Sé feliz, mi niño

Foto: Leo León-@leoperiodista

Hoy es un día especial, porque está dedicado a los niños, esos “locos bajitos”, que, con sus ojitos luminosos, sus almas puras, sus personalidades vaporosas, cambiantes, creativas, traviesas, sonrientes, nos hacen a los adultos, la vida de cuadritos, pero de cuadritos de golosinas.

Los niños son pedacitos de cielo, que están absorbiendo como esponjas todo lo que ocurre en su entorno, así van aprendiendo cómo es el mundo que los rodea. Son,como dice el poeta Juan Ramón Jiménez, en su entrañable libro “Platero y yo”, tiernos y mimosos”. Son cometas multicolores a las que les gusta volar alto, experimentar, jugar, mirar, tocar, saborear, abrazar, besar y hasta llorar. Son sinceros, sin las ambigüedades de los adultos: existen, crecen y sienten. Son nuestras joyas más preciadas a los que debemos prodigarles amor, protección y educación porque educar como amar es un verbo que debe conjugarse siempre.

“El Día del Niño​ es una celebración anual dedicada a la fraternidad y a la comprensión de la infancia del mundo y destinado a actividades para la promoción del bienestar y de los derechos de los niños, es celebrado en varios países en diferentes fechas.El origen de esta celebración a nivel global se remonta a la Primera Guerra Mundial, conflicto de escala masiva que cambió gran parte de los paradigmas sobre la guerra entre naciones, los avances tecnológicos, la supuesta gloria del combate y sus consecuencias sobre la población civil.

Fueron los miles de niños y niñas que sufrieron los estragos de los avances en las tecnologías bélicas, la inspiración para que la Sociedad de Naciones, el organismo precursor a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), comenzara a tomar en cuenta los derechos de los niños, no solo en las guerras, sino en los tiempos de paz” (Wikipedia)

Niños venezolanos

En estos tiempos difíciles, llenos de preocupaciones,escasez, constantes apagones, y un sinfín de circunstancias que nos llevan, a los adultos, a vivir enfrentando obstáculos, la calidad de vida de nuestros niños, también se ve afectada. Ellos en su inocencia no alcanzan a comprender por qué papá no tiene tiempo para jugar, o por qué, a veces mamí, está triste, sentada frente a la mesa de la cocina donde aún no se siente el aroma de la comida que ella con tanto amor prepara. Es casi incomprensible para ellos, no poderse comer una barrita de chocolate, un yogurt, o una galleta rellena de crema, pero también han incorporado a su realidad, la respuesta de sus padres “ahora no puedo, mi amor, espera a cuando tengamos más dinero”. En la esencia de ser niño, no caben resentimientos, más allá de una carita compungida no habrá recriminaciones, bastará con un beso o un abrazo para dar por terminado el impase.

La mayoría de los niños venezolanos han aprendido el valor de la solidaridad, sino,  cómo se explican las imágenes que vemos cada día de pequeñitos que van a la escuela caminando largos trechos de la mano de sus progenitores, o esperan pacientemente, entretenidos hasta con el vuelo de una mariposa, a que pase el autobús que los llevará de regreso a sus hogares. O cómo la niña de apenas 5 años le dice a su mamá: “Mamí compra velas para cuando se vaya la luz”.

Más que cosas materiales lo que nuestros niños necesitan es un amor que los arrope y les de protección ante una realidad que a veces se torna inhóspita. Necesitan ser escuchados cuando nos cuentan su historia, o sucesos del día. Necesitan ser orientados en su camino, mas,  no obligados y mucho menos mal tratados.

A los niños hay que llevarlos a estar en contacto con la naturaleza, a percibir el aroma de las flores, a que aprendan a subirse en un árbol ,a ver la lluvia caer,  a cantar, a silbar, y sobre todo a darles su espacio para que jueguen a sus anchas: metras, perinola, trompo, al escondido, y a esa infinidad de esparcimientos que se han perdido frente a la pantalla del televisor, o de la computadora.

En el hogar no deben  faltar los libros de fábulas, mitos y leyendas. Un niño que desarrolla el amor por la lectura será un niño que siempre estará bien acompañado, aprendiendo, disfrutando, sin ni siquiera darse cuenta , y todo comienza con ese cuento que hay que leerle en las noches al acostarse  y que dice: “Había una vez “

Hoy, mañana y siempre aproveche el tiempo que le permita estar y sentirse más cerca de su pequeño tesoro, porque como dice Joan Manuel Serrat en su hermosa canción:”Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós”. Pero mientras eso sucede, nuestra responsabilidad, es que sean felices.

Comunicación Continua los quiere mucho y esperamos que nuestro país les ofrezca todas las posibilidades para desarrollar sus aptitudes en un ambiente de alegría,paz, armonía.

Arinda Engelke. Leo León. C.C.