A fuerza de bayonetas

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

El régimen venezolano, ha entrado en un proceso de deterioro que pone en evidencia los problemas que dicho modelo político tiene para gobernar, y que se han incrementado principalmente por dos razones: primero, una grave crisis económica, que empezó a tocar fondo desde el año 2.013; segundo, una notoria inestabilidad política e internacional, producto de la destrucción económica, que ha desbordado el país y se ha convertido en una crisis migratoria y humanitaria a la vez, impactando de forma directa tanto a los países vecinos cercanos como lejanos. En el pasado se le presento una disputa institucional del poder presidencial, disminuida al mínimo en este momento.

El modelo del Socialismo del siglo XXI nace de un golpe de Estado, siendo el centro de la revolución, realizada por militares y no por civiles revolucionarios, pues éstos fueron integrados a la revolución una vez ésta se puso en marcha, de forma tal que los verdaderos revolucionarios fueron los militares. Históricamente ha ocurrido en Venezuela, en donde los militares, al parecer desde el comienzo mismo de la historia de la República, han sido el soporte del poder político, cuando no son el poder político mismo. Esta visión se mantiene en este momento con Maduro al frente del poder. Superado el golpe del 2.002 se hicieron cambios profundos en la conducción del Estado, incluyendo entre estos cambios, la toma del control de compañías estatales, sacando a los civiles de la dirección de las mismas, para ubicar al frente, por lo general, a exmilitares cercanos y de confianza, o a militares en ejercicio.

Y más allá de estos cambios, con base en la preponderancia que Chávez había otorgado a los militares, se inició una nueva fase de búsqueda de alianzas internacionales, en las que el componente estratégico era un punto central, tanto para defender la revolución como para buscar expandir la misma, lo que se iría presentando en la medida en que en la región fueran apareciendo gobiernos encabezados por mandatarios tanto afines al chavismo, como alineados a las posiciones políticas que pudieran calificarse de antiestadounidenses. Poco a poco, los civiles se fueron integrando en el poder con los militares, pero siendo los segundos en la columna central del poder, sin que existan razones reales para esto cambie con Maduro.  

Con estos antecedentes la gerencia pública fue asaltada por un régimen de corte militarista que utilizo a los integrantes de las fuerzas armadas, como gerentes forrados de valores morales superiores y quienes con esa reserva tomaron la conducción de ministerios, empresas básicas e instituciones con resultados fatales para la salud del Estado. Lejos quedaron los valores del militar nuevo: de ser responsable en todo momento por sus actos u omisiones en los cuales incurra directamente o como consecuencia de sus funciones; ser justo en citrato con sus subalternos y no ordenar nada que atente contra la dignidad e integridad moral; ser honesto en todos los actos de la vida profesional y privada; entre otros. Las actuaciones de la gran mayoría de militares en funciones gerenciales han desnudado su incapacidad para tomar decisiones en ambientes complejos, es fácil manejar instituciones en abundancia, sin controles, sin medidas de rendimiento para evaluar la eficiencia de las acciones.

En estos desdichados años de gestión de Maduro la situación se ha acentuado, tenemos militares activos al frente de la economía, las finanzas públicas, la salud, la alimentación, seguimiento y control del aparato burocrático. Pareciera que la capacitación demostrada para el ejercicio de un cargo en particular no es necesaria, es suficiente ser militar, estar vinculado con la proeza golpista de los años noventa y demostrar una subordinación a la banda que maneja el país. Ante la incapacidad, negligencia y corrupción imponen las medidas a punta de bayonetas, dejando a los actores económicos, políticos y sociales a merced de improvisadas e ineficientes acciones.

La represión a los ciudadanos no se limita a la actuación en las calles, también se refiere al desempeño gerencial en la acción pública. Entendiendo está como la responsabilidad moral y política, concebida en términos jerárquicos y es el compromiso de las organizaciones públicas con respecto a la autoridad política electa, con una cultura organizacional para el abordaje de los problemas y las soluciones de la colectividad. Los militares en funciones de gestión actuaron de forma irresponsable, jamás entendieron la necesidad de anticipar, de prever para adecuar a las instituciones a situaciones imprevistas.

En estos últimos días, intentan imponer reformas económicas para favorecer a una elite, castigando a la gran mayoría. Cargas tributarias injustas e inviables, salarios colocados sin discusiones y sin estar ajustados a las realidades. Flexibilizaciones económicas para construir burbujas de confort lujo para unos pocos. Venezuela en una paradoja, crecimiento y recuperación de bodegones, mientras la mayoría padece severas crisis de servicios públicos. Las dificultades para producir, la hiperinflación y las políticas estatales hacen que los bodegones sean una vía de escape para todos: los empresarios, distribuidores, clientes y el mismísimo gobierno. En conclusión, modelos de negocio diseñados desde el poder, para garantizar retornos y minimizar riesgos, con ventajas arancelarias que termina de acabar con la poca producción nacional que existe. Y en todos ellos las bayonetas actúan como: impulsadores, protectores o inversionistas directos.        

ULA – FACES

gguillermorb@yahoo.com

@germanrodri

@germanoveja

11-4-2022