comunicArte: ¡Rodin o el milagro de la escultura moderna!

¡Saludos Amigos!

Enseñar la dirección de orquesta es apasionante por más de un título. No se trata solamente de transmitir los rudimentos y la comprensión de una técnica gestual y análisis de partituras, sino también abrir a los estudiantes la música en general, bajo todas sus dimensiones, sus aspectos y más allá, del arte. De hecho, no hay frontera entre la música y sus pares. Cada disciplina como la música, la pintura, la escultura, la literatura, expresan las más profundas y secretas emociones del alma. A los estudiantes más avanzados, me esfuerzo siempre en comunicarles el gusto y la pasión de conocer otras expresiones artísticas, para entender que la búsqueda de la técnica pura no tiene sentido si no hay la voluntad de abrirse a la madre de todas las artes: la naturaleza. Lo que una onda sonora evoca viene de la naturaleza, de la vida, y los gestos del director tienen la alta misión de crear las condiciones para que renazca el sentimiento original, presente en la naturaleza, que nos revela la música.

Durante mis estudios en Paris descubrí la escultura, la fuerza de su sugestión, su sensualidad, su expresión a flor de piel. Eso fue una revelación para el joven músico que era, y lo debo al genio absoluto de Agustín Rodin, del cual celebramos en 2017 el 100° aniversario de su muerte.

Al lado de Fidias para la escultura griega y de Miguel Ángel a la época del renacimiento, Rodin inscribe su nombre en el panteón de los más grandes de la historia de la escultura. Su vida ha sido una lucha permanente para abrir nuevos caminos a la escultura moderna. La mayoría de las corrientes artísticas del siglo XX nacen de su obra, de su pensamiento.

A semejanza del compositor Claude Debussy (el contemporáneo exacto de Rodin que falleció en 1918) y de los pintores impresionistas, Rodin inventa un lenguaje y libera una nueva fuente de expresión. En su libro “Homenaje a Rodin”, el escultor rumano Constatin Brancusi (1876-1957) declara: «Desde Miguel Ángel, los escultores querían hacer algo grandioso. Lograban solamente hacerlo grandilocuente. En el siglo XIX, la situación de la escultura era desesperada. Rodin llega y transforma todo. Gracias a él, el hombre es de nuevo la medida, el módulo a partir del cual se organiza la estatua. Gracias a él, la escultura se vuelve humana en sus dimensiones y en el significado de su contenido”.

En efecto, toda la escultura de Rodin es un grito de expresión del hombre en la condición humana. Su genio es lograr dar un aspecto sumamente viviente a su estatua, y hacer cantar la vida a un bloque de mármol, de greda, de bronce, es un reto gigantesco. Gracias a una técnica sumamente elaborada, a un sentido personal del arte del movimiento (el secreto de Rodin), a unas horas de estudio de la naturaleza humana con sus pequeños modelos que desfilaban en el transcurso del día en su taller, Rodin re-crea a la perfección la verdad humana, el dolor humano y toda la gama de sentimientos que nuestro cuerpo, nuestra cara, llevan sin darse cuenta. Ante todo, Rodin es un ojo como Debussy un oído, capaz de pintar en música los más pequeños movimientos del mar. Ambos son unos sensuales, unos enamorados de la belleza humana que vibra a nuestro alrededor. Nada se escapa de la vista de Rodin cuando el cuerpo perfecto de la mujer se presenta a él, porque ante todo Rodin tiene por ambición ser servilmente fiel a la naturaleza.  “En suma, la belleza está por doquier. No falta belleza para nuestros ojos, pero a nuestros ojos le falta verla”.

Más de una vez me refugié en su museo durante mis estudios en Paris, cuando entendí y percibí la seducción de sus esculturas, la fuerza de su expresión, la sensualidad, la suavidad que emanan a la superficie de sus mármoles. A partir de una materia muerta, Rodin insufla la vida, el temblor del alma humana para mostrarnos lo que somos.

“El arte, es la contemplación. Es el placer del espíritu que penetra la naturaleza y adivina el espíritu que la anima. Es la alegría de la inteligencia que ve claro en el universo y que lo re-crea al iluminarlo de consciencia. El arte, es la más sublime misión del hombre puesto que es el ejercicio del pensamiento que busca entender el mundo y hacerlo entender” (cf. Rodin el Arte, Entrevistas con Paul Gsell)

La escultura me ayudó mucho a interrogar, a entender la música y estas páginas cubiertas de notas, señales, símbolos, que debemos animar con nuestro corazón de músico. Nuestro bronce es la partitura y solo la admiración de la belleza que vive a nuestro alrededor y en sí mismo, nos puede ayudar a dar vida a este lenguaje muto que nos tiende la mano.

Pero, sobre todo, nosotros los directores de orquesta somos grandes escultores de sonido. La magia de la dirección viene de nuestra facultad, de nuestra capacidad de sentir la materia, el mundo de las resonancias que viven en el espacio sonoro que nuestras manos, brazos, pueden modelar, amasar, acariciar con amor y por amor a la vida.

Queridos amigos lectores, les invito a consultar con gula la página web del museo Rodin de Paris, en su versión española. Es una maravilla absoluta que no nos puede dejar indiferentes. El museo ha sido renovado en 2015 y ahora abre al público, gracias a la excelencia de su página web, una fuente inagotable de informaciones en la vida de este artista único en la historia del arte. Que disfruten y vibren al unísono con esta sensualidad mágica.

¡Hasta luego!

Christophe Talmont

Director Musical

Orquesta Sinfónica de la Universidad de Los Andes

http://www.musee-rodin.fr/es/visita