Palabras del Rector Mario Bonucci Rossini en el conferimiento del Doctorado Honoris Causa en Filosofía al Cardenal Porras

Señoras y señores:

El conferimiento de un Doctorado Honoris Causa siempre ha sido un acontecimiento destacado para nuestra casa de estudios, pues se trata del reconocimiento más importante que la Universidad de Los Andes otorga a aquellas personas cuya labor ha contribuido – de manera exponencial – en cualquier campo de la actividad humana, pero además, es una manifestación de admiración de esta Universidad bicentenaria hacia quien lo recibe; personas que encarnan en sus acciones los principios y valores que representan a nuestra institución, los cuales nos han sido legados, que hemos preservado y que con toda certeza dejaremos para las generaciones que nos sucederán.

Pero además, la Universidad de Los Andes se crece en su prestancia al incorporar dentro de su familia como Doctor Honoris Causa a personas que han consagrado su vida a ser los mejores en determinadas áreas del saber, convirtiéndose en modelos dignos de ser imitados por lo que desde nuestra casa de estudios les exaltamos con orgullo.

Enaltecer modelos de vida, frente a la sociedad y la historia, es tal vez una de las labores más importantes que una universidad como la nuestra puede asumir. Más aun en tiempos como los que transcurren, cuando el tejido social ha sido fuertemente dañado por una larga serie de acontecimientos de diversa índole, conduciéndonos hasta una situación frente a la cual todos los venezolanos que creemos que una mejor Venezuela es posible estamos llamados a actuar para alcanzarla.

Hasta este punto he procurado esbozar lo que significa para nuestra universidad el hecho de otorgar un Doctorado Honoris Causa, sin embargo, la razón que hoy nos ha reunido en esta Aula Magna, la más bella e importante de nuestra universidad, la más bella de todas las universidades para quienes llevamos a la Universidad de Los Andes en el corazón, da aún más relevancia, pues se trata de reconocer, con la mayor humildad, la trayectoria académica de nuestro respetado, admirado y apreciado Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardoso.

Son tantos y tan destacados sus aportes en tan variadas áreas del saber que abordar la trayectoria académica de nuestro Cardenal es tarea compleja. Prueba de esto, por mencionar sólo algunas, son los Doctorados Honoris Causa que le han sido conferidos con anterioridad: en Historia por la Universidad Católica Andrés Bello, en Comunicación Social por la Universidad Católica Cecilio Acosta, además de ser también Doctorado Honoris Causa de la Universidad Experimental del Táchira.

Por otro lado, la vinculación académica del Cardenal Porras Cardozo con la Universidad de Los Andes ha sido destacada desde su llegada a estas tierras, y desde nuestra casa de estudios se ha procurado mantener siempre los más estrechos lazos con él, recurriendo siempre a su sabio consejo y aprovechando cada oportunidad para honrar tan apreciada amistad reconociendo su trayectoria académica, lo cual se ha traducido en el conferimiento a nuestro amigo Cardenal de las más importantes condecoraciones de la universidad, como la Dr. Pedro Rincón Gutiérrez, la Dr. Diego Carbonell Espinel y la Dr. Rafael Chuecos Poggioli, entre otras, además de diversos reconocimientos realizados por nuestros núcleos, así como por diversas instancias universitarias.

Es importante tener presente que el aporte académico de nuestro nuevo Doctor Honoris Causa, desde el punto de vista editorial, supera el medio centenar de publicaciones, como autor o coautor, además de su constante labor como escritor articulista en diferentes diarios, tanto en Venezuela como en otras latitudes, presentando a los lectores sus reflexiones y análisis, tanto del presente como del pasado, brindando así insumos para la comprensión de la historia y de nuestros días.

Este 6 de diciembre de 2017 la Universidad de Los Andes, gracias a la oportuna propuesta de su Facultad de Humanidades y Educación, confiere el Doctorado Honoris Causa, o por causa de honor, en Filosofía a Su Eminencia Reverendísima, Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo.

La filosofía nos refiere al conocimiento de la realidad, así como a los principios más generales que le orientan y organizan; es la búsqueda de comprensión sobre el sentido del obrar humano, sobre la existencia misma, por tanto, la filosofía impregna o baña todas y cada una de la áreas del conocimiento.

Etimológicamente hablando, la filosofía es amor a la sabiduría, la cual a su vez se concibe como el grado más alto del conocimiento, por tanto estamos hablando de reflexión sobre el saber, dedicación y consagración de vida respecto al pensamiento humano.

