El bien y el mal: dos polos o extremos

“El bien es lento porque va cuesta arriba. El mal es rápido porque va cuesta abajo.”
ALEJANDRO DUMAS.

Fernando Savater —filósofo especializado en ética— afirma que el bien es todo lo que está de acuerdo con lo que somos y lo que conviene al ser humano, y el mal es lo contrario: lo que significa la negación de lo que somos y lo que no nos conviene como seres humanos.

Un intento de teorizar sobre el bien y el mal —entre otras opciones metodológicas—consiste en un esquema representado por un continuo con dos polos o extremos, en cada uno de los cuales existe un concepto límite (relativo a lo bueno o a lo malo). En este continuo, toda acción humana se ubica en un punto, más cercano al bien o más cercano al mal. Ejemplos de polos: amor/odio; orden/desorden; paz/guerra; equilibrio/desequilibrio. Sin embargo, lo más importante es conocer cómo a través de las acciones, buenas, regulares, malas se influye en el modo de vida de una persona o de un conglomerado, es decir, en el caso venezolano, por ejemplo, la detestable práctica del” bachaquerismo”, ¿de qué lado de los polos está? ¿el engaño, la mentira, la traición, el odio y el rencor desatados en los últimos años por la sola acción de pensar distinto, por parte de todos los adversarios políticos? ¿Las bajas pasiones, los egoísmos, la egolatría, que exhiben muchos de los que detentan algún cargo público sean del color que sean ¿de qué lado de los polos están? Todos tenemos la respuesta.

Somos un país lleno de gente, cuya característica principal era la honestidad, la amabilidad, y el deseo de ayudar-según mencionó un emigrante alemán-como razones para quedarse para siempre en esta tierra-, pero, si este señor viera en lo que nos estamos convirtiendo sentiría una gran desilusión, porque la conducta de algunos venezolanos ha cambiado y para mal. Por culpa de estrategias equivocadas por parte del gobierno: las dádivas, el facilismo, los bonos de San Pedro, San Pablo y todos los santos, entre otros “regalitos “una gran parte de la población se acostumbró a no prepararse, a no esmerarse por su labor, a no estudiar, a no cumplir horarios, a no responsabilizarse por su hogar, en fin, sufrimos una transformación hacia el polo negativo. Pero no hay que preocuparse demasiado por esta tendencia. Los que están del otro lado, superan en mucho a los que se acostumbraron a un comportamiento errado y seguramente, tan pronto esta batalla entre el bien y el mal acabe, llegaremos otra vez a ser la nación llena de virtudes, que el alemán describía.

El cambio hacia una Venezuela distinta llegará acompañada de una brisa fresa y renovadora, donde poco a poco nos volveremos a mirar a los ojos y nos reconoceremos como hermanos; sentiremos en el alma el agradecimiento de pertenecer a estas montañas, ríos y sabanas. Tendremos la sublime oportunidad de abrazar a los seres queridos que se fueron en busca de nuevos horizontes. Es algo así como el que despierta de una pesadilla y en un primer momento se siente confundido, pero que, al transcurrir de los minutos, empieza a apreciar el ambiente, a valorarlo, a sentirse bien.

La mayor suma de felicidad
En estos momentos coyunturales donde una gran parte de la colectividad exige recuperar el país que una vez tuvimos, necesitamos apoyar todas las iniciativas pacíficas pero contundentes que nos lleven a la meta de la reconstrucción y de la paz, pero cada uno de nosotros debe, con su conducta demostrar que nos respetamos, que apreciamos el trabajo honesto, que estamos dispuestos a rechazar la corrupción, provenga de donde provenga. Que no perdonaremos las mafias que se han conformado en torno a todo lo que sea negociable, llámese, gas, gasolina, comida, medicinas. Que estamos preparados para dar el ejemplo “recogiendo la caquita del perrito”, como buenos ciudadanos.

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos que la mayoría estamos del lado del polo positivo, del lado del bien y así nos mantendremos.

La historia nos dice que las transformaciones en las sociedades por más sufrimientos que hayan tenido no solamente son posibles, sino alcanzables, ese testimonio nos llena de esperanzas y de fe en un futuro, no muy lejano, promisorio donde todos quepamos porque nuestro país es grande y generoso.

Alanzaremos el sueño de Simón Bolívar: “El Sistema de Gobierno más perfecto, es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política”.

Redacción CC