Oops! It appears that you have disabled your Javascript. In order for you to see this page as it is meant to appear, we ask that you please re-enable your Javascript!
16 C
Merida, VE
jueves, octubre 17, 2019
Inicio Opinión Cuando atropellan la dignidad

Cuando atropellan la dignidad

PIDO LA PALABRA

Por: Antonio José Monagas
CUANDO ATROPELLAN LA DIGNIDAD

La disertación que a continuación se explaya, no trata de contrariar lo imposible o de exhortar lo absurdo. El problema a explicar aborda la crisis política que padece Venezuela, toda vez que ésta presenta distintas lecturas. Aunque todas tienen un denominador común. Un factor de tendenciosa naturaleza cuya incidencia tiende a empeorar las realidades nacionales. Es así que bajo esta perspectiva, puede advertirse aquella razón según la cual, acogiéndose al principio de supervivencia, cualquier grupo social busca obviamente perseverar en función de su estabilidad emocional. En consecuencia, es razonable considerar que en medio de tan difícil situación existen sectores sociales que se ven forzados a establecer algún tipo de acuerdo con los factores políticos dominantes a fin de restablecer o recobrar algo de lo perdido.

Entretanto, podrían recuperarse las fuerzas necesarias no sólo para seguir resistiendo los embates del poder político. Sino que también, podría avanzarse en términos de la reconquista de espacios de libertad y de oportunidades necesarias para reivindicar posturas y validar derechos. No obstante, estas actitudes devienen en riesgos de inmensurables proporciones por cuanto no hay garantía de que estos grupos sociales respondan homogéneamente a las perversiones incitadas por el régimen con propósitos maniqueos o perversos. En este caso, las reacciones son totalmente distintas. Podrían derivar en difíciles situaciones de violencia política que sólo redundarían en perjuicio de toda posibilidad de alcanzar un sistema político capaz de mediar hacia un estado de hechos donde domine la moderación, la tolerancia y el pluralismo.

Un análisis en esta dirección, da cuenta de la complejidad en la cual se maneja el país. Particularmente, luego de comprender las dificultades y contradicciones que pululan de lado y lado. En el fragor de estas circunstancias, no resulta complicado percatarse de individuos que buscan “pescar en río revuelto”. O aquellos, que aborreciendo la situación, intentan adaptarse a los mandamientos gubernamentales presionados por inaplazables necesidades económicas. Sin embargo, en estos casos, son múltiples los peligros que se corren pues se vive ante la posibilidad de que queden expuestos principios, sentimientos o valores que determinan, en última instancia, reacciones personales.

Estas realidades se convierten en contingencias de las cuales es engorroso salir bien porque se debilitan virtudes o porque se quiebran compromisos. Algunas veces, contra la voluntad personal. Otras, impelido por el miedo que ocasiona el terrorismo de Estado empleado como criterio político a la hora de obligar la genuflexión. O lo que en palabras del régimen, es simple y vulgarmente “rodilla en tierra”.

Pretender pensar como el régimen, conduce a graves contradicciones que sólo terminan en angustia crítica y agobio espiritual. Más, cuando hay que imaginar la justificación argumentada para proceder a cometer las torpezas inoculadas bajo el ridículo artificio ideológico del “socialismo criollo” debido al grado de contagio que sus imposiciones cunden cuando el autoritarismo es utilizado para movilizarse desde el poder a través del laberinto político.  Y precisamente, es acá que se vive de cara al peligro de penar. Sobre todo, cuando atropellan la dignidad.

