Pido la Palabra: Una lectura equivocada de la Política

Por Antonio José Monagas…

En política, valerse de cuanto recurso consigue el hombre a su paso para darle curso posible a sus proyectos de vida, es parte de la naturaleza humana. Los problemas vienen por otro lado.

La política se ha explicado, históricamente, desde cualquier perspectiva posible. O enfoque que considere los intereses que movilicen un proyecto de vida. Y desde luego, de una ideología que busque reivindicar consideraciones ante situaciones o circunstancias que comprometen el futuro de una sociedad o colectividad. Pero también, la política ha sido expuesta desde la visión de las necesidades que puedan rondar por encima o debajo de alguna coyuntura creada en medio de una brecha dada por la diferenciación entre posturas sociales, culturales, económicas, éticas y morales detentadas por el hombre con el propósito de sumarle valor y mayor sentido a su vida y obra.

Tanto se pasea la comprensión de la política por distintos terrenos, que muchos idealistas se valen de sus indulgencias o características propias de su concepción para hacer suyas algunas razones. Así, se aprovechan del discurso o de la teoría que da cuerpo a sus postulados, criterios y axiomas para beneficiar mezquindades y mediocridades que le sirven para ganar el espacio necesario en el cual pueden blandir y saciar sus variadas apetencias ideológicas.

Sin embargo, valerse de cuanto recurso consiga a su paso para darle el curso posible a sus proyectos de vida, es parte de la naturaleza del hombre. De esa forma, procede a perfilar el surco que -bien o mal- servirá al propósito de movilizar su ideario.

Pero el problema no siempre explosiona en esa fase de ajuste. El problema que causa actuar motivado por tal disposición o arrojo, lo define el momento en que el hecho que representa comprender la política es llevado a cabo a merced de una insuficiente o equivocada intención. Intención ésta que confunde medios con fines, necesidades colectivas con necesidades personales o tiempos históricos.

O sea que quien puede o debe decidir, acude a un sentido torcido o disociado del cómo organizar u ordenar un colectivo en función del interés mancomunado. Esto revuelve todo provocando que las líneas de acción que vienen del uno se pierdan en el otro. De manera que no hay beneficio que satisfaga alguno de los actores.

El problema que de ello deriva, tiende a hacerse mayúsculo toda vez que la política se plantea desde el poder político. Pero no desde el poder entendido como la capacidad de conciliar argumentos o posiciones. Lo incita cuando la política se aprovecha del poder político para imponer sus pretensiones. Cuando así sucede, se convierte en razón visceral para anclar o fijar sus presunciones. En medio de la diatriba que de tan conflictiva situación se desprende, la política adquiere un carácter que no le es exactamente propio.

Es cuando su ejercicio la obliga a asimilarse con criterios verticales o cerrados que le imprimen un aire de insoportable hedor. Es cuando busca recogerse en el ámbito militarista y camorrero para desde ahí valerse de la violencia y proceder a actuar represiva y opresivamente. Incluso, a desdén de las leyes, con impudicia y arbitrariamente. Siempre, amparándose en la oscuridad que le proveen espacios de dominación y autoritarismo. En breves palabras, es la situación que precede y procede de casos en que se tiene una lectura equivocada de la Política.

“El ejercicio de la política, anima tantas perspectivas, que sus realidades se complican cuando los criterios aplicados distorsionan la concepción que pudo inspirar la fundamentación  de los mismos”    

AJMonagas