“Año nuevo vida nueva, más alegres los días serán, año nuevo vida nueva, con salud y con  prosperidad”, así comienza, en la voz de Cheo García, una de las canciones más emblemáticas con la que los venezolanos celebramos, desde hace ya unas cuantas décadas, en la noche vieja  del 31 de diciembre, la llegada de un nuevo año.

Sin embargo, esta noche vieja de 2020 para muchos venezolanos, en medio de las más pavorosa crisis que hemos atravesado como sociedad, esa letra de la canción de la Billos, lejos de ser como siempre, un himno de esperanza y alegría, ha sido un amargo recordatorio de tiempos mejores ya pasados, pues difícilmente exista algún venezolano que, con todo y sus deseos de cambio, pueda creer que este 2021 nos traerá una “vida nueva”.

Y es que, más allá de nuestros ilusiones y deseos, que son por demás humanos, este 2021 ha iniciado para los venezolanos , tal y como transcurrió el año anterior, viviendo en dictadura, en medio de una absurda crisis política que no parece tener solución en el horizonte cercano, golpeados por una crisis económica de las peores que haya sufrido país alguno en la historia contemporánea mundial y, por si fuera poco, sacudidos por una pandemia que, en nuestro caso y pese a lo que dicen los voceros oficiales, solo parece agravarse con cada día que pasa.

En este contexto, son muchas las postales, por demás terribles, que nos ha dejado este final del 2020 e inicio de 2021 a quienes habitamos en Mérida, una ciudad que otrora destacaba por su belleza y pulcritud y que hoy, como el resto del país, se ha tornado en un vertedero de basura a cielo abierto: Hemos visto gente llorando a sus muertos sin poder siquiera despedirlos; hemos visto en plena noche vieja a hombres y mujeres rebuscando su última cena del año en los pipotes de basura; nos ha sorprendido ver carpas en las afueras del HULA en las que familiares de enfermos de COVID tienen que pernoctar para poder estar cerca de los suyos; hemos visto largas e inútiles colas de vehículos en las estaciones de servicio esperando para poder comprar, en dólares, unos pocos litros de combustible.

En fin, tanto hemos visto, tanta hambre y dolor como pudimos ver el año pasado; tanta tragedia colectiva que cuesta creer, insistimos, que este 2021 pueda cumplir la promesa de Billos de esa vida nueva que todos añoramos. Al contrario y más allá del cambio de calendario, el año que recién comienza parece más bien la continuación del anterior, toda vez que la crisis que atravesamos durante los últimos tiempos, lejos de llegar a su fin, solo pareciera agravarse: por eso hemos hablado en nuestro título de “Año nuevo, crisis vieja.”

¿Y qué hacer ante este dantesco panorama? ¿Son estas líneas una invitación al pesimismo?

Pues no. Hace ya varias décadas el escritor argentino Julio Cortázar puso en boca de uno de los personajes más emblemáticos de su novela Rayuela, una frase que para nosotros, además de un acto de contrición, pudiera marcar una hoja de ruta, en el sentido de indicarnos una actitud desde donde enfrentar este presente: “Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo.”

Por ello, nuestra invitación en este nuevo año es a realizar un necesario mea culpa colectivo, a través del que podamos reconocer que no vamos bien, que hemos fracasado en nuestra lucha por devolver la libertad a nuestras vidas y el pan a nuestras mesas. Debemos tener la humildad para reconocer que hemos fallado en esta lucha, que nuestro adversario, cruel y calculador, nos ha ganado la mano hasta acá, que divididos y sin un rumbo claro, hemos errado el camino hacia esa vida nueva y que, pese al cansancio, se hacen necesarias nuevas estrategias, incluso nuevos liderazgos, si es que queremos que alguna vez aquella salud y prosperidad de la que hablan la popular canción, deje de ser un deseo y se torne en realidad

Esa es la invitación: a reconocer nuestras fallas y, también, a ser más solidarios con el que sufre, aún sabiendo que nosotros también lo hacemos. Dar un poco de lo que poseemos al que menos tiene también es una manera de multiplicar los panes, como hace ya dos mil anos hizo un gran maestro llamado Jesús.

¡Arriba corazones!

08-01-2021