Razones y pasiones: Consunción universitaria

Por: Eleazar Ontiveros Paolini…

La consunción es un término utilizado comúnmente en medicina para calificar el deterioro de una persona o animal, acompañado de una visible pérdida de peso y energía. Trasladando el término a las instituciones, se puede decir que estás sufren de consunción cuando poco a poco se van deteriorando por efecto de múltiples factores y en consecuencia, no pueden cumplir de manera adecuada con las actividades que le son propias. Esa consunción puede ser inducida por factores externos a la propia institución, tal como apreciamos está sucediendo actualmente con nuestra universidad por la actitud del Estado, del gobierno, que promueve tal proceso por la miserable vía de acosarla presupuestariamente, atándola de manos y con ello evitándole que actúe satisfactoriamente en el logro de sus objetivos básicos de formar profesionales  con mentalidad autónoma, capaces de producir sin inducciones interesadas nuevos conocimientos e interactuar con las comunidades en procesos constantes de concientización.

La razón del régimen, la historia dicta cátedra sobre el particular, está dada por el deseo de toda dictadura y más de las de tendencia comunista, de que la educación en sus diferentes niveles, es decir, desde la primaria, promueva un consenso ideológico preestablecido, se produzca un proceso rígido de socialización con base en un espectro  preestablecido de normas y valores. En otras palabras, se trata de la pretensión, siempre utópica y relevantemente dañina, de querer formar hombres que actúen como inductores del quehacer y pensar deseado por los ideólogos y exégetas del régimen,  para que relegitimen permanentemente el sistema y con ello ayuden a la estabilización del mismo.

Pero, y es la razón del desprecio por el  sistema  universitario autónomo,  si bien hay algunas consolidaciones subjetivas, en la educación superior, considera a plenitud como tal, afloran y se consideraran críticamente las más variadas corrientes de carácter ideológico, cultural e intelectual, lo que la define como  formadora de mentalidades no sujetas a fórmulas, principios e ideas inamovibles, estables y permanentes. Además, dada la inexorable imperfección de cualquier sistema, forma hombres para impugnar con objetividad  sus  errores y falencias,  las relaciones de poder inconvenientes y, muy importante, con capacidad para objetar con propiedad.

Todos, exceptuando a los obcecados,  vemos con preocupación que nuestra querida universidad no puede seguir siendo la institución ejemplar de años atrás, dada la sádica pretensión gubernamental de hacerla desparecer no físicamente, pero si en cuanto  a su forma de enseñar y de investigar sin supeditaciones a  principios ideológicos y proselitistas, sustentados en la arbitrariedad de una insufrible dictadura militar que día a día, exponencialmente, sin que haya una respuesta contundente, nos sume en la desesperación.