comunicArte: «To be or no to be…»

¡Saludos Amigos!

El día internacional del teatro que acabamos de celebrar el lunes pasado, me puso a reflexionar, una vez más, en los sortilegios del mundo teatral, que no es solamente un arte, sino también la triste realidad del mundo, de la vida humana.

Todo en el mundo es burla,El hombre ha nacido burlón,

en su cerebro vacila

siempre su razón.

¡Todos embaucados!

Todo hombre se ríe

de los demás mortales,

mas ríe mejor quien ríe el último.”

 

Así, se concluye la opera Falstaff de Giuseppe Verdi, inspirada por “Las Alegres Comadres de Windsor” y Henri IV de William Shakespeare, uno de los más famosos dramaturgos y escritores de la historia de la humanidad. ¿Pues, la vida humana no sería finalmente una pieza de teatro, en la que somos actores de nuestra vida, actores improvisando en un libreto desconocido, caminando frecuentemente disfrazados en el escenario imaginario de la vida cotidiana, a semejanza de los actores de la Comedia del Arte, que por naturaleza se esconden tras de una máscara? ¿No somos estas marionetas al servicio de los abusadores del poder que, como el famoso Macbeth (obra maestra de Shakespeare y ópera de Verdi), develan lo peor de la inteligencia humana para gozar sin fin de un poder, por esencia, no eterno…? “Todo en el mundo es burla”. ¡Si, lo es! Hasta que un día, el telón del teatro se cierre con la velocidad de un rayo y suenan las palabras contundentes de la realidad: “La comedia esta finita” (Pagliacci, Opera de Leoncavallo) …

Sí, es cierto, vivimos en un teatro permanente, que desde la noche de los tiempos no ha cambiado. La humanidad como tal, esta especie tan enigmática, no ha evolucionado ni un pulgar pese a la evolución tecnológica espectacular que conocemos hoy en día, y que nos podría hacer creer que somos más inteligentes que nuestros ancestros. Eso sería muy pretencioso de nuestra parte. Pero, gracias a Dios, tenemos el chance de gozar de obras teatrales para estudiar lo que somos finalmente, es decir, estas pequeñas cosas efímeras que se creen a menudo indispensables…

Sin lugar duda, el teatro es el espejo del mundo, de la humanidad. Solo el teatro puede mostrar los abismos que se esconden tras las cosas más anodinas, tras la complejidad de los comportamientos humanos, tras las relaciones humanas a veces tan perversas e indignas de la humanidad que tenemos.

Es el rol del teatro, del arte de una manera general, de usar de todos los artificios y sortilegios artísticos para tomar distancia y analizar con agudeza lo que somos. El arte nos provoca, nos muestra con ferocidad la parte intima de nuestra consciencia, de nuestra psicología tan frágil, sujeta a tantas divagaciones.

El teatro entró en mi vida cuando contaba dieciséis años, gracias a un profesor de literatura admirable (y tremendo pedagogo) que nos invitó, en el marco de un estudio sobre la literatura rusa, a jugar una pieza de Nikolaï Gogol (¡en su traducción francesa obviamente!) que se llama “El Revisor”. Jamás de mi vida podré olvidar mis primeros y muy modestos pasos de actor estudiante! Eso fue un choque emocional impresionante y más allá, una felicidad intensa al descubrir la música de las palabras, la fuerza de las palabras y lo que se esconde tras las palabras en función de nuestra interpretación.

Cuando el teatro se une a la música, como en la ópera, la intensidad emotiva se refuerza. Lo que el teatro no puede expresar a través de las palabras, la música se encarga de difundirlo o sugerirlo. En las óperas de Mozart, frecuentemente la música contradice el texto…una manera muy hábil y sutil de parte de Mozart, genial dramaturgo, de escudriñar la complejidad de la consciencia de los personajes, su desdoblamiento psicológico. A veces, también, la música sublima el misterio poético de una obra teatral, como por ejemplo en la famosa obra “Pelléas y Mélisande” del escritor belga Maurice Maeterlinck, que dio vida a una de las más hermosas operas del siglo XX, gracias al genio del compositor francés Claude Debussy. La tela musical en estas páginas “Debussystas” demuestra el poder de la evocación musical, capaz de subrayar el fulgor poético de la pieza teatral ahogada en un universo de misterio y de lo desconocido.

“To be or not to be”, “Ser o no ser” (Hamlet de Shakespeare), de verdad, es la pregunta de una vida. ¿Quiénes somos tras de nuestro parecer en el escenario gigantesco de la humanidad? Quizás, no queremos saberlo para escarparnos del destino trágico de la condición humana que nos condena a lo desconocido, encantador para unos, terrorífico para los demás. El teatro, así como también la música, nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre las facetas de la vida, ofreciendo otra realidad, la del sueño, la de lo imaginario, tal vez más soportable puesto que desafía las leyes del tiempo…

A continuación, les dejo con unas obras musicales inspiradas por el famoso escritor William Shakespeare, que hoy en día sigue provocando a los grandes compositores.

 

¡Hasta luego!

Christophe Talmont

Director Musical

Orquesta Sinfónica de la Universidad de Los Andes

 –Evgeny Svetlanov conducts Tchaikovsky Hamlet Overture – video 1990

https://youtu.be/-n66F5xc4Uc

 –Jean Martinon “Overture Beatrice & Benedict” Berlioz

https://youtu.be/6HYaao7ZqBk

 –Hector Berlioz – Béatrice & Bénédict (1862) – “Nuit paisible” (Sylvia McNair & Catherine Robbin

https://youtu.be/JtZleGpT9Gk

 –Giuseppe Verdi – Macbeth “Patria oppressa” – CLAUDIO ABBADO

https://youtu.be/ZGXNAuLe8mI