Al otro lado del puente: Una dificultad a la vez

Por: Anderzon Medina…

La incertidumbre se ha instalado en el imaginario colectivo del venezolano desde más tiempo del que somos capaces de reconocer. Para los más jóvenes es la normalidad, para los mayores es un giro equivocado del que aún no nos recuperamos. Para las generaciones intermedias es una tarea pendiente que no han entendido, pues saben que hay otra normalidad, una que no recuerdan, que no pueden reproducir.

La situación de pandemia (COVID-19) solo ha incrementado tal incertidumbre. Como el resto del mundo, hemos detenido nuestra cotidianidad y nos hemos aislado en nuestras casas para evitar la propagación del virus. Una medida que se ha visto debilitada a medida que avanzan las semanas, pues son millones quienes, como en cualquier rincón del planeta, viven de lo que generan a diario y necesitan producir para subsistir.

Hay, no obstante, actividades cotidianas que pueden regularse más fácilmente, la educación, por ejemplo. Hemos visto el cambio de modalidad educativa de presencial a totalmente en línea como consecuencia de la pandemia; un cambio igualmente global, pero los retos que debemos enfrentar en Venezuela son numerosos. Este ha sido un cambio para todo el sistema educativo, en cada uno de sus ciclos y que ubica en la misma situación a docentes y estudiantes de primaria, secundaria y universidad. En el caso de las universidades, las limitaciones por suministro de gasolina, fallas del servicio de transporte, fluido eléctrico, incluso seguridad y el potencial por ser un sistema andragógico ya habían adelantado en algo el camino hacia las clases de modalidades combinadas, en las que se complementan el trabajo en línea y el trabajo en clase. No obstante, aún no había sido una práctica generalizada.

En los ciclos de primaria y secundaria, además de docentes y estudiantes, están los padres y familia en general que se ven en una posición en la que es necesario tomen un rol más activo en la formación de sus hijos, nietos, sobrinos. Sin embargo, pensar cada familia como una escuela presenta una imagen bucólica, desde la que muchos hemos reconfigurado y revalorado la profesión docente. Aunque es cierto que todo hombre o mujer es un maestro en potencia, llegar a serlo demanda de vocación, formación, conocimiento, mística y capacidad.

Sobre todo en tiempos inciertos, en los que hay que afrontar una contingencia para la que no podíamos estar preparados. Aun así, hemos tenido que asumir el reto de enseñar en una modalidad que implica una formación que la gran mayoría de los docentes no tiene, la colaboración de los padres, desde su desconocimiento de la profesión docente, a través de medios tecnológicos que lamentablemente no funcionan de manera eficiente. Cortes del servicio eléctrico, intermitencia en la conectividad, el servicio de internet con la velocidad más baja del continente, fallas incluso en sistemas SMS suman bemoles a lo que ya era un reto en una situación difícil en sí misma.

Ante esta suma de elementos, que genera más incertidumbre y en un esfuerzo por reaccionar contra la impotencia aprendida, he de insistir que más que preocuparnos por lo que sabemos no está dentro de nuestras posibilidades de control y que por lo tanto no está en nuestras manos remediar inmediatamente (intermitencia en fluido eléctrico, conectividad lenta, fallas en los servicios de mensajería SMS, solo para mencionar los mayores inconvenientes que afectan este cambio en la modalidad educativa) opino será más útil ocuparnos de aquello que sí esté a nuestro alcance. Una actitud que además nos ayudará a movernos más allá de la queja respecto a la cotidianidad y así explorar formas distintas para lidiar con el día a día y generar espacios para la cordura.

Comprender que hay horas en las que no hay fluido eléctrico por incapacidad del sistema para generar suficiente para abastecernos a todos las 24 horas nos deja una nota mental para exigir un sistema eficiente, pero también nos permite comprender que habrá horas en las que sí contamos con el servicio. Una lógica sencilla que podemos aplicar a cada uno de esos servicios que falla y que nos deja (organización y disciplina de por medio) opciones (limitadas, sí, pero opciones igual) para organizarnos y poder ayudar y ayudarnos como parte del equipo que hace lo mejor posible para que la educación no se vea truncada en tiempos de pandemia. Desde cualquier rol (docente, estudiante, familia), la comprensión de la contingencia sobre la contingencia y la opción de trascender la queja cotidiana respecto a nuestra imperfecta realidad generará, sin duda, espacios para pensarla de manera diferente. De esta manera, podemos superar el hábito de sobrevivientes al que nos vemos reducidos y poder redimensionar nuestra comprensión y actitud frente a nuestra realidad, una dificultad a la vez. 

Dr. Anderzon Medina Roa

Prof. ASOCIADO de la Universidad de Los Andes

@medina_anderzon