Y ahora…nos cierran las puertas

“A Venezuela, rica y generosa, empezaban a llegar cientos de chilenos, que pronto llegarían a ser miles, a los cuales se le sumarían los fugitivos de las guerra sucia en Argentina y Uruguay. La creciente ola de refugiados del sur del continente  se aglomeraba en ciertos barrios, donde desde la comida, hasta el acento del español en la calle era de esos países. Un comité de ayuda le consiguió a Lucía una pieza donde vivir, sin costo durante seis meses y un trabajo como recepcionista en una elegante clínica de cirugía plástica… “, así describe Isabel Allende en su más reciente libro, “Más allá del Invierno “la cálida y solidaria recepción que nuestro país le ofreció a todas aquellas personas que huyendo de los conflictos necesitaban un lugar donde reconstruir sus vidas. La autora nos califica como una “Venezuela, rica y generosa”, y ahora somos nosotros, los que por millones salimos a buscar en otras tierras un sitio más seguro y que ofrezca mejores condiciones de existencia, porque nuestra amada patria está padeciendo de un incontable número de dificultades que  entorpecen el normal desenvolvimiento de la cotidianidad.

Reconocida históricamente como país de puertas abiertas, Venezuela recibió a numerosos flujos poblacionales compuestos tanto de europeos como de latinoamericanos, cuestión explicada con exactitud en Venezuela y migración, un trabajo realizado por  Yamile Delgado y Mónica R. Abellana Chaybub, Docentes e Investigadoras del  Instituto de Derecho Comparado de Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas Universidad de Carabobo.” En nuestra población está presente una rica variedad étnica producto de la constante mezcla de nacionalidades. Somos muchos los venezolanos que llevamos en nuestra sangre y en nuestros apellidos la marca indeleble de nuestros antepasados inmigrantes”

¡Fuera de mi país!

Lo más injusto es que, ante el creciente “desplazamiento” de venezolanos hacia otras fronteras, no en todas las naciones, somos bien recibidos y hasta existe una creciente xenofobia, un rechazo manifiesto y doloroso, porque tal vez se olvidaron o nunca supieron que, en su momento, nuestro país les dio posada sin mayores restricciones, protegiéndolos bajo nuestro cielo, arropándolos con nuestra bandera tricolor. “Un reciente trabajo periodístico en Colombia reveló que ya los habitantes de ese país miran con gran recelo la presencia de los venezolanos, aun cuando hasta hace poco tiempo eran los colombianos quienes masivamente pasaban la frontera para huir de la crisis de su país y encontraban en Venezuela refugio para obtener su sustento. Hay quienes piensan que esta situación empeorará en los próximos meses. Un informe del reconocido periodista internacional Andrés Oppenheimer señaló que funcionarios estadounidenses y latinoamericanos temen una situación parecida a la de Siria, en la que millones de venezolanos más huirán a otros países latinoamericanos, al igual que refugiados sirios que han inundado Europa.

¿Por qué nos vamos?

El Investigador en Ciencias Sociales y docente de la Universidad Central de Venezuela Mauricio Phelan, explicó, en una conversación con el periodista César Miguel Rondón  que “la inseguridad y la crisis económica son las causas principales de la migración de los jóvenes. “Detrás de la partida de ellos (a) está el miedo y la desesperanza. Desde mediados del año pasado se ha conocido el aumento de ciudadanos venezolanos con una marcada tendencia a utilizar Colombia como lugar de tránsito hacia terceros países como Ecuador, Perú, Chile o Estados Unidos.  Últimamente ya son familias enteras las que tienen planes de formar parte de la diáspora que nos  agobia y entristece.

Merco e Isora son una pareja  de la tercera edad. Viven solamente de su pensión y de la buena voluntad de  sus hijos y nietos que están pendientes de ellos. Aun cuando conservan una buena salud física, ya el paso de los años marca algunas pautas: tensión elevada, dolor en las articulaciones, algo de molestias estomacales. Lo típico de los años “que no perdonan-dice Marco-ingeniero químico-que trabajaba en la industria farmacéutica. Ahora- explica- tenemos el dilema de dejar la casa en la que hemos vivido 25 años, y tratar de venderla con todos nuestros recuerdos, encerrados en ella, y es que casi toda la familia se ha ido a vivir a España y no nos quieren dejar solos aquí, porque de verdad nuestra situación económica es muy difícil. Isora, maestra jubilada –añade-las medicinas que necesitamos están incomparables y ni se consiguen. En dos artículos se nos va la pensión, entonces, con el dolor de nuestros corazones, tendremos que irnos. Ofrecer la casa es la única opción porque nos daría un dinero para no ser una carga para nuestros muchachos.

Los hogares ajenos se respetan

Hay que comprender que ningún país se imaginó que Venezuela llenaría sus calles, pueblos y ciudades de exiliados. Nosotros acogíamos emigrantes-como lo dice Isabel Allende- no despedíamos  ciudadanos. Entonces, el fenómeno migratorio que se viene dando y se hace cada vez más intenso, los sorprendió a todos. No estaban preparados, no había infraestructura para albergar tanta gente, ni trabajos que ofrecer, ni mayor atención médica o de servicios para suministrar, entonces las reacciones en contra no se han hecho esperar. Y si añadimos a esta situación, que no todos los venezolanos han tenido conductas respetuosas, acorde con lo que se espera para con un nuevo país que nos ha abierto sus puertas, estamos ante un panorama poco alentador. Carlos Uzcateguí, un joven músico que se fue a Perú, contó que una noche, como a las 7, caminaba rumbo a su casa, y de repente lo intentaron robar. Eran como tres  muchachos-explica  Carlos- y cuando dijeron “dame todo lo que tienes”, inmediatamente, reconocí el acento venezolano, y les dije: Pana, eso es malo, yo también soy Venezolano, y vine a trabajar, no a molestar a la gente buena que nos dejó llegar hasta aquí. Los tipos no me hicieron nada finalmente, pero sentí vergüenza y pena ajena,revela Carlos, que ahora piensa mudarse a Ecuador.

Este problema de la diáspora tiene miles de aristas, miles de escollos que añaden más preocupaciones a las que ya experimentamos diariamente.

Arinda Engelke.