Al otro lado del puente: Todos, todas y ¿todes?

Por: Anderzon Medina Roa…

En tonos de tiempos en los que la inclusión se muestra como tácita regla, existe la convicción de que todos tenemos una voz que podemos levantar para decir lo que pensamos. Pareciera, no obstante, que importa más poder decir lo que se quiere que el mismo hecho de si eso que tenemos para decir merece la pena ser dicho. Vivimos en una demanda constante de inclusión de todas las voces, cuya multiplicidad deriva en un aturdimiento impulsado por una suerte de cortesía impuesta en el que debemos aceptar todo lo que el otro sienta la necesidad de expresar. Un fútil esfuerzo para lo políticamente correcto si solo nos quedamos en las formas, si solo asentimos a oír al otro sin escucharlo, si el reconocimiento que el otro busca de nuestra parte solo consigue que lo invisibilicemos, o, en la misma medida, si somos nosotros los invisibilizados, a quienes se ofrece un espacio para expresarse justo allí donde nadie prestará atención.

Desde finales del s. XX el esfuerzo para instalar el así llamado lenguaje inclusivo ha llevado movimientos sociales y culturales a buscar cambios artificiales en la lengua con ingenuos objetivos de inclusión. Un esfuerzo en el que el lenguaje es visto como un campo de batalla que no se puede menospreciar, y si bien es posible acordar la importancia que tiene el lenguaje en nuestra construcción de realidades, el cambio de decir todes en lugar de todos no marca una diferencia inclusiva si la intención de base es atacar los “muchos problemas que conlleva el masculino genérico”, como el de una cultura androcéntrica que invisibiliza o mantiene en una constante alteridad a lo femenino o a aquellos que se identifiquen como no binarios. Aplicar una justicia retributiva no deshace la organización dicotómica de lo representado (masculino-femenino, o masculino-no masculino), solo cambia el referente, replicando el sistema. Un sistema que, si genera reacción por oprimir, minimizar, invisibilizar o negar al otro, no podrá mejorar ni ser más inclusivo si busca retribuir con alteridad al que ha sido el favorecido histórico de ese sistema opresor. Sería un esfuerzo muy poco sincero.

Intentar generar un cambio en la lengua a través de la concienciación de sus usuarios sobre el uso de un género neutro que no reproduzca un sistema chauvinista que fomenta la opresión de todo aquello que no sea masculino es un esfuerzo titánico con intenciones loables, pero con desconocimiento de los cambios lingüísticos y las implicaciones culturales de estos. El sistema de género gramatical del español es binario, es decir, sólo existen dos categorías género: masculino y femenino. Estas derivaron del latín, que contaba con tres géneros: masculino, femenino y neutro. El paso del latín al español hizo que el segundo perdiera el género neutro y asimilara a los géneros masculino o femenino lo que en latín se designaría como neutro. Así, neutro no es un género en español.

Pero más importante aún, género y sexo no deben confundirse, pues la clasificación de algo como masculino o femenino puede ser engañosa. Es decir, más allá de referir a características naturales visibles (que pueda clasificar a los animales – entre ellos el animal humano – como machos y hembras), que algo sea masculino o femenino tiene que ver más con la construcción cultural y la visión de mundo, que con aspectos inherentes a lo clasificado. Tomemos dos ejemplos del francés, lengua romance que también cuenta con géneros masculino y femenino. Primero, el sustantivo que en esa lengua se utiliza para referirse a nuestro país es masculino, en francés se dice le Vénézuela, una mala traducción al español diría el Venezuela, algo que apuesto suena mal en nuestras cabezas al leerlo (mal es ya una valoración cultural); sin embargo, en esta lengua, es así, mientras que, en español, es femenino. El otro ejemplo que se me ocurre es la voiture, el carro; en francés, es femenino, mientras que, en español, es masculino. Pensemos en los anuncios publicitarios en francés y español para promocionar un vehículo. Seguramente en español se acentuarán características como fuerza, resistencia, mientras que en francés quizá se resalten características como elegancia, confort.

La configuración de lo masculino y lo femenino, así como los roles y características que se le atribuyan a uno u otro son constructos culturales que trascienden nuestro tiempo histórico. Su incorporación en la codificación de nuestra lengua va bastante más allá de las terminaciones de palabras que marcan el género gramatical. Así, el esfuerzo por reconfigurar la representación, comprensión y organización de mundo de las culturas que hablan español buscando imponer una terminación más para sustantivos, adjetivos y demás palabras que lleven esta marca estructural es ingenuo.

La intención de reconocer y objetar desigualdades y las injusticias que con estas vienen, por otro lado, no tienen nada de ingenuo y sí mucho de necesario. El respeto al otro es una actitud que trasciende terminaciones gramaticales y que debe estar impreso en nuestra representación, comprensión y organización de mundo. Sin importar sexo, identidad sexual, militancia política, clase social, tono de piel, creencias religiosas o la ausencia de estas, en general, visión de mundo y con la premisa de que el respeto ha de ser recíproco y en ningún caso nadie pueda escudarse en su identidad para justificar irrespeto o agresión a otro, todos tenemos derecho a ser como queramos y lo que queramos. Para esto habrá que, no obstante, saber cómo ser sin agredir, saber que hacer va más allá de las formas. Es así como harán falta esfuerzos conjuntos para hacer del respeto al otro marca de nuestra cultura, enfocar tales esfuerzos en la sustancia de ese ser en sociedad y no tanto en las formas. De manera que se pueda quizá deshacer ese peso de segregación que existe en las etiquetas que a diario utilizamos para comprender al mundo y los demás en él, así como esos otros las utilizan para etiquetarnos a nosotros en su comprensión de mundo.

Dr. Anderzon Medina Roa

Prof. ASOCIADO de la Universidad de Los Andes

@medina_anderzon