Por la calle real: Comparando dos Méridas

Por: Fortunato González Cruz…

En 1992 se efectuó en la ciudad de  Mérida de Yucatán, México, el Tercer Encuentro de las Méridas del Mundo. Entonces la ciudad blanca tenía cerca de 600.000 habitantes, unos 20 hoteles de 1 hasta 4 estrellas, dos universidades y estaba superando la crisis del henequén, primer producto de exportación de esa inmensa planicie de piedra caliza que se extiende desde Chiapas hasta el mar Caribe. Apostaba a la maquila como estrategia económica, hasta que optaron por otras alternativas de desarrollo industrial y apostaron al turismo de calidad vinculado a la cultura y a la gastronomía. Construyeron una autopista de ocho canales hasta Cancún, ampliaron el aeropuerto internacional y se metieron a lo grande en ofertas de alta gama. Viejas haciendas henequeneras fueron transformadas en atractivos destinos para un turismo exigente y ampliaron y mejoraron la oferta cultural desde espectáculos hasta la exquisita gastronomía yucateca.

Hoy, 26 años después, nuestra Mérida hermana tiene cerca de un millón de habitantes, con un Índice de Desarrollo Humano alto de 0,8940, más de 300 hoteles, 20 de 5 estrellas, y más de 22 universidades. Su aeropuerto tiene vuelos nacionales e internacionales que recibió el año pasado más de dos millones de pasajeros. Es la ciudad mexicana más segura y una de las que ofrece mayor calidad de vida. Ha sido declarada dos veces Capital Cultural de Las Américas. La prosperidad que ha alcanzado en estos años es objeto de reconocimiento y admiración. La autonomía que garantiza el mejor federalismo mexicano hace que las decisiones fundamentales la tomen los yucatecos y meridanos, que asuman plenamente la responsabilidad de ejercer el gobierno.

En 1992 la Mérida andina tenía unos 200.000 habitantes, cerca de 30 hoteles y algunas posadas, dos universidades y el aeropuerto contaba con  4 vuelos diarios y lograría hasta 21 vuelos diarios unos años después. Hoy a 26 años, la ciudad tiene 300.000 habitantes con un índice de desarrollo humano igual al de 1992 de 0,820 que tiende a disminuir, tres universidades, ningún hotel de 5 estrellas, el aeropuerto sin vuelos comerciales, el turismo disminuye y los merideños somos cada vez más pobres.  La calidad de vida se deteriora y los jóvenes emigran a otros países.

La decadencia de la Mérida nuestra, andina, se explica en gran parte por el centralismo que concentra las decisiones en Caracas; los pésimos gobiernos que ha tenido el país, el estado y la ciudad y la equivocación histórica de la opción chavista, una insólita concentración de ignorancia, audacia, militarismo, totalitarismo, populismo y deshonestidad. Venezuela agotó su inmensa, incluso desmesurada, riqueza por obra de una de las mayores desgracias políticas de su historia.

¿Nos pondremos algún día a la par de nuestra hermana yucateca? Depende de nosotros los merideños y de la calidad del entorno político nacional. Aún no se ve el final de la oscurana.