Abrazando la vida

Por: Rosalba Castillo…

En tiempos de pandemia, amamos intensamente la vida en definitiva. La nuestra, la de los cercanos y la de quienes desconocemos. Y en estos días de oscuridad, la vida nos  aparece en cada despertar azul  y nos sorprende desapareciendo. Así que para amar la vida, necesitamos admirarla. Dejarnos envolver por su magia y agradecerla desde el amanecer  hasta el anochecer. Las estadísticas  de personas fallecidas  actualmente  no sólo por este virus, nos acercan a replantearnos nuestro paso por el planeta. Nos llegó la hora de ir más allá, en estos día tan confusos.  Hemos apostado hacia afuera  y nos hemos olvidado de la interioridad.

La sociedad nos presiona  a vivir sólo en el exterior. Nos hemos perdido en este consumo y el despertar se hace cada día más lento. Fue necesaria una nueva conmoción   como la que atraviesa el planeta, para que nos diéramos vuelta de lo inminente del salto requerido. El Coronavirus ha movido las fibras  de los gobernantes y ciudadanos del mundo. La calidad de vida de las personas es la prioridad. Necesitamos una vida más sana, mas sustentable, más hacia el ser.

En Venezuela, cada vez las pandemias consumen nuestras vidas. Vivir  es un ejercicio de valentía. Procesos de interminables esfuerzos para  pequeños logros. Los temas de poder  y control ejercen todas sus fuerzas contra los ciudadanos. La vida se reduce a resolver las necesidades básicas de cada familia, mientras la fiesta electoral se juega nuevamente. Estamos solos.

La responsabilidad de los  gobernantes  sobre de bienestar de los  ciudadanos ha dejado de ser el motivo de permanencia en sus cargos, específicamente  en este país. Carecemos de todos los servicios: electricidad, salud, agua, gas doméstico y nuestras condiciones son cada vez más precarias. Un resultado electoral podría cambiar el escenario.

Mientras, nuestra interioridad nos ayuda a encontrarle sentido a las crisis de la vida, nos ayuda a darle un norte a nuestras esferas personal, social, laboral,  llevándonos a ese desarrollo  que nos hace cada vez  más humanos en medio de tantas diferencias.

“el tesoro de la humanidad es precisamente su diversidad. Todos somos iguales tenemos derecho a ser diferentes y ser respetados” agrega Pérez Esclarín. Desde que iniciamos esta pandemia somos más sabios y sensibles, acerca de la vida y del sentir. Nos vamos haciendo cada vez más comunicativos y nos hemos contagiado de solidaridad y esperanza. En definitiva venimos para ayudarnos y ya muchos lo descubrimos. Así vamos siendo felices otro de los motivos por los que vinimos.

Requerimos una fuerza personal y grupal para ser los protagonistas de esta historia.   Emprendamos este viaje con el deseo de ser mejores seres, mejores ciudadanos, mejores padres, mejores parejas, mejores hijos, mejores amigos, mejores vecinos. Necesitamos encontrarnos en cada uno de nosotros.

Revisar quien somos y a donde vamos. Se nos acercan días más difíciles y más festivos aún. Aunque no haya mucho que festejar. Las políticas de los gobernantes juegan con los ciudadanos. No tenemos confianza en lo que escuchamos. Sólo nos falta como un gran pueblo que somos buscar la verdad más allá de las palabras, más allá del discurso. El mundo nos la está mostrando. Nadie la puede ocultar. Allá afuera hay una segunda vuelta y todos están volviendo a casa. Tenemos una nueva normalidad. Nada volverá a ser como antes. Seremos dependientes de nuestros tapabocas, de la distancia y de nuestra higiene. Seguiremos al lado de nuestros dispositivos electrónicos y el virus seguirá con nosotros, a pesar de la mal concebida  flexibilización. Medidas de esta índole colocan más en riesgos a la población.  Abracemos la vida.

Mientras nos seguimos cuidando  a pesar de las incoherencias del  contexto, hagamos una mirada hacia adentro, hacia el mundo y hacia los demás. Consideremos estos ratos como una oportunidad  para reaprender la vida .Volvamos al corazón como mencionaba San Agustín .Vivamos con nuevos ojos. Justo hoy tenemos toda la información  de  lo que sucede en el exterior pero desconocemos lo que sucede en nuestro interior.

Conocerse, perdonarse, aceptarse,  como el camino para poder convivir. Así lograremos resolver nuestras diferencias  mediante el diálogo y la negociación. .

Abracemos la vida, abracemos a los otros. Los venezolanos hoy vemos los estragos de las pandemias. Las familias no logran adquirir sus alimentos básicos .No contamos con servicios públicos. La salud se nos está deteriorando cada día. El hambre produce   muertes a diario. La agricultura puede alimentarnos, según FAO. Sólo falta la voluntad política. Un alto porcentaje de ciudadanos están en pobreza extrema .No sólo se muere de COVID-19  de enfermedades que hace tiempo estaban erradicadas. Los niveles de migración cada día van en aumento. Los suicidios, la ansiedad, aumentan silenciosamente.

 Necesitamos grandes cambios para poder abrazar la vida. No permitamos que se desdibuje más nuestro país. Necesitamos una tierra que despierte a la vida. No necesitamos armas, ni enfrentamientos. Necesitamos un país que despierte a la vida, a la salud, al trabajo, a la seguridad, al empleo, a sus sueños, a la felicidad. Necesitamos reconstruir nuestro tejido social, pero por sobre todo necesitamos abrazar la vida.

Rosaltillo@yahoo.com