Pido La Palabra: “Condenado por la historia”

Por: Antonio José Monagas

La resistencia social para afrontar los embates impulsados por causa de los fiascos incitados por la revolución bolivariana, no contuvo el desmantelamiento que venía venirse por vía del ensañamiento de gobernantes resentidos y afanados por derruir el Estado Democrático de Derecho y de Justicia.

Cada ejecutoria gubernamental, desnuda una tragedia. El petropopulismo aplicado ha devenido en procesos que lejos de “convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político dentro de la Gran Potencia  Naciente de América Latina y el Caribe”, como lo describe el cacareado Plan de la Patria, ha retrocedido al país a posiciones en la cola de una cadena de realidades geopolíticas que buscan alcanzar posiciones de desarrollo. La tempestad que azotó el terreno de la política nacional, hizo aguas en el escenario de la economía. La crisis rebasó la capacidad del país.

La carta de Jorge Giordani, elaborada con el fin de “rendir cuentas al país” se convierte en un instrumento de acusación en torno al desmontaje de las instituciones democráticas sobre las cuales se deparó el estado de gobernabilidad alcanzado hasta el arribo al poder del militarismo reluciente dada su carácter de protagónico y decisorio. Las confesiones de quien fuera miembro fundamental del gobierno del finado presidente, dan cuenta de la implosión revolucionaria que se acerca a toda velocidad.

No hay duda de que este mensaje es la mayor revelación de la calamidad que ha padecido la población venezolana, habida cuenta de lo que ha representado la arrogancia de quien, aprovechándose del corsé que lo embute como “revolucionario”, se atrevió a diseñar un modelo de país errado en virtud del aislamiento social que lo ha caracterizado en lo personal y hasta dentro del claustro universitario. Su obsesiva pasión por el militarismo adosado al fascismo mussoliniano, lo llevó a actuar a soslayo de consideraciones insinuadas, incluso, por militantes de base del partido de gobierno a quienes dejó ver su desprecio. Ha sido de tal el grado de soberbia que lo ha caracterizado en su vida pública, que hasta su palabra escrita revela fuertes ademanes de malcriadez. Sus confesiones han determinado en él posturas alejadas de todo dirigente político que, a decir de los principios por los cuales se rige la ética política, debe actuar apegado al respeto, la tolerancia y la solidaridad.

Sin embargo, Giordani pareciera no haber dicho todo lo que sabe, ni todo lo que en exacto es el comportamiento de un régimen engendrado de un modelo que históricamente se vio siempre rebasado por las libertades propias de un desarrollo autonómico. Aunque la corrupción que acusa su carta, no fue óbice para haber corregido las distorsiones que desde el principio fueron acumulándose. Su palabra alcahuetea múltiples decisiones que privilegiaron posturas, razones y actuaciones accionadas a favor de necedades consignadas en el Gabinete Económico por el extinto presidente.

En el fondo de ni tan sorprendentes declaraciones, es indudable que se esconde un duro cuestionamiento a la gestión del actual gobierno toda vez que pone al descubierto la ineficacia, ausencia de liderazgo, desorden administrativo y caos político incitados por el propio cenáculo gubernamental. Alega que “la herencia de Chávez está en muy malas manos”. Ni siquiera le sirvió su sentido de planificador para haber actuado en consonancia con el precepto constitucional que aduce “el ejercicio democrático de la voluntad popular” como guía de orientación política. Su arrepentimiento pudiera valerle, quizás, el perdón en la coyuntura. Pero jamás, podría evitar ser condenado por la historia.

“Aún cuando la palabra pueda ser testimonial de propósitos, las realidades son inexorables. Sobre todo, cuando se utiliza desde la perversidad

 de políticos disfrazados de demócratas”

AJMonagas