¿Y por qué ser menos? Diecisiete años de La ciudad en la radio

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«La verdad y la solidaridad son dos elementos claves que permiten a los profesionales de los medios convertirse en promotores de la paz.» San Juan Pablo II

El privilegio de habitar Mérida debemos volver a advertirlo constantemente. Su historia está llena de hechos inusuales, como los sucesivos intentos de fundación, hasta encontrar en la meseta el lugar ideal, por el capitán Juan Rodríguez Suarez, así como la posterior y frustrada condena a muerte contra el capitán de la capa roja por fundar sin debido permiso, violando prerrogativa real. Igualmente sorprendente resulta la odisea del primer obispo, desde California hasta esta remota villa, inconmovible en la decisión de erigir la diócesis en paraje tan apartado como dotado de natural belleza, y la épica y predestinada institución de una casa de estudios, originaria, simultáneamente, de seminario y universidad solemnemente notorias.

La epopeya independentista tuvo en Mérida inicio precoz con los comuneros, incluyéndose además entre las primeras provincias declaradas libres de la dominación española. Dícese que fueron los emeritenses quienes reconocieron a Bolívar como El Libertador, y de su peculio donaron recursos para las armas de la Campaña Admirable. Durante los años aciagos de la Guerra Federal, los páramos fueron protegidos por esta especie de extraterritorialidad orográfica que erigen las cadenas montañosas, y cuando Antonio Guzmán Blanco (así como Juan Vicente Gómez, años más tarde) obstaculizó el funcionamiento de las universidades venezolanas, la de Mérida prevaleció con sacrificio, para transformarse en la Ilustre Universidad de Los Andes. La conexión entre civitas y Alma Mater, tanto en lo físico como en lo espiritual, fue certeramente resumida por Mariano Picón Salas en su frase “una universidad con una ciudad por dentro”. Mérida ha dado científicos, hombres de letras, elevadas figuras de la Iglesia, grandes empresarios, además de la legión de laboriosos, corteses y discretos hombres y mujeres que hacen de nuestras campiñas fructífero paraíso y atienden un turismo cada vez más atraído por los paisajes y el especial ambiente. Muy bien escogido, el lema en el escudo de la ciudad reza: “No podéis esconder la ciudad situada en lo alto de una montaña”.

Una de las primeras emisoras radiales, la de mayor importancia para su tiempo, fue denominada “Radio Universidad”, pionera entre otras cosas por su vocación al servicio de la comunidad, cuyos intereses defendía valerosamente. Como otras radios nacionales, tras la difusión de la telefonía adoptó un perfil de comunicación interactiva, como la que invocaba Bertold Bretch: “convirtamos este aparato de distribución en uno de comunicación donde el oyente no solo escuche sino hable y donde el oyente no sea un sujeto aislado sino que esté interconectado.” Lógico era que la radio de la Universidad surgida un tanto después, también adoptase, dada la estrecha relación universidad-ciudad, un perfil totalmente abierto hacia los merideños, precursora local de las redes sociales.

Fue la oportunidad para un reportero vinculado con la ULA, y con una trayectoria laboral de dedicación a la comunidad: bombero, fotógrafo de prensa y luego periodista, acucioso e intrépido. Se incorporó a la radio como productor de esa sinfonía de noticias, opinión, secciones fijas (incluía pistas musicales), a que dio el nombre de “La ciudad en la radio”, haciendo eco al dictum de aquel Don Mariano. El pasado lunes 10 se cumplió el decimoséptimo año del comienzo de aquella misión, con tesón y elevado espíritu periodístico, denunciando tempranamente los abusos y despropósitos que ya menudeaban en el gobierno nacional y sirviendo de canal ecuánime y generoso a quejas y denuncias del pueblo.

No pocas amenazas y litigios ha tenido que encarar Leonardo León por su trabajo, pero muchos más son los adeptos y amistades que su actitud frente a la realidad continúa valiéndole. El programa, identificado plenamente con su creador, pero núcleo de un invalorable equipo de técnicos y periodistas que le dan vida, es a la vez referencia central del periodismo radial en Mérida y escuela práctica de futuros comunicadores sociales. “Verdad y solidaridad”, como dice el Santo Padre santo, parecen ser las pautas que orientan la diaria aventura que emprende Leo con sus oyentes cada día, de 10 a 12 si la intermitente provisión de energía eléctrica lo permite, para convertirse en promotor de la paz y la justicia, como bases de una esperanza mantenida con realismo y perseverancia.

“¡Arriba corazones!”, hermano del alma, que “los tenemos levantados al Señor”. Dios siga bendiciendo y favoreciendo tu trabajo, y que puedas comentar con alborozo los hechos que traigan el amanecer que Venezuela necesita y merece, por el cual tanto esfuerzo has aportado. Que viva la ciudad, viva la radio, y siga viviendo La ciudad en la radio.