El árbol de la vida

El amor es como la raíz y la savia del árbol de la vida. Basta con que la simiente del amor, caiga en la tierra fértil y fecunda en el corazón de otras personas, para que surja la magia. Nuestro árbol de la vida  puede crecer fuerte y vigoroso, o raquítico y endeble, todo depende del amor que estemos dispuestos a regalarnos y a regalar a los que nos rodean. Jesús de Nazaret los dijo claramente: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” .Las sensaciones más profundas, las que se quedan para siempre en los rincones privados de nuestro ser, tienen que ver con esa fuerza que llamamos  amor.

El amor, no es una emoción humana, no es un sentimiento, es otra cosa, está más allá, de lo físico, de lo mental, de lo emocional y tiene que ver con nuestra esencia. Se puede amar en la distancia,  se puede amar la profesión, a un buen amigo, a una mascota que nos acompaña, incluso a una flor, a un árbol, a las estrellas, pero especialmente a Dios.

El amor  verdadero, no te encarcela, al contrario te hace libre. Se aman lo ancianos que han compartido su vida, y aun se toman de la mano. Ama la madre a un hijo con ternura cuando lo abraza, lo consuela y le  cura, ese raspón en su rodilla, lo arropa en las noches  con dulzura, lo acurruca  para darle protección.

El amor de pareja, es otra cosa, Hay química en el cuerpo  que puede prenderse con una mínima chispita y convertirse en fuego ardiente, pero, cuidado, el amor verdadero no presiona, no critica, no juzga, no es egoísta ni pretende eternidad. Saber que puedes contar con esa persona especial, que te escucha, que te sonríe, que aplaca tus nervios, que te aconseja, que te abraza, que te besa, y cuando llueve, te hace el amor.

El amor verdadero llena todos los espacios, en cualquier momento, en todo lugar. Es omnipresente, y tiene infinitas formas, matices e implicaciones. Es un árbol frondoso que si lo cuidamos se eleva alto hasta tocar el cielo y sus ramas abarcan un espacio infinito con dulzura y paz.

 Ama profundamente la madre a su hijo, tanto que es capaz de sacrificar su vida por la de él, y con una sonrisa, sin dudarlo un instante. Ama el esposo a la esposa, que ha caído enferma de una terrible enfermedad y aun así, permanece a su lado, cuidándola, hasta el final. Ama el sacerdote a sus feligreses, cuando  entrega su vida a obras de caridad, que sufre con el padecimiento de sus parroquianos, que enfrenta una tormenta para llegar al lecho de quien necesita la extremaunción. Ama el soldado a su patria,cuando es honesto, y con su valentía y ejemplo de probidad, se hace merecedor del respeto y admiración de los ciudadanos. Ama el nieto a sus abuelitos cuando escucha con atención sus consejos, cuando  tomándolos de la mano los lleva al jardín para ver las flores  que crecieron ayer y que tal vez,no podrán disfrutarlas mañana. Aman los gobernantes a su pueblo cuando procuran “la mayor suma de felicidad”, sin egoísmos, con inteligencia y sentido común. Ama un hombre a su trabajo cuando cumple a cabalidad con sus deberes, cuando no engaña, cuando se esfuerza y da lo mejor que lleva dentro de si para contribuir  al progreso del sitio donde labora Ama el médico a sus pacientes, cuando con un gesto cariñoso, le dice: “tranquilo todo va a estar bien, haremos lo posible, aunque por dentro sepa, que sí hay peligro, pero comprende que la mente y la fe son poderosas herramientas, para sanar, también…Ama un perro a su amo, cuando lo espera pacientemente horas de hora, y a su llegada, aun cuando siente hambre, le mueve la cola, saludando, y expresándole su regocijo sin reproches.

 Ustedes habrán tejido sus propias y muy particulares historias de amor y en este momento en que están leyendo,  las evocarán, pero lo importante es que cuiden su árbol de la vida y  del amor, y que nada, nadie y ninguna circunstancia hagan que su árbol se seque  y deje de dar sus flores y sus frutos que serán su herencia para el porvenir. Un árbol que da frutos, se reproduce y en las semillas quedará su esencia. Que no haya tempestad  que los doblegue, porque el amor, es la savia de la vida, la que alimenta su árbol, la que define su existencia.

Por: Arinda Engelke