La reflexión sobre la existencia humana procurando el acercamiento a los sentimientos, al sufrimiento y el padecimiento de los hombres y mujeres para reconfortar el cuerpo y el espíritu, ha sido precisamente una de las características más resaltantes de nuestro Doctor Honoris Causa en Filosofía; comprender la actualidad escudriñando la historia y los procesos que han tenido lugar para llegar hasta nuestros días, meditar sobre la fe y las necesidades del espíritu para dar respuesta a ellas desde nuestra amada Iglesia Católica, a la que ha dedicado su vida entera manteniendo siempre una institución distinguida por la cercanía con su pueblo, a una sociedad que en su gran mayoría ve en la iglesia con sus pastores un espacio para el urgente reencuentro de un país dividido por el absurdo radicalismo.

Este encuentro de amigos es además un buen momento para repasar, y reflexionar, sobre nuestra historia como universidad: como bien es sabido, somos una institución que nace desde la Iglesia Católica, de la mano del primer obispo de Mérida y Maracaibo, Fray Juan Ramos de Lora, quien en un admirable acto visionario fundó el Seminario de Mérida tan sólo un mes y tres días después de su arribo a estas tierras, marcando de esta manera los siglos venideros para los hombres y mujeres que eligieran estas montañas como su hogar.

Fray Juan Ramos de Lora materializó su sueño siguiendo, por sobre todas las cosas, a su corazón, consciente de que era el conocimiento y la formación de los ciudadanos el camino más seguro para el fortalecimiento de la naciente sociedad, dando un paso al frente aun antes de contar con la autorización del Rey, quien la concedería cuatro años más tarde con la publicación de la Real Cédula del 20 de marzo de 1789, en donde también se otorgó el nombre de Seminario de San Buenaventura, con todos los fueros y privilegios correspondientes a los Seminarios Conciliares.

Esa semilla cayó en tierra fértil, germinó, creció y floreció, hasta convertirse en este árbol robusto que conocemos como Universidad de Los Andes, bajo cuya sombra está invitada a cobijarse toda la sociedad y de cuyos frutos se alimentan Venezuela y el mundo.

El accionar de Fray Juan Ramos de Lora dejó huella indeleble en nuestro espíritu, haciendo de esta casa de estudios una comunidad que se apega a lo que cree, respetándolo y defendiéndolo con firmeza; seguros, al igual que Fray Juan Ramos de Lora, de que el único camino para la consolidación de una sociedad próspera es mediante la formación de sus ciudadanos, lo cual, más allá de aprender un oficio significa asumir una vida guiada por el amor, el respeto, la solidaridad y la justicia, los mismos valores que promueve la Iglesia Católica.

Siempre se suele hacer referencia a la rebeldía de Fray Juan Ramos de Lora, sin embargo, estimo que más allá de la rebeldía se puede hacer mención al respeto que mantuvo a lo que dictaba su corazón; si apegarnos a nuestros principios y valores nos hace rebeldes, pues invito a todos a la necesaria rebeldía desde el corazón.

Hoy, la Universidad de Los Andes, como buena hija de la Iglesia Católica reafirma sus raíces honrándola en la persona de Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo, quien en su accionar como pastor lleva siempre ese espíritu al que he hecho mención, para lo cual podría mencionar a modo de ejemplo, algunas de las palabras amablemente dispensadas hacia esta, su universidad, cuando cada año conmemoramos la obra de Fray Juan Ramos de Lora.

En el año 2012, cuando se cumplieron 227 años de la creación del Seminario, nuestro Cardenal expresó que “la Universidad debe ser el primer taller democrático”, invitando a que hagamos de ésta la razón de ser de la libertad, de la investigación, del pluralismo y la tolerancia.

Tres años más tarde, cuando nos reunimos a conmemorar los 230 años, exaltó la historia y su valor, señalando que “a nadie parece interesarle los relatos históricos, las gestas vividas por nuestros antepasados, siendo necesario ver en ellos, el permanente compromiso de darle vida a este tesoro que es nuestra universidad”.

El tiempo pasará, todos y cada uno de los presentes en este recinto quedaremos atrás, nuestros cuerpos se fundirán de regreso con la tierra y serán ideas como las expresadas por Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo, las que mantendrán viva la llama universitaria en los corazones de las próximas generaciones, pues son nombres como los de nuestro amigo Cardenal, los que se aseguran un sitial en la historia, más allá de lo académico, por haber asumido con valentía la superación de los obstáculos, por haber estado del lado de la justicia y la paz, por haber encendido la luz de la esperanza en las almas cuando alrededor sólo había oscuridad.

De la misma manera que Fray Juan Ramos de Lora siguió lo que su corazón dictó, hoy el Cardenal Ulandino se han mantenido firme en la defensa de la Democracia y la Libertad levantando su verbo encendido contra la tiranía en momentos donde muchos han callado,  llevando hasta lo más alto de la iglesia las historias de dolor y sufrimiento que viven los venezolanos, esas posturas, esas acciones, serán recordadas por la historia, esa historia que escribirán los hombres y mujeres libres que se están formando en esta tierra bendita, llamada Venezuela.

Muchas gracias.

Mérida, 6 de diciembre de 2017

Fotos: Leo León