Biblioteca Febres Cordero: 44 años y una larga, larga historia

Cuenta el escritor merideño Tulio Febres Cordero en una hoja publicada el 12 de junio de 1894, las vicisitudes sufridas por la oficina de redacción de su periódico El Lápiz, como resultado del terremoto ocurrido en Mérida en la noche del 28 de abril de ese año.
 
Refiere el mencionado escritor que en la mañana del día 29 salieron de la ciudad a resguardarse en el campo, sin siquiera “los objetos más indispensables” y con “el alma desgarrada por el infortunio”. Cuenta además, el estado en que quedó parte de la casa y “cuán graves son las impresiones que produce el aspecto de una casa en ruinas” y esto vale no solo a causa de un terremoto, también por un incendio, un ataque bélico durante una guerra, por los destrozos de un saqueo. 
 
Afirma el autor que pasados tres días se atreve a regresar para tratar de hacer algunos arreglos al techo, de manera que le permita “preservar los libros y archivos de las enormes goteras abiertas por el terremoto, que ya había causado mucho daño”. Narra la titánica tarea de trasladar “aquel depósito de libros, folletos, impresos sueltos y una cantidad respetable de publicaciones y manuscritos antiguos, amén de todos los canjes de dicha hojita, esto es, las colecciones de casi todos los periódicos que han visto la luz en Venezuela (…) sin hacer cuenta de las publicaciones recibidas del exterior. 
 
Continúa el relato tratando de plasmar en palabras la escena dantesca que nuestra imaginación no logra reconstruir del todo, a menos que se viva. Dice que “por cestos, como si se tratase de basura, fue necesario sacar de allí todo eso y arrojarlo en los corredores del patio, donde el peligro era menor. Manos caritativas y bondadosas nos ayudaron en esta obra de salvamento”, y agrega “pondérese qué desorden, qué desbarajuste de papeles sería aquel. Lo que al propio tiempo era archivo, biblioteca y museo de curiosidades históricas, quedó convertido en un montón informe de muchos quintales de papel. Los libros se ordenan fácilmente, pero los documentos sueltos, tanta colecciones organizadas, ora de impresos, ora de manuscritos, eso quedará allí confundido, disperso por algún tiempo”.
 
Febres Cordero comenta “desde hacía años, trabajábamos en coleccionar objetos pertenecientes a los aborígenes de la cordillera de Los Andes venezolanos” y durante el cataclismo, varios de ellos sufrieron fracturas. “Esto era lo que más nos partía el alma, contemplar allí volcados en el suelo, en medio de aquel torbellino, nuestros papeles queridos, muchas joyas históricas de difícil si no imposible adquisición”.
 
De este suceso narrado por el mayor coleccionista y organizador de la colección de documentos, libros, prensa, hojas volantes, publicaciones oficiales, piezas indígenas y de imprenta de la ciudad de Mérida y una de las más importantes del occidente de Venezuela, han pasado 128 años. 
 
En esos más de cien años y casi tres décadas, el archivo-biblioteca-museo acrecentó su cantidad y el valioso patrimonio de su información, que no solo se refiere a la historia de una familia, quien lo piense así, tiene muy poco conocimiento o casi nulo conocimiento de lo que  abarca la historia de gran parte de Venezuela, desde el siglo XVI al XX, que se encuentra en esta institución.
 
Es muy triste y desconcertante saber que luego de 128 años, este patrimonio documental legado a la nación venezolana, esté viviendo una situación similar a la que vivió en aquella época, y que esté a punto de sucumbir bajo “las enormes goteras abiertas” por la ignorancia y la ineficiencia. Causa estupor saber que así como en aquella ocasión, los muebles, colecciones, piezas, libros y documentos ya organizados en un espacio, están viviendo la misma suerte que aquellos tenebrosos días después del fatídico terremoto.
 
Si no solo un terremoto, un incendio, saqueo o conflicto bélico puede ocasionar tamaña tragedia a la historia de un país, los manuales de preservación y conservación de colecciones, deben agregar en los elementos que causan daño a una colección documental o de otra índole, la desidia en el mantenimiento de las instituciones que resguardan su memoria histórica. Y quienes tienen el poder de decisión en su mantenimiento y resguardo, así como cada uno de los que se benefician de su valiosa información y las comunidades que deben su historia a estas instituciones, son corresponsables de su cuidado.
 
En este sentido asombra saber que una buena cantidad de investigadores, profesores universitarios, instituciones académicas y culturales, que por décadas se han beneficiado de la información que yace en la Biblioteca Febres, callen, silencien su voz y volteen a mirar a otro lado, cuando buena parte de su producción intelectual ha bebido en los “queridos papeles” de Tulio Febres Cordero.
 
Parafraseando lo dicho por un famoso líder a quien se adora emular, pero cambiando algo el sentido de sus palabras, se podría decir a todos los involucrados en tamaña desidia “la historia NUNCA los absolverá”.
 
Amaury Siso
1-11-2022