Amor propio… Mi verdadero y propio amor

Por: Rosalba Castillo Rondón…

En los días del post San Valentín, continuamos reflexionando sobre el  amor, ya  que no  hay  un solo momento para este sentimiento. Sin embargo, cuenta la leyenda que en Roma, este santo casaba  en secreto por el ritual cristiano  a quienes estaban enamorados. Al ser descubierto por el Emperador Claudio, fue condenado a muerte. La Iglesia Católica comenzó a conmemorar este día desde de 14 de febrero del 494. Aunque Pablo VI lo eliminó, en 1969, de las celebraciones litúrgicas. Actualmente el 14 de febrero se celebra el día de San Valentín. Es el momento para que, sin importar la religión, participemos en la fiesta del amor y la amistad.

Un día más, dedicado a expresar mediante obsequios, el afecto. Un momento más comercial, donde todos estresados buscamos aquel objeto que pueda gustarle al ser amado y que, tal vez, no  podamos llegar a adquirir. Convirtiéndose así, en una representación simbólica del amor en las relaciones humanas. Muchos recibimos muestra de este amor mediante chocolates, flores, tarjetas, a pesar de las limitaciones económicas del país. La más grande prueba  de ese sentimiento, es compartir el día  con la pareja. 

La celebración  de este día no debería limitarse al 14 de febrero sino, a cada día, a todo el año y a la vida entera ya que  puede generar expectativas y desilusiones. El amor que no nos decepciona y siempre está presente es el amor propio. Ese que nos hace feliz con nosotros mismos en todos los sentidos, al conocernos y aceptarnos tal como somos. No resulta tan fácil de alcanzar, pero si nos centramos en él, podemos trabajarlo y lograrlo a plenitud. En días de redes sociales, parece que pudiera ser inalcanzable, si nos comparamos con todas esas imágenes intervenidas que magnifican la belleza física y el éxito. Amarnos a nosotros mismos, debería ser nuestro primer amor, ya que somos la persona con la que compartiremos todos nuestros días. No hay otra realidad estaremos con nosotros mismos.

Somos únicos, no hay otro que se nos asemeje. El amor propio es vital a la hora de transitar por la vida. Es la relación que tenemos con nosotros  y con los demás. Define nuestra personalidad. Nos produce, sin lugar a dudas,  sentirnos seguros y confiados. No significa vernos bien solo en el aspecto físico, necesitamos cultivarnos para lograr un estado de bienestar. Atendernos, conocer lo que sentimos y queremos. Saber de nuestras capacidades y nuestros límites. Perdonarnos y no sobre exigirnos. Validarnos. Alimentar nuestros sueños y propósitos. Motivarnos. Liberarnos de las expectativas de los demás. El amor propio debe trabajarse desde la niñez, mucho en la adolescencia y  consolidarlo en la edad adulta.

El amor propio es una fuente de energía incalculable que mueve a las personas. Nos ayuda a ser nuestra mejor versión. Nos hace más afectuosos, enriquece nuestros pensamientos y nos hace trascender en la vida. Nos ayuda a vivir en paz, enriqueciendo el mundo en el que vivimos. Ese amor es un estado de aprecio que va surgiendo a medida que hacemos cosas por nosotros mismos, cuando invertimos en el desarrollo sicológico, físico, emocional y espiritual. Es una dimensión dinámica de nuestra personalidad que nos permite madurar en fortalezas, en nuestra calidad de vida. Se centra en la capacidad de apreciar lo que hacemos y somos.

Para aumentar nuestro amor propio, se hace imprescindible adentrarnos en aquello que pensamos, sentimos y deseamos. Actuar en función de lo que somos y no de lo que los demás quieren de nosotros. Muchas veces nos descuidamos y nos dejamos absorber por otros. Dejamos pasar aquello que nos incomoda. Le damos prioridad a los demás, para ser  aceptados, creyendo así que somos más valorados. Alejarnos de las situaciones que nos crean conflictos. Pero también, acercarnos a cubrir nuestras necesidades básicas, buena alimentación, ejercicio, intimidad, descanso y relaciones saludables.

Si nos amamos, nos priorizamos. Establecemos límites y decimos no, a todo aquello que nos afecta negativamente. Perdonarnos es uno de los caminos más complejos de nuestro amar. Somos nuestros peores jueces. Ser capaces de perdonar nuestros errores y aprender de ellos. Permitirnos no estar bien, darnos la posibilidad de estar solos, tristes, ansiosos, llorar a pesar de  no ser débiles. Se hace necesario vivir bien, esas emociones. Desgastarnos fingiendo que siempre estamos perfectamente, es un deterioro silencioso que, nos desgasta emocionalmente por no tener la capacidad de darle libertad a nuestras emociones y vivirlas como es necesario.

El gran aprendizaje de nuestras vidas, lo alcanzamos cuando nos esforzamos por conocernos, aceptarnos y amarnos. No podemos amarnos sin antes conocernos y aceptarnos y, menos aún, amar a otros. Se hace necesario estar a solas con nosotros mismos. En silencio. Hasta hallarnos. Validarnos. Respetarnos  haciendo que los demás lo hagan también. Al aceptarnos y amarnos, necesitamos establecer al menos un propósito de vida. Esto permite estar bien con nosotros mismos y el mundo. Tener logros que nos beneficien tanto a nosotros como a los que están cerca y…  no tan cerca.

Así que, antes de celebrar el día del Amor con otros… tengamos una sobredosis de Amor Propio.

20-02-2021

rosaltillo@yahoo.com