Con fundamento: Cambios de línea

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

El 28 de enero de 1985, el hoy Santo Papa Juan Pablo II, peregrino de esperanza, visitó Mérida. De recordar fue la multitudinaria Eucaristía celebrada en La Hechicera, lo que hoy es el campus universitario Pedro Rincón Gutiérrez, específicamente su homilía, reconociendo que «los Andes constituyen la reserva espiritual de la Nación

Cuatro semanas antes del inolvidable encuentro, había inaugurado Juan Pablo la XVIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ, lanzando el Año de la Juventud. El primero de enero, publicó su Mensaje Inaugural para dicha jornada, ante más de 300.000 jóvenes de setenta países.

Hoy, en año electoral, preparándonos al mismo tiempo para conmemorar el cuadragésimo aniversario de su visita a los merideños, vienen a la memoria fragmentos de aquel mensaje inaugural, para apoyar e iluminar consideraciones oportunas, a propósito del evento político que destaca en el pensar de muchos compatriotas.

El Santo Padre advertía en su mensaje: «la violencia y la injusticia tienen raíces profundas en el corazón de cada individuo, de cada uno de nosotros, en la manera diaria de pensar y de obrar de la gente. Fijémonos sólo en los conflictos y divisiones en la familia, en los matrimonios, entre padres e hijos, en las escuelas, en la vida profesional, en las relaciones entre grupos sociales y entre generaciones.» Hacía ver que violencia e injusticia no son, por desgracia, lacras exclusivas de determinados entes sociales.

Luego, proclamaba el contrapeso que este tiempo de crisis alberga; «¡grandes son las energías que brotan del corazón de la gente que cree en la justicia y la paz! La crisis presente puede y debe convertirse en ocasión de conversión y cambio de mentalidades. El tiempo que vivimos no es tiempo de peligro e inquietud. Es una hora de esperanza.»

Si mirásemos atentamente las particularidades del momento político que vivimos, cerca ya del proceso electoral, advertiríamos la transformación de la dinámica que caracterizaba la confrontación polarizada que se presentaba a la elección de los venezolanos.

Aunque aún estemos lejos de una situación ideal, superados parecen los modos de contender. Si bien sobreviven en algunos lugares, ya no predominan los llamados colectivos armados, el ambiente es menos hostil, la mentalidad ciudadana va superando la animadversión irreparable, rencorosa, que nos separaba radicalmente.

Si cesaran los abusos (que parecen más bien provocaciones para turbar la convivencia), pudiéramos decir que veinticinco años han servido para optar por un cambio de línea gubernamental, evidente, por contrapartida, en la dirigencia opositora.

Subrayaba el Papa: «Las dificultades presentes son realmente un test para nuestra humanidad. Pueden ser hitos decisivos en el camino hacia una paz duradera, porque suscitan los más audaces sueños y desencadenan las mejores energías de la mente y del corazón.» Y, proféticamente, señalaba a la juventud que «en el umbral de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, debemos ser conscientes de que el futuro de la paz y, por consiguiente, el futuro de la humanidad, depende, sobre todo, de las opciones morales fundamentales que la nueva generación de hombres y mujeres está llamada a tomar

La actitud de extrema intransigencia que calcó, en boca de líderes antagonistas, la pugnacidad de algunos líderes oficialistas, exacerbando la violencia y el rencor, ha cedido el paso a un proceder más sereno, expresando la disposición a dialogar y sumar en paz, antes que dividir.

Así, la contienda ideológica venezolana está cambiando de línea, adoptando la política como instrumento, y desoyendo los alaridos de quienes se han beneficiado con la antipolítica de este cuarto de siglo. Se habla de inclusión y de apertura. Y el poder, aunque no lo manifieste tan claramente, da algunas muestras de aceptar competir en esos términos.

«Un mundo de justicia y de paz no puede ser creado sólo con palabras y no puede ser impuesto por fuerzas externas. Debe ser deseado y debe llegar como fruto de la participación de todos. Es esencial que todo hombre tenga un sentido de participación, de tomar parte en las decisiones y en los esfuerzos que forjan el destino.» Calen las sabias palabras de aquel mensaje de 1985 en el proceder de quienes realmente queremos un mundo de justicia y de paz, y ábranse las puertas institucionales para que el venezolano, sin distinciones, protagonice y decida tomar parte en las decisiones y en los esfuerzos que forjan el destino.

22-05-2024

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