Crónica menor: In memoriam: José Visconti

Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…

El día de Reyes, el pasado 6 de enero, entregó su alma al creador el profesor, periodista y buen amigo José Visconti. Un hermoso epitafio enviado por las redes lo retrata de cuerpo entero: “hoy José Visconti ha presentado ante el Señor, el oro de sus buenas acciones; el incienso de su fe firme y la mirra de sus dolencias. Entra a gozar de la felicidad eterna. Saludos a San Juan Pablo II en el cielo”. José fue un hombre siempre alegre, emprendedor, dispuesto a trasmitir lo más sencillo con pasión y amor por el prójimo.

Estudió varios años en el Seminario Interdiocesano de Caracas y conservó una admiración y gratitud por sus formadores, los padres eudistas. Con ellos mantuvo contacto permanente al igual que con sus compañeros de Seminario y luego de la universidad donde obtuvo el título de comunicador, profesión en la que se destacó. Tanto en las trasmisiones deportivas a las que supo ponerle esa pizca de humor que le daba plusvalía a sus comentarios. Fue pionero en las trasmisiones televisivas de la misa, y compartí con él, la formación en este campo, tanto con los técnicos de TV como con los seminaristas o grupos que animaban las celebraciones. Nos acompañó en las dos visitas del Papa Juan Pablo a Venezuela y dirigió el gran encuentro de los jóvenes en el estadio universitario. Cuando había celebraciones solemnes en la catedral de Caracas, se sumaba al coro como un integrante más y cantaba con ellos.

Su formación cristiana recibida en el hogar, acrecentada en su experiencia seminarística y posteriormente universitaria, con compañera de toda la vida, María Teresa, su esposa, y el afán de perfeccionar sus conocimientos profesionales y las exigencias de su fe cristiana, lo convirtieron en un comunicador misionero que calaba en el ánimo de sus alumnos, colegas y amigos por la trasparencia de su vida. Como profesor universitario gozó de la estima de sus discípulos por la amenidad y profundidad de sus enseñanzas. Todo lo hacía con sana pasión para que los auténticos valores humanos y cristianos afloraran.

Su amor por la vieja casona donde estudió y tiene hoy su sede la Universidad Católica Santa Rosa, le rindió sentido homenaje hace poco, al conferirle el doctorado honoris causa. Se sobrepuso a sus menguadas energías para darnos a todos los presentes un mensaje de esperanza y alegría. Fue el último acto público al que asistió. En diciembre fue sometido a una intervención quirúrgica de la que no se recuperó del todo, y como decía, quería morir en navidad, y así fue, en la epifanía del Señor, para contemplar cara a cara la estrella que lo guió a lo largo de su existencia.

A María Teresa, sus hijos y nietos nuestra cercanía y oración. En la seguridad de que el dolor de la ausencia recibe el bálsamo y el buen olor de sus obras. La mejor expresión del amor mutuo me lo expresó María Teresa delante del féretro: “se me ha ido la mitad de mi vida”, pero su entereza como la mujer fuerte de la biblia, la mantiene en pie y recibe con gratitud las condolencias de todo el que se le ha acercado en estos días. En la Conferencia Episcopal hemos ofrecido plegarias por su eterno descanso, en la seguridad de que este buen apóstol del Señor Jesús, goza de su presencia. Descanse en paz.

2.- 9-1-19 (3271)