El Big Ben Deportivo: ¡El avión jefe, el avión!

Por: Andrés E. Mora M…     

“La actual situación política – el «pulsito» que está echando el muy disminuido y apocado usurpador con el cada vez más fortalecido y vigoroso presidente encargado, desafío que, estoy seguro, a ninguno de nosotros, me refiero a la enorme mayoría de los ciudadanos comunes y corrientes de este país, le pudo haber pasado por la cabeza que podía ocurrir, mucho menos habiendo transcurridos apenas un puñado de días después de darnos el «Feliz año» y, simultáneamente, despedir el 2018 que, por mucho, ha sido el año más difícil jamás vivido por nuestra nación en la era republicana – me traslada a los lejanos recuerdos de mi infancia cuando los sábados en la noche, a partir de las nueve, eran de fiesta en casa, para mis hermanos y para mí, pues CVTV, Cadena Venezolana de Televisión, el Canal 8, transmitía, en vivo y en directo, la magia de la lucha libre, espectáculo que llevaba por nombre «Catch as catch can», o dicho en criollo «cachascascan». El principal entretenimiento que tuvo el venezolano entre finales de los años 50 y principios de los 70 del siglo pasado”, le comenta nuestro buen amigo Ingenuo Sinduda a su hijo, Incrédulo, en la nostálgica mañana de este sábado 9F. Una semana después de la apoteósica movilización del 2F, que terminó siendo tan memorable como la histórica del 23E, y a sólo tres días de la convocada para el «Día de La Juventud», la cual se tiene la certeza que será tan, o más, nutrida que las dos previas. Tan masiva fueron las dos realizadas hasta ahora, que cada una de ellas, siendo conservadores, triplica los 5.823.728 votos que – según las rectoras, pero sin certificación alguna, ya que nadie certifica los comicios electorales del país desde que Smartmatic huyó despavorida – sacó el susodicho en las írritas elecciones presidenciales del 20-05-2018 que terminaron siendo reconocidas solamente por él y su reducido entorno.       

“Pero, ¿Qué tiene que ver «Cachacaspan», «Cachaspanpan», bueno, la lucha libre, con la situación política del país?”, pregunta algo confundido, no solamente por el nombre, el heredero.

“En estos momentos en Venezuela se enfrentan en la arena política dos grupos bien definidos. Los que, desde que tomaron el poder en 1999, han violado reiteradamente las leyes y la Constitución – de hecho la usurpación de Nicolás se deriva de eso y su deslegitimación cuando fue presidente también – y los que defienden la institucionalidad y buscan restituir la democracia. De tal manera que llevados ambos bandos al ensogado de «Cachascascan» el primero, el «Socialismo del siglo XXI», fiel representante del «populismo autoritario», coincide perfectamente con el perfil de los denominados «sucios». Por su parte, el bando democrático, que se ha atenido a la Constitución y las leyes, calza las botas de los «limpios»”, señala el profesor jubilado de la ULA, quien espera que, más temprano que tarde, el Consejo Universitario de esa bicentenaria casa de estudios reconozca a Juan Guaidó como el legítimo Presidente (E) para ser coherente con las banderas de libertad y democracia que la emblemática universidad nacional siempre ha enarbolado.         

“Me imagino que los «sucios» de la denominada lucha libre americana, como buenos «sucios», usaban alguna triquiñuela o accesorio que no estaba permitido. Exactamente como acostumbra los del bando del autoritarismo en la política doméstica, quienes recurrieron, recurren, y recurrirán a cualquier treta o artimaña para dinamitar la institucionalidad y salirse con la suya. Ejemplos hay muchos. El de la AN roja-rojita, con Diosdado Cabello a la cabeza, cometiendo el escandaloso exabrupto de nombrar – como diría Sinatra ¡A mi manera! – los tristemente célebres «Magistrados exprés». O el del CNE al no realizar el Referéndum Revocatorio Presidencial. O que Maduro convocara la ANC. O que la inconstitucional ANC convocara las presidenciales del 20M. En fin, pare usted de contar porque la lista de estas arbitrariedades es tan larga como la de los presos políticos, muertos y heridos que ha dejado su represión. O tan extensa como la de los casos de corrupción que volatilizaron de las arcas públicas mucho más del billón de dólares ¡Razón por la que no hay «sucio» que esté limpio!”, indica el padre de Brasilia, la nieta adorada del catedrático y su esposa, Incredulina.  

“Sin embargo, a diferencia de aquellas peleas que se daban en el «Nuevo Circo» de Caracas en donde las máscaras las portaban indistintamente miembros de ambos grupos, en la Venezuela actual la máscara la lleva exclusivamente – y la ha llevado desde siempre – el fraudulento «Socialismo del siglo XXI». De ahí el miedo a la ayuda humanitaria y su testarudez en no permitir su entrada al país porque eso significaría desenmascarar la terrible realidad de Venezuela ante el mundo. Daría al traste con la mentira en la que tanto tiempo y dinero ha invertido. Importándole un bledo los innumerables muertos que su patraña ha costado. Nicolás sabe que la peor humillación que podía sufrir un luchador era que un contendiente le quitara la máscara sobre el ring, eso equivalía a la muerte. En su caso eso equivale al cese inmediato de su usurpación”, considera Ingenuo.

“Por eso cuando se habló el jueves de la llegada del avión puertorriqueño con ayuda humanitaria, todos salieron alarmados para atemorizados gritar «¡El avión jefe, el avión!»”,  dice Incrédulo recordando la frase de «Tatoo», el simpático personaje de la «Isla de la fantasía», la exitosa serie de televisión de la que sí disfruto el vástago de los Sinduda.     

 (٭) Prof. Titular jubilado ULA – Cronista deportivo      

      aemora@gmail.com, @amoramarquez