VENTANA DE PAPEL

EL FUTURO NO SE HIPOTECA, TAMPOCO LA UNIVERSIDAD

La lucha no sólo sigue, sino que cada día es más cuesta arriba. La situación por la cual atraviesan las universidades públicas, críticas y democráticas venezolanas, es sumamente enrevesada. Ello ni es nuevo, ni tampoco sencillo de comprender. Aunque hay quienes entienden la situación con mirada miope y neuronas infantiles. De entrada debe saberse que aun cuando el presente conflicto sea superado, siempre quedarán rezagos que obligarán luego a mantener la protesta en principio organizada. Quizás, de otra manera, o con otros medios. Pero una posible solución, no será óbice para pensar que estos gobiernos de estirpe autoritaria y despótica aplacaran su hambre de resentimiento y agresión contra cualquier otro pensamiento que ose contrariar o resistirse a las amenazas que históricamente han descargado en contra de la autonomía universitaria.

Sin embargo, es importante aludir ahora a lo que ha significado la actual crisis universitaria. No hay duda de que el actual régimen esté intentando vulnerar las libertades académicas propiciando el arrebato de la conciencia de quienes han podido involucrarse en las negociaciones que el mismo Ejecutivo Nacional ha incitado mediante llamados no muy ajustados a la diplomacia. El caso es que la Universidad venezolana está parada en un punto de inflexión. Es decir, en una cuerda floja de la cual puede resbalar de no enfrentar con entereza y criterios sólidos las encubiertas manipulaciones que acostumbra el régimen realizar con el oscuro propósito de quebrar la unidad de lucha.

Con el adagio de “divide y vencerás”, busca imponerse para así desarreglar la Universidad en función de brutales consideraciones. De perderse esta lucha por justas reivindicaciones institucionales, se pederá también parte de la República que exalta la Constitución cuando exhorta una vida política, social y económica ajustada a derechos y libertades que bien refleja el artículo 109 al reconocer la autonomía universitaria como “principio y jerarquía”. Lo que está en juego, es el futuro. Y aunque se valgan de conmovedoras frases revolucionarias, la Universidad no va a doblegarse ante falsas prebendas. El futuro no se hipoteca, tampoco la Universidad.

¡A PUNTO DE REVENTAR!

Los indicios son cada vez mayores. El país político está sucumbiendo y las alarmas comenzaron a hacerse oír y sentir. Desde el primer momento, luego del viaje de no-retorno del presidente Chávez rumbo a su cadalso, en el Cimeq, el más moderno hospital de La Habana, la crisis política que venía afectando al país, se acentuó aceleradamente. En principio, las explicaciones sobre el estado de salud del Jefe del Estado, crearon profunda suspicacia por cuanto no eran convincentes dado el peloteo que con las mismas jugaban quienes fungían como portavoces del alto gobierno. Luego de hacerse público su fallecimiento, el país ha venido en franca picada. No sólo en los referente a su economía. Igualmente, ha visto colapsar la administración pública.

Las demandas y protestas por incumplimiento en la cancelación de pagos atrasados al personal de diferentes empresas e instituciones públicas, es revelador del inepto manejo de los fondos nacionales. Tanto que el Ejecutivo Nacional ha tomado en los últimos días, decisiones en materia económica que son demostrativas de la resignación o retractación política que vive el régimen ante los problemas que con suma incompetencia maneja. La situación se le ha complicado más aún al régimen cuando advierte una seria carencia de dólares para importar, efecto dólares éstos que le permitieron navegar sobre un espejismo de gobernabilidad y gasto que ya nadie lo cree.

Por más que siga pretendiéndose usurpar y hacerse de medios de comunicación con la única intención de evitar que la disidencia tenga una ventana de expresión. Por consiguiente, el destino no parece favorecer la codicia o apetencia de quienes resguardados por un “generalato” revestido de una enorme vocación de poder político y económico, continúan aferrados a los mandos nacionales de manera ilegítima y casi ilegal. En el marco de cuanto sucede por esta causa de vulgar cuño, hay que sumar el creciente influjo de la inseguridad, la escasez, el desempleo y la inflación para hacer del país, un verdadero tormento en el cual todo apunta a que ya no haya cuerpo que aguante esta situación. A decir por lo que dicen las tendencias , esto pareciera estar ¡a punto de reventar!