Justa protesta: Y la lluvia le destrozó los zapatos

María es una enfermera, de esas que llevan en su sangre la vocación de ayudar al prójimo. Había trabajado toda la noche y estaba desfallecida Hambre, cansancio, fatiga, tristeza eran la mezcla de sentimientos que cargaba sobre sus hombros. Por si fuera poco, cuando por fin salió de su extenuante jornada, llovía torrencialmente. Era uno de esos aguaceros terribles que inundan las calles y que se convierten en ríos que bajan tumultuosos por las calles en declive de nuestra ciudad. Una soledad sin nombre, ningún vehículo, menos un transporte público que la pudiera llevar a su casa  para abrazar a sus hijos y a su mamá. Entonces, valiente como es, decidió caminar. No le importaba mojarse, mejor dicho emparamarse, siempre y cuando, lograra llegar a su destino. Muy pronto la ropa se le pegó al cuerpo, empapada y el agua era muy fría. Sus  zapatos, ya muy gastados, no la acompañaron en su empeño y pronto sintió como las suelas se despendían y tuvo que seguir descalza, aguantando la ingrata sensación de pisar un pavimento lleno de escombros y quién sabe de cuántas cosas más. Las lágrimas de María se confundieron con las gruesas gotas de lluvia, pero lo que más lloraba era su corazón porque no hay justicia, ni explicación para la pobreza en la que están sumidas muchas mujeres venezolanas, trabajadoras y honradas, pero a quienes no les alcanza su miserable sueldo ni para comer y mucho menos para comprar ropa, productos de primera necesidad, tan básicos como unas toallas sanitarias, y mucho menos zapatos que ahora son un lujo que muy pocos pueden darse.

¿Colapso?

“Con indignación, y honda tristeza tenemos que anunciar que ya los servicios hospitalarios llegaron a un punto de “colapso”, dijo una enfermera del HUlA  que pidió no ser identificada. “No tenemos nada, lo que se dice nada. No hay sueros, alcohol, jeringas, guantes. Cada vez que nos llega un paciente, debemos pedirle a los familiares a que busquen lo necesario en farmacias, pero la mayoría no tienen dinero para comprarlas. Estamos desasistidos de todo-dice la licenciada que ha trabajado durante mucho tiempo en el hospital- Nosotros también tenemos hambre porque nuestros sueldos son tan bajos y nuestra labor tan exigente que ya no sabemos qué hacer. No hay transporte que nos lleve a nuestros hogares  después de una guardia, donde nos hemos sentimos desesperadas por no poder administrar medicamentos, hacer una cura, tomar una tensión.Además cada vez hay más renuncias y a las que nos quedamos nos toca asumir la atención de más pacientes. Es agotador y frustrante, asegura.

Las protestas

Los trabajadores de la salud: médicos, enfermeros(a), estudiantes de las carreras, camilleros, asistentes, están en pie de lucha; es una lucha pacífica, en la que con sus uniformes característicos y respetables, van de un lugar a otro, buscando ser escuchados en sus justas peticiones, que no van más allá de un sueldo que les permita vivir dignamente y la dotación para los centros de salud. Si se lograran esas mejoras en las condiciones de vida,podrían desarrollar su noble labor con eficiencia y decoro, que es lo lógico, y el deber ser.

Hasta ahora, no se ha logrado nada. El presidente Nicolás Maduro,por inaudito que parezca, a los militares, sí les subió los sueldos, y de manera considerable.Entonces, como decía una de las pancartas que exhibían los enfermeros en su marcha: “un militar es esencial, pero una enfermera es primordial”, la gente se pregunta ¿por qué la diferencia tan marcada y por qué a unos sí y a otros no, si todos contribuyen desde sus respectivas posiciones a la seguridad social de los venezolanos?

Arreglar los zapatos

La situación del sector salud es muy grave, una de las peores sentidas y sufridas en el país. El gobierno nacional está en la obligación de garantizar el bienestar de los ciudadanos y la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: Artículo 83 reza: “La salud es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte del derecho a la vida. El Estado promoverá y desarrollará políticas orientadas a elevar la calidad de vida, el bienestar colectivo y el acceso a los servicios. Todas las personas tienen derecho a la protección de la salud, así como el deber de participar activamente en su promoción y defensa, y el de cumplir con las medidas sanitarias y de saneamiento que establezca la ley, de conformidad con los tratados y convenios internacionales suscritos y ratificados por la República”.

Entonces, queda claro que es urgente y necesario dignificar a los profesionales que forman parte fundamental de quienes dispensan sus cuidados y atención a los pacientes para poder cumplir a cabalidad con la letra de nuestra Constitución.

A María y a todas y todos los médicos, enfermeras y demás profesionales sanitarios hay que dignificarlos y escuchar sus denuncias. No más zapatos rotos, no más hambre, no más vulneración a sus derechos. 

Arinda Engelke.