Con fundamento: Bájenle dos: Razón emoción fe esperanza

Por Bernardo Moncada Cárdenas…

«No solamente los vicios andan sueltos. Los vicios están, efectivamente, liberados y ellos deambulan y hacen daño. Pero las virtudes andan zafadas también; y las virtudes deambulan aún más dementemente, y las virtudes hacen un daño aún más terrible. El mundo moderno está lleno de las antiguas virtudes cristianas enloquecidas. Las virtudes enloquecieron porque se las aisló una de la otra y andan vagabundeando cada una por su cuenta. Así, hay científicos que se preocupan por la verdad y su verdad es inclemente. Así algunos humanitarios sólo se preocupan por la clemencia, y su clemencia (lamento decirlo) es a menudo engañadora.» G.K. CHESTERTON (El suicidio del pensamiento).

De nuevo sube la marea del desencanto y el cinismo entre nosotros. Los grupos de Whatsapp parecen gallineros perturbados, el tuiter un mar de confusión y descrédito. ¿Nos solazamos en la desgracia propia? Al mismo tiempo las voces que contrarrestan el pesimismo y la división suenan como si hablasen en base a la fe del carbonero, fe sin base defendible, tan confiada como desconfiable.

No solamente campea la mentira del poder opresor, no solamente se nos manipula mediante burdas tretas psicológicas para serle más dóciles, menos resistentes, sino que cada uno parece emitir para sí mismo un goteo oscuro y debilitante, que le pone ante la opción de la desmovilización y la corrosión de todo, empezando por sí mismo. La capacidad de juicio se ve suplantada por la repetición de una serie de clichés, #tendencias, emojis, que buscan en las redes el combate, más que el debate, y las conmociones e impresiones superficiales hacen saltar cambios absurdos de actitud y posición. Vivimos el efecto criollo de las virtudes desligadas y desbocadas de que hablaba el británico Chesterton.

Muchos líderes con altas responsabilidades no leerán esta columna, pero ellos no interesan tanto como la inmensa mayoría de clase media, la que antes fue llamada por Richard Nixon “La mayoría silenciosa” y ahora, armado cada uno de su prodigiosa cajita comunicadora, emite y recibe incesante un flujo oceánico de pareceres superficiales, muchas veces prefabricados, falsas noticias y llamados de la pseudo-política siempre tan inútiles como dañinos, sobre todo para quien, ingenuamente, los dispara como si todo esto fuera cosa de juego. Esta explosión continua de supuestas voces genera, en lugar de la voz coral de un pueblo, una detestable cacofonía.

Unamos la razón (no la del terco “yo tengo razón”) a la emoción contra la rabia, la propensión a erguirnos jueces, filtrando así las reacciones consecuentes. Recordemos lo extraordinario que el Creador ha regalado a nuestra tierra y como nuestros trabajadores, técnicos, artistas, docentes, constructores y líderes, han logrado sacar a su país de las montoneras y la improductividad, hasta lograr la mejor democracia parlamentaria de Sur América, con hermosas ciudades y gran estructura productiva. Y observemos sobre todo la masa que permanece en su tierra, derrotando día a día la miseria a que se nos quiere condenar. Reconocer que esto existe, como reconocer la existencia del Creador por sus obras, se llama fe. Y es la raíz que despierta esa condición vital nuestra que se llama esperanza, sin la cual nos entregamos sin luchar.

Uniendo las virtudes desbocadas, la horrible y suicida cacofonía se hará coro y ayudaremos a ser camino de dignidad hacia la libertad en lugar de convertirnos en espinosas zarzas del sendero.