Al otro lado del puente: Enemigos íntimos

Por: Anderson Medina Roa…

Hace unos días leía un reportaje en The New York Times (del 23 de febrero) en el que se decía que el gobierno había devuelto a operadores privados “docenas de empresas que habían sido expropiadas” y que esto derivaba de un no publicitado acuerdo del gobierno con sectores empresariales venezolanos en un intento de lograr reactivar la producción nacional y que en el medio de ese acuerdo estaba una reunión entre el presidente de la mayor empresa de alimentos del país y personalidades del más alto gobierno. Según el reportaje, habría habido un pacto, algo así como que el presidente de esa empresa se ocupaba de producir, dejaba de aparecer en la escena pública opinando de la política nacional, y el gobierno dejaría las presiones que, de acuerdo al reportaje, habrían llevado a la empresa al borde de la quiebra.

Por azares del destino, pareciera que en el último año ha habido tímidos movimientos hacia la reactivación de la producción de alimentos en Venezuela y los productos bandera de la mayor empresa de alimentos del país vuelven a verse en los anaqueles de abastos y bodegones; que el ciudadano de a pie pueda o no adquirirlos con su salario es otra cuestión, algo que no ocupa más que a quien no le alcanza el sueldo mínimo más la cesta ticket para comprar dos o tres productos, ni hablar de los abuelos cuya pensión no incluye el bono alimentario.

Y así, el país social ve como reto diario ya no conseguir el dinero y los productos básicos para el sustento diario, pues los productos han ido reapareciendo, ahora solo debe buscar la manera de conseguir el dinero para adquirirlos y esto, aunque parezca mal de muchos y consuelo de tontos, es en efecto algo menos de qué preocuparse pues si consigues el dinero y no hay comida en los anaqueles, bueno, la sopa de billetes no es que alimente mucho. Pero en todo esto, el país social depende del país político, el que sigue anquilosado en la retórica de una épica interminable, como un espiral infinito del que no pueden salir y al que termina arrastrando al país social que, ingenuamente, se deja llevar. Solo hará falta sintonizar algún medio en radio o televisión nacional para ver esa retórica, o leer los tantos mensajes encadenados de WhatssApp, dar un tour por #twitterzuela, para mirar que las tendencias siguen religiosamente abonando a la atención casi exclusiva del andar político nacional. Hablar de política se ha convertido ya no en un acto revolucionario, radical, promotor del cambio en la conciencia del individuo y que nos llevaría a navegar al mar de la felicidad, como en algún momento lo propuso alguien y millones creyeron; hablar de política tampoco es ese acto desinteresado, esporádico, trivial y despersonalizado de la Venezuela de la contemporaneidad del siglo XX. Hablar de política para el venezolano se ha convertido en casi un vicio. Sin importar si estamos en exilio o en insilio, el discurso de lo político ha inundado cada ámbito de nuestras vidas, activa nuestras pasiones de diferentes maneras y a cada aspecto de la vida cotidiana el primer enfoque que le conseguimos es el político, y allí nos vemos impulsados a dar nuestro punto de vista, en forma de análisis e incluso solución para “salir de esto” (desde las más consensuadas hasta las más irreales) o para prevenir a nuestros vecinos de continente de “lo que viene”. Decir lo político se ha convertido en un hábito, característico de la venezolanidad.  

Mientras tanto, se lee en ese reportaje del New York Times que aunque el giro sorprendente en las relaciones gobierno-industria privada en Venezuela “no ha solucionado los problemas económicos venezolanos (…) ha reiniciado sectores de la economía, ha alentado algunas inversiones y le ha permitido [al gobierno] sobrellevar las sanciones y aislamiento internacional”. Es decir, en una situación de pérdida, cada parte ha conseguido en un “enemigo”, un aliado para conseguir el oxígeno necesario. Dan un paso más en su relación, de enemigos a enemigos íntimos. Y nosotros, bueno, seguimos creyendo en cada una de nuestras opiniones sobre el ángulo político de todo.

Prof. ASOCIADO de la Universidad de Los Andes

@medina_anderzon