Al otro lado del puente: Precariedad política

Por: Anderzon Medina Roa…

Del nutrido flujo noticioso en el país la semana pasada, hubo lo que podría decirse son
dos titulares modestos y más bien secundarios que me llamaron la atención. Se trata de
declaraciones de actores políticos de la oposición venezolana, uno respecto a los
migrantes venezolanos en la capital colombiana y el otro respecto al cobro de la gasolina
en divisas al público en general.

Respecto al segundo, ya hoy conocemos el esquema de tres vértices definidos para el
proceso de distribución de combustible: (1) subsidio directo (para vehículos particulares y
a través del sistema patria) de hasta 120 litros por mes a un costo de Bs. 5.000 por litro,
(2) subsidio total (para transporte público y de carga) durante un período de prueba y (3)
200 estaciones de servicio, de empresarios privados, que venderán combustible sin límite
de litros, a 0,50 USD el litro. De manera que, se mantiene el esquema de subsidio del
combustible a un precio módico, que implica que el llenado de un tanque de 60 litros
costará 300.000 bolívares (cerca de 1,5 USD a precio oficial del cierre de la semana
pasada), poco menos de la mitad del salario mínimo integral (una referencia poco menos
que simbólica ya). El costo del mismo tanque en estaciones con combustible no
subsidiado costará 30USD (precio oficial del cierre de la semana pasada), lo que equivale
en moneda nacional a alrededor de 5.900.000 bolívares, poco más de 7 salarios mínimos
integrales (de nuevo, una referencia poco menos que simbólica). Esto es quizá lo que
generó la indignación del político de oposición (uno entre varios) que le llevó a “rechazar”
tales intenciones y a luego recordar una vez más las bondades de mejores tiempos
pasados.

El otro titular que llamó mi atención fue el del embajador del gobierno interino en Bogotá,
recomendándole a los migrantes venezolanos a que no regresaran al país, al tiempo que
les entregaba un mercado solidario, algo así como una bolsa CLAP, pero al otro lado del
puente. Un mercado ciertamente solidario para los miles de connacionales que se
encuentran en estado de vulnerabilidad en Colombia y el resto de América, incluyendo
Venezuela. Sin embargo, al conocer de primera mano lo que implican costos de alquileres
y pagos de servicios, lo dicho por este joven político, que podemos conectar con la
entrega de una bolsa de comida, me hace dudar sobre sus declaraciones y las acciones
tangibles, públicas y notorias que pueda estar llevando a cabo más allá de una bolsa decomida; algo que me suena muy familiar, quizá usted, que lee, pueda ayudarme a
encontrar a qué es a lo que se me parece.
Estas dos declaraciones, aisladas, secundarias, que muestran reacciones más que
acciones ante una realidad compleja como la venezolana en un mundo tan complejo
como el mundo en pandemia, me hacen cuestionar una vez más lo que pueda ofrecer la
clase política venezolana frente a lo que el momento histórico demanda.

El congénito rechazo al cobro de un producto de acuerdo a su costo y la generalización
de distribución de ayudas solidarias apuntan a paternalismos y populismos que
encontraron su nicho en Latinoamérica y que han llegado a expresiones surreales en
nuestro país. Aunque no sean exclusivos de la región, populismo y paternalismo despojan
de responsabilidades a los individuos sobre su toma de decisiones respecto del bienestar
general y personal. En tal sentido, pensando en el marco de izquierdas vs derechas (muy
útil para la confrontación política que se instala en el discurso y se aleja de la acción), lo
que se ve y lee respecto a las acciones de la clase política venezolana como un todo nace
y fluye a la izquierda, en una retórica histórica ya agotada en la que, siguiendo a
Fernando Mires, se muestra una vez más que las derechas latinoamericanas son
políticamente precarias, y en el caso de nuestro país, prácticamente inexistentes.

Prof. ASOCIADO de la Universidad de Los Andes
@medina_anderzon