Pido la palabra: Mentiras baratas

Antonio José Monagas

Por: Antonio José Monagas…

La verbosidad de funcionarios presumidos, desfiguran realidades sin advertir, por desconocimiento de lo manifestado, la magnitud de sus insolentes afirmaciones o falaces opiniones.

Hacer política no es hablar necedades. No es arrogarse una pose que intimide. No es vanagloriarse de una responsabilidad que por ley corresponde ejercer. Hacer política no es tan sencillo como pareciera. El problema estriba en razones que muchas veces no se comprenden dado lo fácil que resulta verse envuelto entre aduladores y adulancias que devienen en posturas de presumida instancia. Posturas éstas que incitan actitudes de soberbia, arrogancia y endiosamiento cuyas consecuencias terminan perturbando el comportamiento personal.

Basta que una persona, con afán de poder, sea nombrada en un cargo representativo de cierta autoridad, para que se arrogue condiciones y presuma de fortalezas para luego actuar en desproporción con las atribuciones que la posición política le permite. Aquello que dice que “de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco” es cierto. Pero también, de político, gerente y médico. Aunque su explicación no apunta tanto por el lado que exalta las habilidades y aptitudes de cada quien, como hacia las ínfulas de personas que, al ocupar un puesto de alguna importancia política, cree sabérselas todas. Y peor aun, con la mayor inmodestia. En esos casos, la jerarquía del cargo luce proporcional al tamaño de la pedantería adoptada.

Situaciones de este tenor, son parte de la agenda diaria de toda oficina pública donde los funcionarios parecieran estar investidos de algún poder extraordinario que los motiva a jactarse de modo impropio a cuenta del “conocimiento” que, por ignorancia y ocio, se atribuyen. Esto sucede mayormente, en los predios de gobiernos autoritarios toda vez que el despotismo actúa como factor de envanecimiento del cual se valen para imponer medidas asumidas bajo la verticalidad de dicho ejercicio gubernamental.

Caso patético lo constituye el gobierno venezolano cuyos altos funcionarios no sólo dejan ver su altivez, sino además el analfabetismo que caracteriza su verbo y decisiones tomadas. Frases tan desfachatadas como aquella que reza que la “inflación no existe en la vida real”, pronunciada por el ministro de Economía. O la de que “sembremos en potes para afrontar la escasez”, de la ministro de Agricultura Urbana. O aquella de que “la escasez de crema dental existe porque la gente se cepilla tres veces al día. Con una vez es más que suficiente”, de la ministro de Salud. O cuando el jefe del Bloque de la Patria, de la Asamblea Nacional dijera: “no es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarlas a la clase media y que pretendan ser escuálidos”. O cuando un diputado afecto al gobierno, quien fuera ministro de Vivienda, declaró que “no justifico que alguien adquiera cinco o seis pares de zapatos al año”. O lo que expresó el gobernador del estado Vargas, que “no hay escasez. Lo que hay es amor, lo que hay es patria”.

Todo esto deja ver la gruesa asincronía que hay en estos personajes de marras. En sus palabras se advierte una grosera diferencia entre los que ostentan y lo que refieren sus osados y disparatados discursos o declaraciones. Sus pretensiones configuran un mundo tan absurdo que raya en lo irreal. Su convulsiva verbosidad, contribuye a desfigurar realidades sin considerar, por ignorancia de lo manifestado, la magnitud de tan humillantes afirmaciones y cínicas opiniones. Todo ello devela el carácter contradictorio sobre el cual están soportadas tan falaces aseveraciones que sólo dejan ver desprecio por el pueblo. La falta de atención y cuidado a lo que sus palabras pueden horadar, resume casi en exacto que sus oratorias tienen cabida metodológica en la categoría de las estupideces. O de payasadas de postín. Vale asentir que son vocingladas que ni siquiera tienen eco en quienes siguen arrodillados a las incontinencias de un gobierno profanador de verdades. De un gobierno que desconoce las realidades donde intenta sabotear la vida del venezolano humilde, con discursos atronadores. Pero que no por ello dejan de ser ridículas, tantas especulaciones “caza-bobos”, tantas mentiras baratas.

“Cuando un gobierno se afinca en la mentira para ganar espacio y tiempo, sólo está abonando el camino que conduce al cadalso de su política”

AJMonagas