La costumbre del caos

Por: Fernando Luis Egaña….

El que Venezuela sea un país caotizado, si se permite la palabra, es una realidad cada vez más y mejor percibida por el grueso de los venezolanos. Y es una realidad un tanto paradójica, porque el caos o el desbarajuste delirante del orden social ha ocurrido, especialmente, bajo el dominio de una neo-dictadura o una dictadura disfrazada de democracia.

Pero ese caos no sobrevino de la noche a la mañana, sino que fue extendiéndose y profundizándose a lo largo de muchos años. Poco a poco, pero sin pausa. En unos tiempos con mayor intensidad que en otros, y siempre con la habilidad del disimulo, o debería decir, con la fechoría del disimulo.

Y allí está un drama principal: mucha gente se ha acostumbrado a la vida caótica y no pocos se resignan al respecto. De hecho, una parte numerosa de la población sólo conoce el caos bolivarista y por tanto llega considerar que así son las cosas en Venezuela, que así han sido siempre, y que no pueden ser de otra manera.

 No es de extrañar, por ende, que tanta gente joven se esté yendo o piense en hacerlo. Si el caos se convierte en la normalidad, entonces la sociedad pierde la esperanza en un futuro distinto y mejor. Pero toda moneda tiene dos caras, y así como existe la cara ominosa, también se encuentra la auspiciosa.

Por ello es tan importante la protesta estudiantil. Porque demuestra que hay sectores sociales que no se amoldan al caos ni lo aceptan como fatalidad de vida. En verdad, cualquier protesta legítima también lo demuestra. Y justo por eso es que las protestas son indispensables para forjar los cambios que saquen del caos a la nación venezolana.

 Los dirigentes políticos que forman parte de la plataforma unitaria deberían de comprometerse mucho más con las protestas, porque se trata –en el fondo– de una lucha contra el caos. O sea, lo contrario de lo que algunos han señalado, que la protesta conduce al caos. No. La protesta socio-política, cívica y en particular la de los estudiantes, busca superar el caos.

 Y sobre todo superar la conformidad con el caos. La conformidad con 25 mil homicidios al año. La conformidad con una economía desbaratada en medio de una bonanza petrolera. La conformidad con el despotismo y el continuismo de la satrapía. La conformidad con las reglas de una dictadura disfrazada de democracia. La conformidad con una situación nacional más que calamitosa, catastrófica. La conformidad con una Venezuela sumida en un caos que corroe su viabilidad como nación independiente.

 Peor que el caos es la costumbre del caos. Venezuela puede salir del caos y avanzar hacia un orden democrático. Y para ello es necesario que el país redoble su lucha contra la hegemonía.

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