En esta crisis cada día renunciamos a lo que antes quisimos

Foto Leo León

En esta crisis sin nombre, ignominiosa y terrible que nos ha tocado vivir a los venezolanos, son muchos  y diversos los sentimientos que nos agobian: tristeza, rabia, rencor, incertidumbre, perplejidad, desesperanza, miedo y hasta pánico, porque en nuestro país  nada transcurre con normalidad. Nos hemos convertido en guerreros, que sin armas nos enfrentamos  a cada día  con valor, pero sin recompensas, sin premios, sin ilusiones, y lo más injusto, nos hemos visto obligados a renunciar a tantas cosas y actividades  que antes tuvimos, que tanto queríamos, y que en su momento nos dieron felicidad pero que ahora  ya no podemos mantener  o necesitamos salir de ellas o cambiarlas por alimentos o por medicinas. Sí. Es una realidad que se siente y se propaga con la misma intensidad con la que la crisis económica avanza y nos aprieta el corazón y el estómago.

Son tantas las historias de renuncias dolorosas que escuchamos de nuestros amigos, familiares, vecinos  que abruma  la injusticia de pensar en los factores que nos han llevado a semejante situación. En lo material, por ejemplo:

El joven deportista que en mejores tiempos pudo adquirir todos los implementos necesarios para práctica su hobby, el montañismo. Con esfuerzo y trabajo, logró comprar su casco,  zapatos, piolet cuerdas, linterna, en fin, él fue feliz subiendo la Sierra Nevada bajo un cielo azul con nubes blancas y el mundo a sus pies. Hoy, necesita vender sus cosas porque el dinero le hace falta para aguantar otro mes.

La señora que guardó como un tesoro, esas joyas que su abuela le heredó. La cadenita de oro con la imagen de la virgen, la sortija de bodas, los aretes  con unas esmeralditas. Ahora, al abrir el cofrecito donde las guardaba, comprende que si puede venderlas, tendrá para hacer el mercado y pagar el alquiler.

La profesional que decide vender su anillo de grado. Lo llevó con orgullo durante cierto tiempo, pero ahora, por la inseguridad ya no lo usa, y tiene que venderlo para utilizar ese dinero en otra graduación, esta vez la de su hijo.

El profesor que ama los libros y  construyó durante muchos años una biblioteca fabulosa. Buenos títulos, excelentes autores. Pero, hoy en día con el bajísimo sueldo que devenga, no le queda otro remedio que empezar a ofrecer sus libros, para reunir algún dinero extra.

La peluquera, que tenía su local, trabajaba, le iba bien. Llagó la crisis profunda. El problema de la falta de agua., los apagones constantes, la inseguridad reinante en  la zona: el resultado, tuvo que cerrar su negocio. Decidió irse para Perú. Ahora le toca vender todos sus utensilios: secadores, lava cabezas, peines y cepillos, en fin, todo lo que con tanto esfuerzo adquirió cuando Venezuela prometía y ella estaba surgiendo.

El fotógrafo que disfrutaba captando las imágenes más hermosas de nuestra extensa geografía. Un apasionado que  logró una máquina súper completa con sus lentes específicos para distancias y encuadres .Entre sus planes estaba el de publicar un calendario con  su trabajo, pero ¡qué va! Esos aparatos tan largamente acariciados, ahora ya no cumplen con su función. Andar con un equipo costoso es un peligro, además quién en esta coyuntura, ¿puede publicar?. Tratará de venderlos. El dinero le hace falta.

Pero también hemos tenido que renunciar a nuestros sueños,la realidad nos limita y nos encarcela. Viajar por placer, ya ni al páramo paseo que hacíamos frecuentemente en familia para disfrutar de las bellezas naturales y la amabilidad de los lugareños. Para  la mayoría de los asalariados, pequeños comerciantes y empresarios adquirir un boleto para un fin de semana en alguna isla del caribe, es misión imposible porque en Mérida estamos prácticamente incomunicados y el costo del pasaje incomparable. Y así por culpa de esta situación  a la que nunca debería haber llegado un país como el nuestro, tenemos que renunciar a todo lo que antes nos hacía felices.

Alguien podría decir  que no hay que apegarse a nada material y tendría razón, pero no se trata de apegos, se trata de que el ser humano tenga derecho a satisfacer sus necesidades a través de objetos o actividades  que lo hacen sentirse bien. La idea es habitar en un país que te ofrezca la posibilidad de obtener y conservar esas cosas que lo hacen feliz.

AE-LL.CC