Balance Olímpico

Por: Ramsés Uribe…

El balance olímpico nipón es extraordinario. 60 mil voluntarios colaboraron en toda la gesta competitiva internacional. Seriedad y efectividad en la acción organizacional deportiva llevaron al éxito total.  En contraste, de vuelta al nuevo mundo, todavía a estas alturas del campeonato de la existencia precaria criolla reina el caos, la incertidumbre y la anomia. Si bien hay un voluntariado robusto, hay quienes todavía siguen diciendo: ¿cuánto hay pa eso?. Son cascarones vacíos de axiología (valores).  No saben lo que es luchar por un ideal de un mejor país, de quedar bien parado ante el mundo como los japoneses, entre otros.

De los juegos deportivos en Tokio pueden decirse tantas cosas favorables y pocas en contra. Uno de los aspectos más destacados de la justa épica deportiva del siglo XXI pandémico, es el tema de las medallas. ¿Qué pasó con las medallas?. Los premios son símbolos que representan el máximo triunfo en determinada disciplina deportiva de alto nivel. El que la porta es un campeón. Algunos dirán que es vanidad. Vanidad de vanidades. En todo caso es una bonita vanidad, con un significado superior. De algo hay que sentirse orgulloso. ¿Si se muestran descaradamente las cosas más perversas, pérfidas  e infames, por qué no exhibir los triunfos del bien? Si únicamente valen los malos, para qué hacer el bien. ¿Qué es un campeón?. Es un líder de la competitividad en los juegos de élite. Lo decimos en el buen sentido, los mejores; como los veraces en Nietzsche son gente tremenda, luchadora, echada palante. No son cualquier personaje novelesco. Se trata de un selecto grupo de avanzada en sentido social e intelectual. Ortega y Gasset, también habla sobre la falta que hacen los mejores en el mundo y su ausencia en el gobierno de los pueblos. En el desempeño laboral. Ser el mejor en el deporte no basta. ¿Puede serlo también en otras esferas de la vida social, cultural?.

¿Estamos ante la presencia descarada de un embuste deportivo?. Esta pregunta no es lanzada a la torera.  Tiene un fundamento racional y documental; en las redes se denuncia esa irregularidad. Es sabido que varios de los atletas viven y entrenan en otros países fuera de Venezuela para poder destacarse y estar tranquilos sin padecer las penurias nacionales ya conocidas. El polémico periodista peruano, Jaime Bayly, expresó que la medallista ganadora Yulimar Rojas, ganó la competencia por sí misma, con su propio esfuerzo. No gracias al gobierno, sino a pesar de él; que actuó de manera rapaz, con oportunismo y afán propagandístico.

Inteligencia japonesa. En el artículo anterior fue reseñada con una pincelada de un poco de color azul, la filosofía del Japón con sus bondades a imitar. En este momento corresponde mostrar otro color agregado a la mezcla de la obra magna. Es el reciclaje de las medallas y otros materiales y equipos deportivos. La cama hecha de cartón extrafuerte, puro metal suavizado, que aguanta más de lo diseñado. Falta que los nobles orientales nos exporten sus camas acartonadas solidarias para dormir bien chévere, a pierna suelta sin estrés. El reciclaje de medallas, que fueron transmutadas de cachibaches electrónicos ya tirados al pipote, ahora están convertidos en relucientes trofeos dorados. El mensaje es contundente: el reciclaje llegó para quedarse, no únicamente para los olímpicos sino para toda la sociedad occidental y oriental.

No es una simple moda de fin de semana, es un estilo de vida social que reporta enormes beneficios como ya todos saben, o deberían conocer. Es un poco extraño que muchos gobernantes se hagan de oídos sordos ante la necesidad urgente de rescatar al medio ambiente y de las calles  encochinadas. Europa, Estados Unidos y algunos países latinoamericanos ya vienen reciclando desde hace años. En Bogotá trabaja afanosamente un ejército de recicladores apoyados por la Alcaldía bogotana. De eso menos o nada en Venezuela, país del atraso. Aunque debo corregir. Si, se hace la transmutación de residuos sólidos gracias a algunas empresas privadas que ven el oro, la plata y el diamante olímpico oculto en la basura. Un grupo de afanados recicladores apuestan por ganar algo en su diario trajinar. Nuestra apaleada aunque muy ilustre Universidad de los Andes tiene un maravilloso programa de reciclaje en manos de la facultad de ciencias. Se educa al pueblo en estos vitales menesteres ambientales. Si la universidad le cobrara a la sociedad venezolana, ¿cuánto costaría realmente ese servicio? Sería impagable graduar tantos profesionales y expertos, sembrar la conciencia crítica, entre muchos otros temas favorables para la nación del poeta Andrés Eloy Blanco.

Tema financiero: Para nadie es secreto las fabulosas ganancias económicas de algunos deportistas famosos. A algunos atletas les han otorgado regalos de toda corte. Casas, vehículos, y otros obsequios prácticos. También hay premios en metálico: algunos gobiernos han otorgado recompensas de miles de dólares a sus atletas olímpicos.  Curiosamente, a los deportistas norteamericanos no les dieron ni un peso en su país, premio moral sí. Parece que pisar suelo olímpico abre las puertas de la prosperidad económica y prestigio social que se pueda soñar. Sin embargo, las grandes empresas deportivas sí les ofrecen contratos millonarios a los felices ganadores estadounidenses. Tal vez en nuestro parque criollo, a los deportistas que participaron en Tokio, les darán un combo clap contentivo de: comida, coco, papel higiénico, un paquete de metras (canicas) con una bolondrona (canica grande), una perinola y un lindo pito para entrenar frenéticamente al son de la marcha marcial.  En Cuba no se quedan atrás en este bochornoso asunto. Infobae informa que a un pugilista cubano, Ronnis Álvarez, tras ganar un torneo en México, el gobierno castrista le dio un humillante premio: alimentos y productos de higiene. Todo parecido con la realidad venezolana es mera coincidencia. El periódico El Nacional, reseñó que les dieron carros a los atletas criollos olímpicos. Un gobierno serio y responsable con sus deportistas y ciudadanos en general debe ofrecerles todo el apoyo necesario para vivir decorosamente siempre, antes y después de las competencias.

profesor ULA

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17-08-2021