Razones y pasiones: Incoherencia

Por: Eleazar Ontiveros Paolini…

Habíamos buscado un término que en forma concluyente nos precisara lo que ha pasado con la oposición, hoy desmembrada, bogando en ríos de causes diferentes, y lo encontramos al oír en “La Tertulia de los martes” el término incoherencia.

Conceptualmente la coherencia es la relación efectiva entre dos o más cosas. En forma general se utiliza para señalar concordancia entre ideas, programas y realizaciones que no tergiversen lo pensado y programado. Lo contrario, es obvio, es la incoherencia, que se da cuando no hay relación e ilación entre las ideas, los programas y el alcance práctico de los mismos. Es decir, cuando hay desorden.

Claro que al haber principios ideológicos diferentes, la coherencia es difícil. Sin embargo, cuando los que piensan diferente desde su código doctrinario logran entender con propiedad que deben unirse sin desprenderse de sus particularidades ideológicas para lograr un fin que en forma separada les es imposible alcanzar, pero que importa a todos por igual, se ha logrado una coherencia programática que puede conducir a una concreción deseada. El ejemplo de esa coherencia posible, se dio en las lecciones para la Asamblea Nacional, pues sobre las particularidades prevaleció en firme propósito de obtener una mayoría aplastante y se consiguió.

Ese triunfo se debió, en grado apreciable, al hecho de que los partidos unificaron la acción, que no sus doctrinas, referenciada en la MUD, para alcanzar una empresa que le importaba todos. Pero en esta, por efecto de discrepancias en cuanto a su conformación, conducción y consecuencialmente sobre la forma de proceder frente a las elecciones regionales, a la juramentación de los gobernadores, a la abstención y otros pormenores, se instaló un desorden que ha venido creando confusión, desconcierto y, lo más grave, abulia e indiferencia. Ahora tenemos partidos que mandan a no votar para las alcaldías, pero muchos de sus militantes si quieren hacerlo; partidos que mandan a votar, pero hay militantes que no quieren hacerlo; partido que mandan a no votar pero hablan de prepararse para las elecciones presidenciales, en donde, sin la menor duda, las anormalidades que genera el ventajismo adquirirán un carácter exponencial; hay quienes quieren votar pero no lo hacen por no ver a los ganadores humillados ante la “prostituyente”; hay a quienes no le importa esa juramentación; hay quienes dicen que no votan porque no se les ofrece nada práctico; en ciertos municipios se han postulado, por falta de entendimiento, muchos candidatos de oposición, haciéndole expedito el camino al candidato chavista; otros nos dicen que no importa lo que pase ahora, que lo cardinal es que desde ya haya conceso sobre un candidato a la presidencia, que no debe ser ninguno de los líderes de los partidos. Y es verdad, se requiere de alguien que genere otro tipo de apreciación, en especial confianza y que solvente diferencias para lograr un gobierno unitario, alguien en quien apreciemos que en si su persona es un proyecto que ha venido transitando con éxito.

Es imperativo otro tipo de unidad, más integradora, o si no, no queremos ser agoreros, el mapa de Venezuela será cada vez más rojo rojito y a lo mejor sigamos con un gobierno militar que disimulará no serlo, manteniendo durante un nuevo periodo a su mampara, es decir, a Maduro.