“Año nuevo, vida nueva”

Cada vez que termina un año y comienza el otro, en medio de tradición popular, parece que se inicia una nueva vida para cada uno de nosotros. “Año nuevo, vida nueva”, toma cuerpo en acciones individuales llenas de fe para el futuro, esperanzas por un destino mejor, de certezas y mejoramiento personal familiar, bienestar, vida, salud, prosperidad, felicidad y en medio de todo ello, con la quema de los muñecos que emulan al año viejo, en el devenir de la noche vieja hacia el amanecer del año nuevo, afloran deseos y se cuelan, una que otras supersticiones del momento.

¿Cómo será el nuevo año?, pregunta generalizada y en estos tiempos que vivimos hoy día, mucho más. El año nuevo, no se da todos los días, por eso le damos a la noche vieja del 31, especial atención, trascendencia y la celebramos, como se pueda, en esta época de crisis y pandemia, esperando un mañana mucho mejor, la idiosincrasia juega su papel, con aquello de las supersticiones y deseos, para evitar la mala suerte en el advenimiento del nuevo año.

Es así, que en la noche vieja, los deseos de amor, paz, armonía, prosperidad, vida, salud, bienestar, prosperidad, éxitos, se conjugan con las supersticiones, por lo que, la noche del 31, aparte de comerse las doce uvas, algunos toman un copa llena de licor y la tiran hacia atrás con la mano derecha sobre su hombro derecho ligando se rompa pues significa que la fortuna le acompañará siempre; otros se llenan los bolsillos y la mano de dinero para que nunca les falte, usan ropa interior de color amarillo para que les traiga suerte y sus deseos se cumplan; algunos maleta en mano salen a la calle y corren por ella, para atraer viajes a lo largo del año nuevo o correr alrededor de una silla para evitar los problemas de circulación sanguínea durante el año; bañarse la tarde del 31 para librarse de las malas energías; rociar la casa con agua bendita para llenarla de fe, el bien, de prosperidad y , cerrar su casa a las malas influencias, etc., etc., etc.

Esta noche, noche vieja, a las doce en punto, cuando retumben en los hogares las doce campanadas, anunciando el nuevo, tras el tradicional abrazo, daremos gracias a Dios, por la vida, por la salud, por el pan, por el aire, por la madre tierra, pero por encima de todo, por habernos permitido vivir un año más. Feliz Año 2022 para todo (Giovanni Cegarra, GC CNP. 2229).  

31-12-2021