Guaidó llevó su desafío a Maduro a la cuna del chavismo

El derrumbe del chavismo pone en duda todo lo que parecía sólido con Hugo Chávez, incluso el color de la cuna de la revolución. La exitosa gira realizada en el estado de Barinas por el líder opositor Juan Guaidó, en especial Sabaneta, pueblo natal del “comandante supremo”, confirmó el hastío y cansancio de una sociedad que se unió sin chistar hace dos décadas al sueño bolivariano.

“A Sabaneta de Barinas le cayeron las siete plagas, le quitaron todo. Pero tenemos un plan para sacar a Venezuela adelante”, entonó Guaidó transcurrido un mes desde la rebelión militar de abril.

A pesar de las acusaciones de golpismo y terrorismo y la persecución de sus colaboradores y de los diputados, el también presidente de la Asamblea Nacional recorre el país, y cuando está en Caracas, incluso duerme en su casa, evitando la semiclandestinidad de otros momentos.

Las concentraciones en la provincia, desde Maracaibo a Barinas pasando por Barquisimeto, sustituyeron a las de la capital, que habían enflaquecido luego de cuatro meses de protestas. En los distintos lugares, Guaidó repitió parecido mensaje al clamado ayer en Socopó: “Los ciudadanos tenemos la fuerza central que nos permitirá salir de la tragedia”.

Sabaneta, pueblo protegido de otros tiempos cuyo alcalde fue Aníbal Chávez, hermano de Hugo, sobrevive hoy en el olvido, sin combustible ni gas, con cortes de luz y fallas en el servicio del agua, atenazado por la hiperinflación y con escasez de medicinas.

Poco importa que el estado de Barinas esté gobernado por Argenis, otro de los hermanos y sucesor del jefe del clan, el padre, Hugo de los Reyes Chávez.

El desembarco en Sabaneta fue, de nuevo, una jugada sorpresa del líder opositor y un golpe de audacia, por su valor simbólico añadido.

Apareció sin aviso previo, ante la sorpresa de los vecinos, que fueron saliendo de sus casas al conocer la noticia.

En el pueblo de Chávez ya llevaban tres días de protestas, con cortes en la ruta, ante la falta de gas. En el momento de su llegada tampoco había luz. Además en todo el estado rige ya el racionamiento de combustible, que solo permite a las motos cargar cinco litros, 30 para los autos y 60 para los vehículos de mayor tamaño.

Distintas estrategias se repiten por todo el país para paliar la falta de combustible, lo que incluye la militarización de las estaciones de servicio. En la versión bolivariana de Mad Max la gente duerme y come en sus vehículos o se lanza al mercado negro pagando en dólares una nafta que es casi gratuita.

El racionamiento ya es oficial en varios estados: desde mañana se irán alternando las matrículas pares con las impares para cargar el combustible.

“Vale la pena insistir en recuperar lo que perdimos”, continuó Guaidó en el pueblo que ahora gobierna José Salcedo, heredero del poder municipal tras la muerte de Aníbal Chávez por una enfermedad.

En Sabaneta ya se asustaron en 2013, durante la campaña presidencial, pero jamás imaginaron que el deterioro fuera de tamaña dimensión. En abril de ese año, Maduro se acercó hasta el antiguo hogar de los Chávez y allí, en su jardín, sorprendió al mundo asegurando que se había comunicado con su padrino político, fallecido unas semanas antes, gracias a un “pajarito chiquitico” que acudió a su encuentro y le “habló” entre silbidos.

“Hoy arranca la batalla, vayan a la victoria. Tienen nuestras bendiciones”, aseguró Maduro que fue el mensaje recibido. “Así lo sentí yo desde mi alma”, insistió.

Barinas, tierra de leyendas y mitos, es hoy uno de los estados de la provincia más golpeado por la crisis. En cada municipio visitado por Guaidó y por el grupo de diputados que lo escolta, desde Socopó hasta Pedraza, pasando por la capital, los lamentos fueron muy parecidos y el apoyo creciente, hasta concentrar miles de personas. El dirigente opositor también juramentó a los comités de ayuda de la Operación Libertad, pese al hostigamiento gubernamental.

“Estamos al borde de una catástrofe. Cuando no hay comida, cuando no hay salud, pero tampoco gasolina. Cuando no hay seguridad, no hay gas, es evidente que estamos al borde del colapso”, insistió el presidente interino, abrazado de nuevo por el “¡sí, se puede!” proferido por miles de personas.

“No les importa nuestra gente, les importa robarse los reales para ver cómo se mantienen ahí. Ellos ya perdieron, están derrotados”, aseguró Guaidó.

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