Hambre y miseria se ciernen sobre nuestro país

¡Dios mío ¡¿qué va a pasar en Venezuela?  Es la expresión más común y angustiante que se hacen las personas diariamente. En las colas de los bancos, en las paradas, en los mercados, en cualquier sitio donde la gente pueda comunicarse, se habla de lo mismo. Y es que la realidad palpable y sentida para la mayoría de la población es ver como sus menguados recursos ya no alcanzan ni para un cartón de huevos.

Un reciente informe del, Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad.( Cedice )  traduce en cifras la insidiosa crisis . Se señala  que una familia integrada por apenas 3 miembros, necesita la cantidad de 3.138.965,71 bolívares para cubrir la canasta básica, es decir 48 salarios mínimos, entonces surge la pregunta ¿cuántos y quienes son los afortunados que pueden contar con ese dinero?, la respuesta es obvia, son muy pocos. El informe también refiere,una inflación acumulada desde el 1 de enero hasta el 15 de julio de 1.837,3 % y en aumento. Si a este panorama aterrador le añadimos un dólar que no para de subir casi a diario, tenemos un país en quiebra, devastado, donde nuestra moneda perdió todo su valor.

Mientras el presidente Nicolás Maduro, asegura que los problemas lo fortalecen y lo hacen resurgir como el Ave Fénix, la oposición se reúne, aquí, allá, sin música ni concierto, el gobierno de los Estados Unidos no deja de sancionar y buscar a los presuntos delincuentes, haciendo que los daños colaterales, nos afecten aún más los ciudadanos de a pie, los venezolanos nos sentimos metidos en un laberinto y no encontramos la salida.

 ¿Qué puede hacer ante semejantes dificultades el ama de casa, el profesor, el maestro, los gremios en general, el que solamente recibe su pensión del seguro, las personas que padecen alguna enfermedad y deben conseguir un tratamiento, los que tienen que pagar un alquiler al precio que esté el dólar al momento de cancelar la renta, el padre de familia que muy pronto tendrá que enfrentarse a la compra de los útiles y uniformes escolares, el  campesino que no encuentra cómo sembrar, los comerciante que intenta mantener su negocio abierto, pero que no tiene mercancías? En fin, son tantas las situaciones desesperadas como personas hay tratando de sobrevivir. Lo peor de todo es que no se ve luz, ni al final, ni en el medio del túnel. Es lamentable observar cómo en su afán por conseguir algo más de dinero la gente está vendiendo todo lo que posee: libros, anillos, cuadros, es decir, aquello que pueda aliviar aunque sea parcialmente,  la angustiosa situación.

Vengan de donde vengan el país necesita soluciones urgentes, coherentes, eficientes. No más palabras huecas, no más mentiras piadosas, no más miseria y hambre porque ya nuestra historia se está convirtiendo en una pesadilla cotidiana.

La verdad no ofende, hay que repetirla las veces que sea necesario porque los silencios cómplices, también hacen mucho daño. No es posible ocultar lo que está ante nuestros ojos, no se puede hacer oídos sordos ante el lamento general que murmura, grita, llora, ora, por una salida digna, que alivie las tensiones y los sufrimientos que nos aquejan.

Redacción CC