Dimensiones paralelas ¿ficción o realidad?

Merideños se vieron obligados a cocinar en la calle ante mega apagón(Foto: Leo León)

Lo que está sucediendo  en Venezuela es tan calamitoso, que no hay palabras en el diccionario que expliquen efectivamente  la grave situación que no aqueja. Es una mezcla de  barbarie, destrucción, incertidumbre, abusos de poder, engaños, desatinos, ceguera selectiva, desaliento, desesperanza, dolor, sueños frustrados, desvelos, angustia y hasta pánico.

Hemos sentido el amargo sabor de humillaciones a los ciudadanos, tantas y tan lacerantes, como si estuviéramos viviendo los horrores de un campo de concentración.

Este holocausto a la criolla se venía gestando desde hace varios años, las señales estaban allí, escasez de todo , inflación, corrupción,  falta de medicinas, de artículos de higiene personal, de alimentos, bajísimos sueldos que son una burla ante los precios de los productos, pero, poco a poco en este 2019, la crisis llegó a su clímax con dos factores muy importantes para la vida en sociedad: la catástrofe eléctrica y ahora, la temible falta de combustible en casi todas las regiones del país.   Ambientes de protestas, el cierre de avenidas, la desesperación de algunos conductores que tiene que llenar sus tanques para poder trabajar, pero también la desmedida corrupción, las faltas de respeto, la ausencia de solidaridad, y sobre todo la incompetencia de quienes deben poner orden y solucionarlos desequilibrios, nos ponen frente a uno de los escenarios más peligrosos y patéticos  de nuestra historia republicana.

Dimensiones paralelas

Mientras muchos ciudadanos pierden horas útiles de su vida en largas e interminables colas para echar gasolina, otros en una dimensión diferente  abarrotan con su presencia lugares nocturnos de esparcimiento, y aún tienen ánimo para irse de rumba. No es criticable que la gente quiera  “divertirse”, pero en estos momentos tan difíciles que estamos viviendo se impone mayor solemnidad y actuaciones cónsonas con la aflicción que genera en hombres y mujeres de buena voluntad, observar cómo un país como lo era el nuestro, ahora muestre su cara más golpeada.

El buen ánimo para enfrentar las horas de espera, la resiliencia, el compartir con los vecinos una conversación, o un café, es lo conveniente, pero hacer de esta tragedia una fiesta callejera con música y sancochos, es definitivamente una conducta impropia, porque quienes así actúan están demostrando que Venezuela les importa un comino, y que la preocupación de los que sí tienen verdaderas ocupaciones, les da igual. Nadie en estas circunstancias por mucho que desee aparentar, a no ser que sea un inconsciente, puede “celebrar” que no haya gasolina, que los apagones continúan, que pronto no habrá suministro de alimentos, que el país se paraliza, ante la mirada cómplice y el silencio vejatorio de los que pudiendo alzar su voz de protesta, no lo hacen, por temor, cobardía, indiferencia,  o por todas las antes nombradas,que al juntarlas definen a un ser mediocre.

En la dimensión paralela viven los que son incapaces de admitir sus errores, los que se atreven a ofrecer villas y castillos, aun a sabiendas que estamos cayendo en un abismo muy profundo. Los incapaces de sentir el padecimiento de una población que cada vez está más desesperada, porque vivir de sobre salto en sobre salto, no es vivir.” ¿Me alcanzará para pagar la buseta? ¿Tendré cómo comprar los huevos o ya habrán subido de precio?, ¿conseguiré la medicina para mi mamá o cuánto me costará?, ¿y la merienda del niño, habrá o no clases hoy? ¿Podré terminar el trabajo que debo enviar, antes de que se vaya la luz? , así es, la verdadera dimensión en la que existimos los venezolanos, lo demás es puro cuento de camino, puras ficciones. La dimensión real es fea y tenebrosa, y en nada se parece a la de colores y arcoíris que nos quieren hacer ver  los que se empeñan en que “aquí no está pasando nada”

Vivimos en una Venezuela  que nos exige  resistencia, coraje y tolerancia, pero al mismo tiempo honestidad, esfuerzo y solidaridad. Ahora más que nunca tenemos que hacerle honor a nuestro gentilicio y actuar en consecuencia.

C.C. Foto referencial Leo León