Con fundamento El médico de los pobres: “Un hombre de dos reinos”

Por Bernardo Moncada Cárdenas…

«El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral.» Tomás Moro

«Yo no pude nunca penetrar en aquella psicología, ni alcancé jamás a descubrir los secretos de aquella ecuanimidad imperturbable. Yo le veía recorrer, con incansable actividad, el intrincado laberinto del mundo, sin comprender qué fuerza le guiaba o sostenía;… sus caminos eran los de la virtud y su norte la Eterna Bienaventuranza.» Doctor Francisco Antonio Rísquez

En 1966, se estrenó “A Man For All Seasons”, filme británico que recoge la caída en desgracia y posterior ejecución de Santo Tomás Moro, patrono ejemplar de los políticos. La obra, ganadora de gran número de reconocimientos ese año, relata el drama de un hombre encumbrado en la corte de Enrique VIII, con el privilegio de que el rey le respete como autoridad. Moro es miembro del Consejo Privado del mismo, y luego es elevado al cargo de Lord Canciller, sin incurrir en las intrigas y traiciones generalmente manipuladas para escalar en el resbaladizo ambiente de la Corte inglesa del siglo XVII. La cinta muestra cómo se puede vivir el desprestigiado y cínico ambiente de la política al mismo tiempo que una fe inquebrantable y sincera, sin sufrir de personalidad dividida; por lo contrario, gozando de una una envidiable unidad de la persona, donde la fe guio una exitosa carrera política y la política, entendida como ejercicio de moral ciudadana y servicio a rey y pueblo, reforzó la fe. De ahí el título de la película y de la novela homónima.

Viene al caso esta evocación por la oportunidad que se nos ha presentado, en ocasión del centenario del fallecimiento trágico de José Gregorio Hernández, para descubrir la multiplicidad de mundos que, en este personaje reducido a la rígida figurilla de negro, impasible, supo unir en la verdadera historia, en un cosmos regido por la fe. La oportunidad ha sido el coloquio realizado en la Academia de Mérida, el miércoles 26, cuando los ponentes Ricardo Contreras, Pbro. Cándido Contreras, y Fortunato González Cruz, disertaron con soltura y elocuencia sobre las facetas de ese diamante de venezolanidad que fue el llamado “médico de los pobres”.

En el recorrido por la significación histórica del doctor Hernández en los albores de la ciencia venezolana, el sentido de la santidad tal como la describe el Papa Francisco en “Gaudete et Exultate”, y la desbordante humanidad del facultativo, investigador, músico, danzarín, y profundo hombre de Iglesia, el conversatorio rompió afectuosamente la estampita milagrera para que asomara el varón, y la estatuilla tocada con sombrero negro se abrió como una crisálida para dejar salir la envidiable personalidad de este venezolano ejemplar.

José Gregorio Hernández protagonizó la confrontación de evolucionismo y creacionismo que la filosofía positivista enarbolaba provocadoramente, para resaltar que ambas tesis no son excluyentes. Fue una presencia de encuentro y unificación, más que el abanderado de una posición de tono más ideológico que científico o religioso. El venerable unía ciencia clásica – la de Copérnico, Galileo, y Newton- con ciencia moderna, en el estudio y el ejercicio de la medicina. De la ciencia clásica mantenía la certeza de que existe la verdad, que el cosmos tiene un significado y un sentido, tal como el cuerpo humano los tiene, y la investigación se dirige en primer término en acercamiento a tal verdad. De la ciencia moderna, la aplicación audaz del conocimiento en técnicas y procedimientos para el bien del ser humano, sobre todo de los más necesitados. Es pragmático, como Jesús en su tarea de salvarnos; un hombre para todos los tiempos, “A Man For All Seasons”, como Tomás Moro fue.

Los venezolanos de hoy, a veces más aún que todo este mundo de confusión y discrepancia, necesitamos la capacidad de ser líneas de unión más de que separación, más umbrales que líneas divisorias, para lograr la síntesis humana capaz de superar la actual maquinaria de odio, en camino al país que necesitamos.

Cita el doctor Fortunato González, en su ponencia, el libro ‘Elementos de filosofía’, donde José Gregorio Hernández expresa: «Esta filosofía me ha hecho posible la vida… Confortado por ella he vivido y seguiré viviendo apaciblemente. Si alguno opina que esta serenidad, que esta paz interior  de que disfruto a pesar de todo, antes que a la filosofía, la debo a la religión  santa que recibí de mis padres, en la cual he vivido y en la que tengo la dulce y firme esperanza de morir: Le responderé que todo es uno.»

Entendamos el ejemplo de santidad del Médico de Los Pobres, en el sentido de apertura y unificación confluyentes en una humanidad total, en lugar del aislamiento con moralinas, rechazando a los demás, para que el centenario de nuestro venerable aporte mucho más de lo esperado.