Al otro lado del puente: Identidad y política

Por: Anderzon Medina Roa…

En su libro de 2018, Identidad, Francis Fukuyama argumenta que en el concepto moderno de identidad confluyen tres fenómenos: primero, la necesidad que cada uno tiene de reconocimiento por parte de los demás. Luego está la distinción entre una fase pública y otra privada de la identidad, lo que lleva a una valoración de lo individual sobre lo social y sus reglas y limitaciones para el individuo en su búsqueda de felicidad. Finalmente, está una noción de dignidad que cambia, que evoluciona, una que asegurará reconocimiento no solo a un pequeño grupo de personas, una élite podemos decir, sino que se reclama como común a todos, es decir, todos somos igualmente dignos, iguales, y no hay, como escribió “unos más iguales que otros”. Agrega que el carácter universal y amplio de este último fenómeno lleva lo que otrora sería una búsqueda personal a convertirse en un proyecto político.

Estos tres fenómenos en torno a la identidad pueden ayudarnos a comprender aspectos cotidianos propios de cada uno de nosotros y de nuestro colectivo. En tal sentido, reconocemos la división entre lo individual y lo social y las limitaciones que lo segundo establecen a lo primero. Luego, podemos identificar la necesidad que cada uno tiene del reconocimiento de los demás, lo que nos lleva a establecer vínculos, planes, proyectos cotidianos a través de los cuales somos, mediante interacciones individuales con los demás, en un todo social. Una vez en ese punto, nuestra naturaleza gregaria nos lleva a fortalecer aspectos en común con otros individuos y resaltar los que no tenemos con otros grupos de manera que nos sentimos parte de un grupo y no de otro. Curiosamente, y contrario a lo que muchos podrían pensar o desear, desde una perspectiva bastante amplia, podemos decir que nuestra identidad es dinámica, lo que nos permite participar y acoplarnos a diferentes grupos (amigos, trabajo, religión, política, etc.) sin que esto implique ningún tipo de crisis de personalidad.

Sin embargo, de esa tríada de elementos que este autor configura en torno a la construcción de identidad, ha sido el tercer aspecto mencionado el que más me llamó la atención. Una noción de dignidad que evoluciona, que cambia, que se adecua y que lleva un proceso personal, vinculado con el reconocimiento de otros, a un proyecto político. Evidentemente no es se trata de lo individual sino de lo colectivo, del reconocimiento de la igual dignidad de todos los grupos en una sociedad, que es lo que da cabida en la política de este siglo a proyectos, movimientos identitarios, que reclaman ser reconocidos como iguales. Un sendero que ha abierto la puerta grande a los populismos identitarios que vemos hoy manifestándose a conveniencia en diferentes latitudes tanto de norte como de sur América y que poco tienen que ver con la identidad, con la dignidad y mucho con el desplazamiento de bloques de poder político en un pulso global por el poder que se da localmente.

Visto así, quizá podamos comprender, más allá del cliché, lo que ocurrió a finales del siglo pasado en nuestro país y que nos lleva por el sendero en el que andamos hoy. También puede ayudarnos a comprender mejor las manifestaciones en Chile de 2019 y el plebiscito que planifican tener este año. De igual forma podemos darle otro matiz a nuestra comprensión de las protestas en Colombia que iniciaron en noviembre de 2019 y que se han reactivado estas semanas, o a las protestas en los EEUU desde junio de este año. Esto solo por mencionar 3 ejemplos genéricos. Aunque estas protestas tienen en común los loables reclamos que apuntan a la dignidad mancillada de grupos que reclaman sus derechos, agregar la dinámica de desplazamiento de bloques de poder en un escenario global puede entenderse desde lo que Fukuyama llama una política del resentimiento.

Partiendo de la premisa de que mientras mejor comprendamos las circunstancias en que vivimos y a nosotros en ellas, mejor podremos lidiar con estas, y en coherencia con aquello de que como individuos en una sociedad hemos de trabajar en la constante construcción de nuestra identidad (individual y colectiva) para procurar una mejor interacción entre nosotros y con el entorno, nunca estará de más agregar diversas perspectivas para la comprensión de los fenómenos sociales que nos afectan directa e indirectamente. Esto, para procurar una mejor versión de nuestra identidad como sociedad y como individuos en el que no sea tan sencillo dejarnos guiar por una falsa lucha por dignidades a conveniencia de bloques de poder.

Prof. ASOCIADO de la Universidad de Los Andes

@medina_anderzon