comuniArte: Albert Roussel, un marino compositor

¡Saludos Amigos!

En todas partes del mundo, Debussy y Ravel encarnan el genio de la música francesa, el encanto, la elegancia, la sensualidad, un perfume reconocible entre todos que destila inexorablemente un ambiente de sueño, de pensamiento, de ilusión. Debussy es desconcertante con su estilo muy peculiar, inimitable. Al compararlo con un escritor, podría decirse que encadena una cantidad de preguntas, de puntos de interrogación, sin jamás llevar respuestas. Debussy surgiere y usa la suspensión en el corazón de su música para crear una magia sonora llena de delicias, de placeres, de gozo. Nada sorpresivo para este compositor del amor, que escribió una de las óperas más líquidas de la literatura lírica, Pelléas y Mélisande, obra que se consume en una sensibilidad temblorosa a flor de piel.

Ravel, aunque muy cercano al estilo de Debussy por diferentes aspectos, ofrece otro tipo de perfume. “Ravel gobierna un mundo encantado, poblado de niños, de dioses, de hadas, de animales tiernos, de fantoches turbulentos, de relojeras sin alma, de relojes inmortales” (Roland Manuel, discípulo de Ravel y escritor). ¿Quién no ha escuchado, mínimo una vez en su vida, su famoso Bolero, una de las obras de música clásica más tocada en el mundo, símbolo de su genio de orquestador? Tras una apariencia de frialdad, de timidez, este dandy parisino encarnaba la púdica sensibilidad, típicamente francesa, que inunda la mayoría de las obras musicales de dicha tierra. Mago de la orquesta, Ravel era sobre todo un extraordinario artesano que dominaba su arte en los más pequeños rincones.” La escritura de Debussy llama a la colaboración de una sensibilidad activa. La de Ravel exige solamente un respecto atento. Hay diferentes maneras de tocar Debussy. Hay una única para tocar Ravel” (Vuillermoz, poeta, escritor francés)

“Yo trabajo en cosas que solo los nietos del siglo XX entenderán”. Debussy tenía razón, su música generó una revolución considerable en el lenguaje musical, composicional e inspiró a muchos compositores del siglo XX, hasta hoy en día. Frente a estos dos genios absolutos, afirmarse como compositor no fue fácil, especialmente para sus contemporáneos. Sin embargo, hubo una pléyade de artistas que no podemos ocultar, puesto que ellos supieron desarrollar una verdadera personalidad que enriquece de manera magistral el arte musical francés.

Entre ellos, Albert Roussel (fallecido unos meses antes de Ravel, en 1937) ocupa un sitio muy particular. Sin ninguna duda es uno de los compositores franceses más fascinantes del siglo XX, uno de los grandes orquestadores que ha atraído a muchos jóvenes compositores, como por ejemplo el checo Bohuslav Martinu que presenté en una reciente crónica. Roussel posee un don muy particular que ayuda a reconocer su música tras apenas dos compases: un lenguaje muy personal, sumamente colorado, estructurado con una gran fuerza rítmica e iluminado gracias a una armonía extraordinariamente densa, cruda, áspera a veces, que su genio orquestador magnifica en todos los estratos sonoros.

Debussy y Ravel abandonaron las formas clásicas, como la Sinfonía, el poema sinfónico, símbolo por excelencia del romanticismo musical. Al contrario, Roussel, enamorado de la cultura griega y de las formas antiguas, vuelve a la sinfonía y abre la puerta a las grandes sinfonías del siglo XX, en las cuales el ruso Dimitri Shostakovich (que las orquestas venezolanas del Sistema tocan muchísimo) dejó sus cartas de hidalguía. Gracias a una inspiración implacable, Roussel revela en su corpus sinfónico, una vez más, el genio francés: el perfecto equilibrio entre la sensibilidad y la inteligencia, que se expresan a través de la claridad del discurso, su espíritu, su gracia, su lógica.

Roussel, un marino formado en la prestigiosa Escuela Naval de Brest (en Bretaña), destaca en las matemáticas, una disciplina que le ayudó muchísimo desarrollar el arte de la proporción, de la concisión (una característica primordial para el espíritu francés), sin jamás olvidar su sentido poético, cargado de una profunda expresión. Música tupida, poderosa, carnosa, a veces ácida, a menudo desbordante de una sana alegría (Damien Top, presidente del Centro Internacional de Documentación A. Roussel), las obras de Roussel están muy alejadas del universo de Ravel. Comparar la música de Roussel con la de Ravel es como comparar la gastronomía moderna francesa con la de India. Ambas son deliciosas y sabrosas, pero la textura es radicalmente distinta. El plato francés surgiere una combinación muy fina de unos sabores, mientras la gastronomía india revela la riqueza poderosa y cautivadora de sus especias.

Ravel, nacido en la costa sur-oeste de Francia, muy cerca de la frontera española, escribió unas obras impregnadas de la cultura española en todas sus dimensiones y del sol ardiente típico de Sevilla y Córdoba. En cuanto a Roussel, se trata de una atmosfera radicalmente distinta. Nacido en Tourcoing, muy cerca de la frontera belga, Roussel es un producto puro de las Flandes. “En Flandes, el aire, el agua, el fuego, la naturaleza entera no son entidades, sino más bien algo viviente que participa en la vida del pueblo y que influye el destino de cada uno. Hay aquí una religión profunda e instintiva de la naturaleza y de las fuerzas eternas” (Joseph Weterings).  Original e innovadora, la música de Roussel nos habla con fuego y pasión de su tierra, de sus raíces, con una incandescencia que no nos puede dejar indiferentes.

Queridos amigos lectores, les dejo a continuación algunos sabores sonoros típicos de este gran maestro que ilustra la riqueza y la variedad de la música francesa.

¡Hasta luego!

Christophe Talmont

Director Musical

-Orquesta Sinfónica de la Universidad de Los Andes

 Roussel: “Le Festin de l’Araignée” mit Hengelbrock | NDR :

https://youtu.be/Lf61Qr6_2d8

Albert Roussel – Bacchus et Ariane :

https://youtu.be/qhdaXfa55kY

-Roussel: Symphony No. 3, Martinon & NHKso :

https://youtu.be/ta1Pl4_amoc

-Albert Roussel – Flemish rhapsody :

https://youtu.be/C51ZnRkcRws