El principal producto de exportación

Por: Fernando Luis Egaña…

Aparte de droga, petróleo y dólares de la corrupción, quizás en ese orden, la Venezuela de la hegemonía roja no exporta prácticamente más nada. ¿0 si? Si exporta algo más, lo más importante que puede tener cualquier país: su capital humano. La emigración masiva de venezolanos, sobre todo de jóvenes y profesionales, es un signo de estos tiempos. Y uno trágico. El país se está vaciando, o lo están empujando a vaciarse. ¿Qué puede terminar quedando? Una boli-plutocracia imperando sobre los escombros de una nación. Y en gran medida ya es así.

El grueso de la droga que sale de Venezuela hacia los mercados internacionales, no se produce acá. Pero acá se intercepta para su trasvase o se facilita que transite desde sus lugares de producción a sus destinos finales. Muchos entendidos en la materia del narcotráfico, afirman que  Venezuela se ha transmutado en una especie de paraíso para este azote de la humanidad. Y nada de ello habría sido posible sin la participación activa del poder establecido. Por ahí anda, por cierto, la Convención de Palermo…

Petróleo producimos mucho menos y exportamos todavía menos. De hecho, se importan grandes cantidades de gasolina para el consumo interno, entre otras razones porque la industria de la refinación de hidrocarburos está por los suelos. De otros productos tradicionales de exportación, no queda sino el recuerdo, incluyendo la energía eléctrica que se exportaba a Colombia, o la Orimulsión a China, o algunos rubros agrícolas e industriales que se los llevó el huracán de la “revolución”.

Pero lo que sí incrementa su “exportación”, un día sí y otro también, es el recurso natural más destacado de Venezuela: su gente preparada, emprendedora, especializada profesionalmente, que ya no consigue una vida digna en su propio país, y se ve forzada a buscar otros lares para tratar de realizar sus legítimas esperanzas. Incluso, a veces, para simplemente sobrevivir, y evitar la suerte fatal de la ruleta rusa, en la que está convertida nuestra patria.

Es más, ya no sólo se están yendo los médicos, los ingenieros, los técnicos en campos diversos; se está yendo el que puede, tenga o no tenga credenciales profesionales. Hay venezolanos manejando taxis en Europa, cocinando en restaurantes de Asia, atendiendo tenderetes en Canadá, y desde luego que también hay venezolanos innovando en grandes laboratorios, gerenciando poderosas empresas y hasta presidiendo una de las más prestigiosas universidades del mundo, MIT.

Este principal “producto de exportación”, la gente venezolana, no contribuye en lo inmediato a la prosperidad de Venezuela sino a ahondar el abismo de la crisis. Luchemos para que pronto eso cambie de forma radical.

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