Neototalitarismo, spray y universidad: nada es casual.

(Dedicado a mis estudiantes de Historia Contemporánea, en prueba de la vigencia del pasado)
 
En 1980, hace ya casi cuarenta años, las paredes del edificio del Rectorado de la Universidad de Los Andes amanecieron pintadas con un texto que hoy resulta más bien gracioso; en aquella ocasión los merideños pudieron leer por unos días la frase “Mérida es de pinga, todo el mundo singa”. Eran, quien lo duda, otros tiempos. 
 
Hoy, Mérida ya no es tan “de Pinga” y no solo por la escasez de anticonceptivos o debido a un cambio de hábitos de su juventud; no, la razón es más simple de decir y es que por nuestra otrora bella ciudad al igual que por el resto de Venezuela, ha pasado como plaga de langostas la dictadura neototalitaria: ha pasado dejando una huella de odio y destrucción cuyos efectos amenazan con ser más duraderos que cualquier grafiti. 
 
Así, y como en reiteradas ocasiones, ayer viernes las paredes del Rectorado han sido de nuevo pintadas, solo que en esta oportunidad y como ha venido ocurriendo desde hace ya varios años, no ha sido la mano de algún espontáneo irreverente la que ha apuntado su spray contra los muros de una edificación que, dicho sea de paso, es patrimonio de la ciudad y de la nación. No, esta vez y como ya viene siendo vergonzosa costumbre esas paredes, las de la fachada del edificio principal que contiene a nuestra Aula Mayor, amanecieron firmadas por Hugo Chávez y manchadas de rojo: sí amigos, tal y como lo estoy escribiendo, columnas, paredes y hasta el piso de ese importante y simbólico espacio fueron ayer manchados de spray rojo por un grupo, hoy ya sabemos, de ocho sujetos que fuertemente armados y a bordo de dos camionetas, se dedicaron impunemente a descargar su supuesto reclamo antiimperialista con mensajes como “no more Trump”,  a profesar su necrofilia política estampando la firma de un muerto y, como no, a proferir amenazas de “vamos por ustedes” contra los miembros de la comunidad universitaria. 
 
¿Terrible? Sin duda. Pero que nadie amanezca hoy sorprendido ya que estas pintas o grafitis en los muros de nuestra Universidad, al igual que las hechas por los mismos delincuentes en otros espacios como la sede de la gobernación del estado, esos mensajes representan otro capítulo más de una acción política que no es, como se ha condenado con firmeza pero quizás erradamente, una simple expresión de vandalismo e ignorancia. Y es que en esas paredes, hay que decirlo, cada palabra ha sido calculada, cada amenaza está allí a propósito, ese mensaje incluso tiene como remitentes a “Hijos” de la propia universidad: unos, varios de sus egresados actualmente al servicio de la dictadura, que han sido los responsables de redactarlo y de ordenar y financiar su elaboración; otros, estudiantes militantes en colectivos, a quienes como siempre les toca el trabajo sucio de accionar el spray, tal y como a veces accionan el gatillo para defender, muchas veces contra sus compañeros de clases, al monstruo neototalitario.
 
¿Qué los autores del mensaje son unos malandros? Quien lo duda; pero el punto es que son malandros al servicio del estado neototalitario, y de uno de sus objetivos capitales: la siembra del miedo. ¿Qué son ignorantes? Tal vez, pero tienen una intencionalidad  política bien definida, sirven bien a la bota militar que los paga y alimenta. Y es que si analizamos así sea someramente lo ocurrido, salta a la vista que en esta ocasión, al igual que cuando rayaron un salón de mi Facultad de Humanidades el año pasado con mensajes ofensivos y amenazantes contra el Rector, o cuando pintaron hace poco las casas de dirigentes gremiales y políticos opositores con las mismas amenazas de “vamos por ustedes”, en todos estos casos se trata de un mismo patrón de actuación que se corresponde con una misma intencionalidad política: producir un efecto intimidatorio en la población, utilizando para ello formas públicas de amenaza que sirven además para mostrar la olímpica impunidad con la que pueden actuar estos cuerpos paraestatales desde la protección que la dictadura les brinda. 
 
Así y por ello, junto a nuestro repudio debe aparecer también nuestra acción firme de protesta y señalamiento a los responsables. Debemos ante este hecho alzar la voz para mostrar al mundo la verdadera y vil naturaleza de esta pesadilla que nos desgobierna, su acento neototalitario, su afán de dominarlo todo y no solo el poder político. 
 
Valga decir para finalizar que la comprensión de esa naturaleza neototalitaria de la dictadura es condición obligatoria para poder adoptar cualquier salida exitosa de ella: lo contrario, seguir creyendo que quienes nos oprimen son solo vulgares ladronzuelos a los que con negociar y dejarles huir con lo robado será suficiente para que accedan a organizar elecciones e irse mansamente, creer eso es condenarnos a vivir constantemente borrando pintas, empobrecidos y sobre todo, faltos de libertad y de dignidad, que es como no vivir.
 
Toda mi solidaridad para mi universidad, mi solidaridad y mi compromiso de no callar…
 
Prof. Rafael Cuevas Montilla
Fac. Humanidades y Educación,
ULA, Mérida