comunicArte: Preludio al misterio musical

Pan y siringa deFrançois-Boucher

¡Saludos Amigos!

Tras haber dictado el primer Curso Nacional Intensivo de Iniciación a la Dirección de Orquesta en agosto pasado en Mérida, realice el segundo durante la semana pasada, delante de un público de muchachos procedentes de diferentes ciudades del país. Aproveché este segundo seminario para abrir la consciencia de los jóvenes directores al repertorio más delicado y técnico para los directores, es decir, el repertorio lírico. ¡Sin embargo, este curso se quedó también con un sabor francés muy especial, dado que seleccioné para el programa una de las obras más emblemáticas de la música francesa, y sin lugar a duda, la obra maestra de Claude Debussy…un verdadero reto para cualquier director de orquesta!

De hecho, “El Preludio a la siesta de un fauno” pertenece a este género de perlitas musicales (10’) que entran en el mundo de la musica por la gran puerta. ¡Ejecutada el 22 de diciembre de 1894 en la Sociedad Nacional de Música en Paris, la obra tuvo un éxito tan grande que el director de orquesta suizo Gustave Doret tuvo que repetirla! El auditorio sucumbió al encanto sensual y erótico de esta música, a la flexibilidad exquisita de su armonía y a la ligereza vaporosa de su orquestación, que iba a ser la marca de fábrica de Debussy.

¿Pero, de que se trata esta obra “miniatura”, que hoy en día sigue difundiendo un perfume tan especial? Enamorado toda su vida de la literatura, Debussy siguió con frenesís el movimiento de los Simbolistas, encarnado por el poeta francés Stéphane Mallarmé. Al final del siglo XIX, todos los jóvenes artistas parisinos estaban entusiasmados por los versos oscuros de Mallarmé, que había imaginado suprimir cualquier sintaxis, reducir las palabras al rol de sonidos musicales y expresar sensaciones a través de sonoridades verbales. Su poema más conocido era “El Preludio a la siesta de un fauno”. Sin embargo, Mallarmé se inspiró de un cuadro del pintor francés François Boucher (pintor oficial del Rey Luis el XV y uno de los más reconocidos de los siglos XVII y XVIII) “Pan y Siringa”, que representa el Dios de los pastores y la ninfa Siringa.

La inspiración genial de Mallarmé dio la vida a un poema sublime, verdadera apología de la sensualidad que se puede resumir de la siguiente manera: Al calor de una tarde de verano, un fauno se arrellana en una roca, toca flauta, come uvas, cuando aparecen siete ninfas, quienes se dirigen hacia un lago vecino. El fauno que jamás ha visto criaturas parecidas, baja de la roca para observarlas. Mientras se abalanza hacia ellas, se escapan aterrorizadas. Una de ellas, amedrentada, se deja abordar. Pero, mientras el fauno trata de agarrarla, se escapa dejando caer su chal. Solito, el fauno recoge el chal, lo acaricia, se imagina la presencia de la ninfa perdida. Se abandona entonces en el chal, como en un acto de amor…

Frente a las delicias evocadoras de las palabras de Mallarmé, Debussy compuso una música sumamente sensual, con una economía increíble de herramientas que ha revolucionado el arte de la orquestación, abriendo la puerta a un siglo de nuevas exploraciones sonoras, especialmente en la dosis del timbre preciso de cada instrumento. Mallarmé fue subyugado por las ondas musicales eflorescentes de la flauta del fauno y le confió: “No esperaba algo tan rico. Esta música prolonga la emoción de mi poema e ilustra la escena mucho más vívidamente que cualquier color podría haberlo hecho”. Un año más tarde, agregará: “el preludio va más lejos en la nostalgia, en la luz, con finura, con vértigo, con riqueza”.

Gran admirador de Debussy, Olivier Messiaen, compositor francés del siglo XX y famoso ornitólogo, tenía una fascinación por el lenguaje musical tan personal de su antecesor y resumió perfectamente su personalidad en los siguientes términos: “Amante de las nubes, del agua, de los reflejos en el agua, de todo lo que es bello y fugaz en la naturaleza, de las cosas que no tienen fundamento preciso y que uno no puede alcanzar”.

¿De hecho, como expresar la sensualidad de los cuerpos solamente a través de la gracia de arabescas y ondulaciones rítmicas flotando en una tela de acordes? Eso es el genio de Debussy, que, gracias a la influencia de los simbolistas, ha reinventado el lenguaje musical al salir de una forma demasiada rígida e impuesta. Debussy predica el juego, la música instintiva, lo natural y la libertad, la primacía de la sensibilidad y del oído sobre la ciencia escrita. ¡A semejanza de su pintor preferido Turner y de los escritores simbolistas, Debussy abre el mundo del misterio, de lo indecible, de lo onírico, apoyándose en la libertad, la sensualidad y el fraseo del idioma francés, que por esencia no tiene acento tónico y goza de una fluidez rítmica sumamente sutil! ¡No obstante, el paradojo de esta gran ilusión, de este arte magistral de lo difuso, reside en una escritura de una precisión inaudita, casi matemática, química, alquimista! En 1890, Debussy confió un sueño de juventud a Ernest Guiraud, discípulo y amigo de Bizet, el compositor de Carmen: “La música por lo indecible. Ella debe salir de la sombra. Ser discreta”. Lo realizo con el “Preludio a la siesta del fauno”, preludio a una ola de otros sueños …

Pues, les dejo gozar de este hechizo sonoro a través de una grabación audio mágica, bajo la dirección idónea del maestro francés Jean Martinon y, por otro lado, un video con la coreografía original de Vaslav Nijinsky que el famoso bailarín ruso creo el 29 de mayo de 1912 en Paris, “provocando un escándalo mayúsculo por su erotismo explícito y su radical abandono de la tradición del ballet clásico”.

¡Hasta luego!

Christophe Talmont

Director Musical

Orquesta Sinfónica de la Universidad de Los Andes

-Claude Debussy « Prélude à l’après midi d’un faune », dirección Jean Martinon :

https://youtu.be/2CP—V2ipE

Prélude à l’après midi d’un faune » – Claude Debussy, performed by Rudolf Nureyev :

https://youtu.be/fx6i7sXcRqo