¡Felicidad en la crisis!

Por: Ramsés Uribe…

El tema de la felicidad nos interpela, nos toca, nos compete, nos interesa a todos sin excepción. De alguna manera en anteriores artículos lo hemos tratado. Sin pretender ser el gurú de la alegría ni mucho menos, en resumen apretujado considerábamos la felicidad como un asunto práctico y sencillo en apariencia; se trata de cultivar todas las virtudes posibles, erradicar los defectos que tanto nos gustan,  aprovechar las circunstancias y cualidades personales (p. ejm., ver artículo !Sigamos adelante!). Frente a la dificilísima situación de nuestra aún maravillosa nación de Venezuela, corresponde mantenerse contentos de alguna manera para no sucumbir a la locura, la desesperanza u otra mala yerba.  La felicidad ha sido tratada por un montón de gente tanto hijos de la vecindad como por diversos especialistas como filósofos, sociólogos, teólogos, artistas, entre otros. La Bíblia señala una vía para acceder a la felicidad en varios pasajes, como en Salmos (16:11), versión BLP, “Tú me muestras el camino de la vida, junto a ti abunda la alegría, a tu lado el gozo no tiene fin.”

Independientemente de lo que se piensa, creemos o vivimos acerca de la felicidad, conviene explorar lo que hay de cierto según la ciencia. Daniel Gilbert (2014), psicólogo de la Universidad de Harvard sostiene una concepción binomial en que “ la buena noticia es, que perder la vista no te haría tan desdichado como piensas. La mala noticia es que ganarte la lotería no te haría tan feliz como imaginas”.

Uno de estos descubrimientos sorprendentes, fue el del psicólogo Ed Diener (2004), sobre la amistad y su relación con la felicidad, encontró en un experimento social que el grupo de los barrios bajos eran los más felices, con un promedio de 2.23 similar al de los estudiantes de clase media con 2.43.  

Otro estudio fue el de Alan Michalos, quien pidió a 18 mil estudiantes universitarios de 39 países que midieran su felicidad e indicaran cuan cerca estaban de poseer todo lo que querían. Resultado: aquellos que aspiraban más de lo que poseían, tendían a ser menos felices.

Las anteriores investigaciones científicas ya habían sido intuídas por Epicuro, el controvertido filósofo helenístico, (341-270 A.C.), casi seguro uno de los primeros hippies de la historia, nos regaló un obsequio intangible maravilloso no sólo por su belleza literaria  sino mejor aún por su aporte a la vida práctica de la gente. Propone una filosofía ética,  que permite un perfecto equilibrio entre mente, cuerpo y ambiente para lograr la felicidad combatiendo los temores existenciales y la servidumbre que generan los fenómenos naturales, la sociedad y el individuo, a través de la moderación de las necesidades, placeres y deseos. Hay que buscar la tranquilidad (ataraxia) del alma con la autoreflexión crítica de sí mismo y apartándose de las amenazas y el dolor  con el autocontrol físico y mental de las pasiones (autarquía). Esto conlleva a la prudencia junto a la autosuficiencia; una suerte de independencia de criterio respecto a lo que verdaderamente se necesita en la vida sin caer en excesos, desesperos ni angustia.

Basta de sufrir en las colas por alimentos caros que nada o poco nutren nuestro cuerpo y benefician a los infames e insensibles bachaqueros, entre otras calamidades. Ahí tenemos una alternativa para sobrellevar el duro camino de la situación país con todas sus miserias que podemos apartar practicando la sabiduría epicúrea.

 Ramsés Uribe, profesor NUVM de la ULA.

Correo: ramaseum@yahoo.com

Twitter: @ramthalneo