colaborar  lealmente en la perfección de los grupos sociales a los que pertenecemos desde un gremio profesional, una ciudad hasta una nación completa.  Muchos afortunadamente siempre han luchado en pro de la ética ciudadana y cívica, como el periodista emeritense y universitario, Leo León, con sus campañas permanentes de concientización y adecentamiento democrático; uno de sus lemas: “yo debo ser un nuevo ciudadano”.    

Formación social moral y cívica. Hace unos cuantos años, unos veintipico para ser algo más cercanos y certeros, en las instituciones educativas se enseñaban efectivamente valores en el sentido más puntual del término. Uno de esos inefables valores esenciales eran los referidos a la ciudadanía; los valores cívicos. Uno de los textos empleados para tan noble e imprescindible fin, era el de “Formación social, moral y cívica”. Generaciones de venezolanos bebieron de la fuente sabia de la axiología regional, local, a través de ese texto ejemplar. De algo tiene que haber servido tales lecciones cívicas. Sirvió para mantener a flote la democracia venezolana por décadas estirándolo con mucho sacrifico hasta el presente.

En la actualidad es reteultraurgente rescatar esa formación social, moral y cívica del pasado para restaurar el presente sumergido en la decadencia, no solo de los valores de siempre, sino para contrarrestar la voracidad mezquina y la intentona de liquidarlos a toda costa, a buen precio en dólares preferiblemente, de parte de algunos desadaptados egoístas. Para nada es una moda o un retorno al romanticismo o idealismo filosófico. Se trata de asumir una postura filosófica; de una ética del civismo porque estamos en emergencia moral y ciudadana. No se trata de proclamar una beatitud santurrona y mojigata; doble moral, sino de una verdadera actitud ciudadana tanto en las situaciones cotidianas y domésticas, pero necesarias para la sana convivencia de todos los sectores de la sociedad civil, como la convivencia a nivel macro: a nivel de una democracia nacional auténtica, no chicuta como la que se conoce en nuestros días.  Para nada se pide convertirse en un monje de levita y barba con bastón y biblia  en mano incluido. Aunque algunos pueden hacerlo si gustan.  Se necesita pronto descubrir un tesoro oculto: la actitud cívica y ciudadana. Ser buena gente con la gente está en boga. El ciudadano chévere es cool; es un superhéroe axiológico (de los valores). En términos filosóficos, Adela Cortina, lo llama la ética cívica, léase ética ciudadana. Ese es el término empleado actualmente para lo que  tanta falta hace en el país. De aquí se desprende el concepto de civismo, que según la Real Academia Española, “es el celo por las instituciones e intereses de la patria. Comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública” y ciudadanía es el “comportamiento propio de un buen ciudadano”. 

Hermosas frases enciclopédicas que al encarnarlas en nuestros corazones pueden lograr maravillas si las asumimos democráticamente, por tanto en forma pacífica, responsablemente y con coraje. No como un edulcorante azaroso y efímero sino como el ingrediente maravilloso que logra una actitud humana auténtica, sabrosa y espiritualmente elevada de la mano de Dios. ¡Vamos pues todos a ciudadanear en aras de un mejor país que merecemos! Rescate ciudadano es la consigna para rescatar al país.

profesor ULA, Nuvm.

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