Déjeme en la parada, por favor

Hace poco, todo era casi normal en Mérida. Hasta nos creíamos lo de la Ciudad de Los Caballeros, como tantas veces se dijo. Bondad y respeto, imperaban en cada lugar. Subirse al vehículo de transporte era obediencia a normas básicas de ciudadanía. Cederle puesto a una dama o persona mayor daba realce y nadie evadía hacerlo como signo de cortesía.

Dar los buenos días o buenas tardes y escuchar la amable respuesta del chofer, era corriente entonces. Hoy todo anda trastocado y la amabilidad que exhibíamos se ha venido a pique porque el rasgón de valores hogareños quedó enterrado por el culto al salvajismo, degradación, ultraje, indignidad y perversión.

El irrespeto, aleccionado desde un avieso ejemplo que viene de la jerarquía que desprecia per sé al individuo, está a la orden del día. El transporte público es evidencia donde el ciudadano sufre las más insanas ofensas. El chofer saca su más oscuro perfil para echarle en cara al usuario su miseria, negándole subir si no tiene “el billetico planchado” que luego pueda negociar en Cúcuta.

Luego se le ocurre escoger su propia ruta y mientras más haga sufrir al pasajero, mejor. Atestado y como si cargara animales, emprende su rutina con altisonante música y cuando el usuario solicita su parada, deberá correr con la suerte que le escuche y entonces el chofer “decide” dejarlo donde quiere y puede, menos en la parada asignada, sencillamente porque es “su real parecer”.  

Ya los colectivos no llevan el distintivo de ruta. Cada cual decide dónde dejar sus pasajeros y así reportar mayor dinero ahorrando tiempo y recorrido. La anarquía de una ciudad sin gobernantes permite estos desmanes. Mérida no tiene dolientes y mientras su “autoridad” se pavonea en una taberna de esquina, el pueblo está a merced de los nuevos dueños de calles y avenidas.

Aquí ocurre lo más inverosímil. Hace 2 semanas “la autoridad” anunció que el pasaje se mantenía en 2 mil bolívares y los transportistas cobraban 10 mil. El señor ni siquiera se enteró. Ninguna línea cumple horario ni rutas. La excusa no es carestía de repuestos porque el parque automotor hace turno para “otros menesteres”, en ciudades vecinas. Con todo, ya resulta un cuento chino aquello de “déjeme en la Parada, por favor”.               

Por: Ramón Sosa Pérez