Con fundamento: El más bello riesgo

Por Bernardo Moncada Cárdenas…

«La tarea del educador moderno no es cortar selvas, sino regar desiertos» (C.S. Lewis)

«La relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad. A medida que el joven crece, debemos aceptar el riesgo de la libertad.» Benedicto XVI

«Sólo una esperanza fiable puede ser el alma de la educación, como de toda la vida.» Benedicto XVI

«No pude volver a entrar en clase o mirar a un alumno sin sentir que me dirigían una pregunta: “¿cuál es la esperanza que te sostiene? Porque necesito saberlo para creerte” …» Franco Nembrini

Jubilado hace veinte años, la idea de quien escribe nunca fue clausurar su carrera docente e investigativa, fuente de permanentes satisfacciones y logros. El retiro solamente permitiría continuar con mayor libertad, orientándose hacia el posgrado y la investigación. El destino, sin embargo, vino como una bienhechora tentación cuando, fruto de las jubilaciones y renuncias en masa ocasionadas por el implacable cerco financiero a las universidades, él fue abordado inquiriendo si podría volver a la docencia de posgrado.

Una serie de difíciles novedades que enfrentar, aunadas al grato recuerdo de treinta años de “profe”, facilitaron la pronta respuesta afirmativa, y se encontró de nuevo en un salón de su facultad, rodeado de jovencísimos rostros.

“¿Estás loco?, ¿Cómo volviste a caer en eso?” exclamaron algunos colegas: “¡Los muchachos ya no son como antes, son apáticos y flojos, no les interesa aprender, te vas a frustrar!”

Ninguna advertencia torció la decisión tomada, de modo que asumió la única asignatura de su departamento que nunca había dictado y se lanzó a la flamante sección con el ánimo de décadas atrás.

Y en verdad los muchachos habían cambiado, pero mucho había cambiado también él en su visión de la realidad y con las experiencias vividas, de manera que sintió desde el primer día una conexión diferente, alegre, vital y fructuosa, conmovido ante alumnos a quienes llevaba ¡por lo menos cuarenta años de edad!

Además de investigar y preparar material totalmente original para provocar e interesar a sus nuevos estudiantes, quiso dar ejemplo de esperanza en medio de lo imposible, ayudándoles a ubicarse, uno a uno, personalmente, en un entorno y una situación histórica que les están reclamando como protagonistas.

Poco después, ¡sobrevino la pandemia! Fue el primero en advertirles que no se trataba de cualquier epidemia, y que volvieran a sus hogares antes de que resultase imposible. Mientras, aplicó las herramientas para comunicación On-Line desarrolladas en el proyecto turístico previamente emprendido. Así, poco tiempo se perdió para reanudar docencia, logrando personalizar al máximo el contacto virtual, y salvando los estudios de decenas de jóvenes.

Empero, esta narración de optimista resonancia tiene sus bajones. Cada nuevo periodo lectivo hoy significa el encuentro con muchachos cada vez menos preparados quienes, si bien están “pilas” en una serie de avances tecnológicos, llegan sin memoria y poco informados, atrapados por la magia del teléfono inteligente y propensos a la huida, escépticos acerca del futuro, tanto del país como el propio.

En tal situación, la apuesta por la verdad, el ejemplo, el testimonio personal, la estimulación al juicio crítico y la fascinación de lo real, visto como acontecimiento asombroso, paradójico y positivo, fue un riesgo audaz. Un riesgo de excelentes resultados. Impacto y provocación, en una relación docente uno-a-uno, donde el estudiante no se siente un número más en un grupo anónimo, dieron lugar a encuentros siempre significativos con satisfactorios frutos. Aún hay mucho que salvar.

Padres y maestros se han acostumbrado a denigrar de los jóvenes, como si éstos fuesen los únicos responsables de la decadencia de la educación. La verdad es que los adultos, cuando izan las banderas del desánimo, el pesimismo cínico y el escepticismo militante, se convierten en el peor ejemplo y mayor factor de desmoralización de sus hijos y alumnos.

Así pues, recuperar el papel transcendental de la educación en el rescate no solamente del país, sino del mundo entero, y el protagonismo adulto en esta tarea, no pide «cortar selvas, sino regar desiertos», empezando por los desiertos dentro de nuestros propios corazones.

Quizá no se hagan millonarios, pero quien escribe garantiza un grado de satisfacción más allá de toda medida.

06-09-2023