Pido la Palabra: La Universidad que envolvió una ciudad

 Por: Antonio José Monagas…

Mientras que su concepción siga sesgándose por visiones mezquinas, la Universidad dejará de interpretar el clamor de la ciudad para convertirlo en parte de ella mediante acciones que respondan al llamado de la “merideñidad” y a su idiosincrasia.

La idea de que “Mérida es una Universidad con una ciudad por dentro”, igualmente le ha valido razones a su gente para magnificar la relación entre Mérida y su Universidad en virtud de ciertas situaciones que revelan la imbricación que pudiera establecerse entre ambas realidades. No obstante a decir por algunas vocerías, las cosas no suceden exactamente de esa forma. Es decir, muchas veces, la Universidad ni reconoce a Mérida y por yuxtaposición, la ciudad tampoco considera a su Universidad lo cual, históricamente, puede explicarse. 

De hecho, hay quienes aseguran que Mérida sin la Universidad se hubiese consolidado a partir de otras áreas de desarrollo que, de alguna manera, habrían fungido como focos de atracción a diversos factores de la economía. Habida cuenta que Mérida, por naturaleza, está situada en una zona caracterizada por un vasto potencial agrícola y turístico, generadora de condiciones estéticas, lo cual sobrepasa la oferta de otras regiones del país con similitud de condiciones. 

En el plano de esas realidades que desde los años 70 no sólo se manifestaron como el agotamiento del modelo de desarrollo, sino además como “(…) una crisis del tipo de dominación  tanto como del tipo de dominación vigente” (De la Cruz; 1998; p.15), sucumbió la Universidad venezolana. Por supuesto, arrastrada por la inercia sociopolítica de entonces. Además que no pudo recuperarse, al extremo que Ernestro Mayz Vallenilla, escribía sobre el “Ocaso de las Universidades” a manera de hacer ver que ni siquiera “es la organización ni su correspondiente funcionamiento administrativo el peor de los defectos que exhibe nuestro mal llamado Sistema de Educación Superior, sino que también es la anacrónica inflexibilidad y rigidez que de ello se origina para el diseño de los planes de estudio que integran sus carreras con la consiguiente carencia de oportunidades que confrontan los jóvenes” (Aut. cit.; 1984; p.17)

La ofuscación vivida por quienes han confundido la política universitaria con la micro–política o política de circunstancias o coyunturas, siguió repercutiendo indefectiblemente en la posibilidad de construir escenarios universitarios en los cuales la pretendida “búsqueda de la verdad” adquiriera su verdadero sentido y dimensión. Pero aludir dudas sobre si, en verdad, Mérida es una Universidad con una ciudad por dentro, indiscutiblemente pasa por distintos niveles de discusión. No obstante, uno de ellos se refiere a todos aquellos procesos que comprometen la extensión universitaria en función de su importancia y trascendencia. 

Por consiguiente, mientras que su concepción siga viéndose sesgada por visiones mezquinas, la Universidad dejará de interpretar el clamor de la ciudad para convertirlo en parte de ella mediante acciones que respondan al llamado de la merideñidad y a su idiosincrasia. Desconocer la necesidad de emprender propuestas dirigidas a exaltar sus capacidades de cara las necesidades inmediatas locales y regionales, intra o interinstitucionales, es alentar una Universidad que, al aislarse de una ciudad cuyo entusiasmo le permitiera emprender propósitos que dignifiquen su gente y exhorten sus tradiciones y costumbres, podría profundizar fracturas acumuladas y brechas potenciales que retrasarían la consecución de objetivos de largo aliento sobre los cuales se depara el futuro de la institución académica.  

Fue así como Santiago de Mérida de Los Caballeros se prestó para que la Universidad de Los Andes viviera y fuera por siempre, la Universidad que envolvió una ciudad.

“Cuando la Universidad de Los Andes comprendió que sus cambios necesitaban acogerse al sentido de identidad que denotaba la vida de la ciudad, apostó a que sus acciones y decisiones se vieran insumidas por el aliento y energía que respiraba el ámbito político, social y económico merideño”

AJMonagas